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Si miráis el calendario veréis que hoy es 9 de mayo. Eso significa que estamos ante el Día de Europa, una fecha que probablemente pasará desapercibida para la inmensa mayoría de ciudadanos que poblamos el Viejo Continente, pero que las autoridades de Bruselas intentan acercarnos año tras año a través, sobre todo, de los medios de comunicación. Con poco éxito, ciertamente.

A pesar del euroescepticismo que barre en los últimos años la Vieja Europa, hay una ciudad que simboliza como pocas ese espíritu de unión y colaboración que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, trató de impulsar allá por el año 1951 cuando se firmó el Tratado de París, precuela de los Tratados de Roma de 1957, que son el origen de lo que hoy conocemos como Unión Europea. Esa ciudad es Estrasburgo.

IMG_015Estrasburgo, Francia

Estrasburgo se ubica en el nordeste de Francia, en la región francesa de Alsacia, justo en la frontera con Alemania. De hecho el río Rhin actúa de barrera natural para la separación política y geográfica entre ambos estados. Sin embargo la ciudad representa el mejor ejemplo de la cultura y colaboración francoalemana y germen de ese proyecto europeo que con altibajos trata de imponerse desde la década de los años 50 del siglo pasado.

Siempre he considerado que Estrasburgo tiene corazón francés y alma germana; no en vano la ciudad cambió de manos varias veces en los tres últimos siglos y hoy es el símbolo de la reconciliación entre ambos países tras la Segunda Guerra Mundial.

Estrasburgo es una elegante y apacible ciudad que alberga un interesantísimo catálogo de bellos ejemplos de arquitectura civil y religiosa en mitad de grandes zonas verdes y peatonales. Sin duda su espléndida catedral gótica del siglo XII -de una única torre- captará rápido la atención del viajero por su llamativa piedra rosada y el reloj astronómico. Es la joya del centro histórico de la urbe conocido como “Grande Île”, o Isla Magnífica, Patrimonio de la Unesco desde 1988.

La catedral comparte espacio urbano con numerosas iglesias, palacios y museos que hacen sentir al visitante un auténtico placer visual en medio de un entramado de calles medievales. No hay que dejar de recorrer  plazas como la Grande-Boucherie, calles como la Douane o Grand Rue para desembocar en la Petite France, un distrito con ese aire romántico y maravilloso que provocan sus canales navegables y sus casas con fachadas renanas adornadas con listones de madera, sobre todo en color negro.

IMG_007Petite France

Al ser una urbe eminentemente fluvial, los puentes constituyen un elemento natural en Estrasburgo, algunos medievales y de gran belleza como los llamados Ponts Couverts, con sus torres vigía. Pero esta ciudad también se distingue por ser un importantísimo centro político dentro de la compleja estructura de la Unión Europea. Su protagonismo lo comparte con otras dos sedes, una sita en Bruselas -de facto las capital de Europa- y la otra en Luxemburgo.

En lo que se refiere a la urbe francesa, Estrasburgo es la sede de numerosas instituciones europeas, como el Consejo de Europa. Pero el más conocido y visible –para bien o para mal- es el Parlamento Europeo. Si bien la Eurocámara tiene dos lugares de reunión, uno en Bruselas y otro en Estrasburgo, es este último el que mayor interés concita y por ello de obligada visita cuando se pasa por esta ciudad.

El Parlamento Europeo se sitúa en el Edificio Louise Weiss, donde se celebran un total de doce sesiones plenarias anuales, de cuatro días de duración cada una. Y es en esas fechas cuando Estrasburgo se llena con más de setecientos cincuenta parlamentarios de veintiocho países miembros, que vienen acompañados de decenas y decenas de euroburócratas y periodistas que se unen a los que ya viven de manera habitual en la ciudad. Un monumental tinglado que reporta pingües beneficios a la urbe, a la par que molestias e inconvenientes a sus residentes que lo llevan con resignación desde hace décadas.

IMG_005Parlamento Europeo

La sede del Parlamento se ubica en un modernísimo y funcional edificio –el ya mencionado Louise Weiss- inaugurado en diciembre de 1999 y situado en el llamado Barrio Europeo, en el distrito Wacken de Estrasburgo.

El edificio del Parlamento puede ser visitado, pero hay que armarse de paciencia. Las visitas –sobre todo para ver su imponente hemiciclo- son gratuitas y se pueden realizar tanto en el periodo mensual de sesiones como fuera de él, pero siempre son guiadas -en diversos idiomas- y en grupo. Como excepción en las sesiones plenarias se admite un número limitado de plazas individuales, pero ya podemos imaginar la dificultad para conseguirlas. La solicitud de visita hay que presentarla con al menos dos meses de antelación y se puede realizar por mail en: epstrasbourg@europarl.europa.eu.

Para acceder en transporte público al corazón legislativo de la UE os recomiendo que utilicéis la línea E –dirección Robertsau Bocklin– de la moderna y eficaz red de tranvía. Parada: Parlamento Europeo.

IMG_009Pasarela Mimram

Estrasburgo es una ciudad de fácil acceso debido a su excelente ubicación en el corazón de Europa occidental. Se puede llegar a ella desde Paris en el TGV –tren de alta velocidad francés- y también desde ciudades como Frankfurt, en Alemania, o desde Zúrich y Ginebra, en Suiza.

En mi caso llegué desde el lado alemán, entrando por la pequeña ciudad vecina de Kehl y cruzando el Rhin por la espectacular Pasarela de Mimram, un puente peatonal utilizado a diario por personas y ciclistas de ambos lados de la frontera, y que une las dos partes del Jardín des Deux Rives, un gran espacio verde que se extiende entre la orilla francesa y alemana.

Esta pasarela, que completa otros puentes ya existentes sobre el río para el paso de vehículos y ferrocarril, permite la convivencia y el contacto normal entre dos comunidades ya de por sí muy hermanadas. Es frecuente ver a los habitantes de Estrasburgo realizando compras en Kehl, comiendo en sus restaurantes o paseando por sus tranquilas calles. Y cada día muchos vecinos de la apacible Kehl entran en Estrasburgo para disfrutar de su excelente oferta cultural y gastronómica. Este es –o debiera ser- el espíritu europeo que hoy día 9 de mayo celebramos todos los que vivimos en este pequeño, pero gran continente.

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