Etiquetas

,

Altas cumbres, glaciares, lagos alpinos, bravos cursos de agua que discurren por estrechos valles laterales que van a parar al Fiume Dora Baltea, el río más importante que atraviesa otro valle, este más amplio, de oeste a sureste. Bosques de abetos, pueblos con encanto, castillos y fortalezas, gentes amables y buen vino de montaña.

Paraíso de senderistas, esquiadores y amantes de la pesca, escalada o el rafting que encuentran aquí, en este espectacular entorno custodiado por los Alpes occidentales, un lugar inmejorable para realizar sus actividades favoritas. Es el Valle de Aosta, una pequeña región –similar en extensión a la provincia española de Álava- al noroeste de Italia, abrazada en parte por territorio francés, en parte suizo, con los que comparte fronteras internacionales. Por el lado italiano tiene de vecinos a los piamonteses, quienes con mucha frecuencia, y por la cercanía, se dejan caer en este singular esquinazo del mapa de Italia.

valle de aostaValle de Aosta, Italia

El Valle de Aosta es un territorio relativamente desconocido para viajeros y trotamundos de todo el planeta que desembarcan en la patria de Garibaldi y prefieren adentrarse en zonas con mucho más tirón histórico y turístico. Sin embargo este pequeño paraíso alpino está ahí, esperando a ser descubierto y explorado. Y no defrauda.

Vamos a realizar un recorrido por el Valle de Aosta siguiendo como eje el curso del río Dora Baltea, que corre de oeste a sureste a través de un gran valle central, si bien nuestro viaje lo haremos en sentido contrario a la marcha del caudal del río. Así, y casi en paralelo a éste, viniendo desde Turín, las vías del tren o la autopista nos llevarán desde Pont Saint Martín, la primera población del valle entrando por el sureste, hasta Courmayeur, en el oeste de la región y vecino del mítico Mont Blanc, el techo de los Alpes, con sus 4.810 metros de altura.

rio dora balteaRio Dora Baltea

Apenas un par de kilómetros después de entrar en el Valle de Aosta hacemos nuestra primera parada en Bard, un apacible pueblo asentado en un requiebro del Fiume Dora Baltea. Su barrio medieval por sí sólo ya es un atractivo, pero la joya indiscutible es su castillo: el Forte di Bard. Sus orígenes hay que buscarlos en época romana, siglo VI d.C., con una guarnición militar que se asentó allí para defender las fronteras del imperio. Pasó después por diversas manos, siendo los Saboya quienes dejaron una huella más profunda.

Uno de los acontecimientos que marcó la dilatada vida de esta imponente fortificación militar fue el asedio de las tropas de Napoleón en mayo de 1800. Después de dos semanas de terrible cerco, las tropas austríacas que defendían el fuerte se rindieron al emperador francés y éste ordenó posteriormente desmantelar por completo el castillo para evitar repetir la experiencia.

forte di bardForte di Bard

Más tarde, en 1830, y tras una profunda restauración, se convertiría en una de las estructuras militares más recias de toda la región. A fines del siglo XIX desempeñó diversas funciones, como cárcel o depósito de municiones, hasta que en 1990, y después de un largo periodo de degradación, fue adquirido por el gobierno autónomo del Valle de Aosta. En el año 2006 se restauró de arriba abajo y hoy es la sede del Museo de los Alpes.

El Valle de Aosta es conocido como el “Valle de los cien castillos”. ¿Cuál es el motivo de tal nombre? Hay que remontarse al siglo IX cuando la nobleza valdostana abandona los núcleos habitados y se instala en territorios abiertos para controlar el obligado tránsito por la zona de personas que mercadeaban más allá de los pasos alpinos de montaña. El control se efectuaba con el cobro de costosos peajes y esto proporcionaba un importante estatus de poder a los nobles, reconvertidos ahora en auténticos señores feudales.

Estos nobles dominaban su parcela de influencia desde la atalaya de fortificaciones surgidas en muchos casos a partir de una torre de planta cuadrada –donjon– y una muralla defensiva, ancladas a menudo en lugares casi inaccesibles. Así nacieron robustas edificaciones militares, muchas de las cuales se reconvirtieron con el paso del tiempo en residencias renacentistas e iglesias románicas y barrocas. Todo un tesoro cultural y artístico para este pequeño territorio.

aosta-croix de villeVia Croix de Ville en Aosta

Dejamos Bard y nos dirigimos, siguiendo siempre el curso del Dora Baltea, hacia la capital administrativa de la región, Aosta, situada casi en el centro de la región y rodeada de altas montañas por el norte y sur. Entramos así en una tranquila y milenaria ciudad ubicada en esa encrucijada de caminos que conducen hacia Francia, a través del Túnel del Mont Blanc, y hacia Suiza a través del mítico Paso del Gran San Gotardo.

Aosta debe su origen a los romanos, quienes dejaron importantes huellas de su paso por allí. De hecho la ciudad, en su centro, aún guarda esa estructura urbana que recuerda a un tablero de ajedrez, tan característico de las urbes romanas.

aosta-arco de augustoArco de Augusto, Aosta

Hay que rodear el célebre Arco de Augusto y pasar bajo la Puerta Praetoria –ambos del año 25 a.C.-, y recorrer con calma lo que queda de las murallas, así como el teatro y anfiteatro. El legado romano se complementa a la perfección con arquitectura religiosa medieval desarrollada a partir del siglo XI.

En este punto son de obligada visita la Collegiata di Sant’Orso, con su cripta, su campanario y su bellísimo claustro; y la catedral dedicada a Santa Maria Assunta y a San Giovanni Battista. Sus orígenes se remontan a una Domus Ecclesiae –me encanta el latín- que data de fines del siglo IV, según excavaciones arqueológicas.

aosta-catedral sta. maria assuntaCatedral de Santa Maria Assunta en Aosta

A partir del siglo XI se reconstruye completamente en estilo románico y en siglos sucesivos se somete a diversas remodelaciones, transformaciones y ornamentaciones que la dotan de una fachada renacentista en el siglo XVI para terminar en el XIX con su aspecto neoclásico actual. Como vemos estamos ante un edificio sometido a un auténtico “lifting” a través de los siglos.

La vida social de Aosta se desarrolla en torno a la gran plaza rectangular Emile Chanoux, en honor al padre del nacionalismo valdostano moderno, arrestado en 1944 por la milicia fascista y torturado por oficiales de las S.S. nazi hasta la muerte. Aquí se ubica el ayuntamiento de la ciudad, el Hôtel de Ville, de mediados del XIX, en estilo neoclásico.

aosta-hotel de villeHôtel de Ville, Aosta

A esta plaza converge por el este la Via Sant ‘Anselmo, que tiene su origen en el Arco de Augusto. Una calle cuajada de variopintas tiendas y restaurantes para satisfacer plenamente el apetito de compra y de estómago. A su vez, por el oeste de la plaza parte la siempre concurrida Via de Tillier Jean Baptiste, que conecta a unos 200 metros más allá, y en perpendicular, con la Via Croix de Ville.

Este cruce es, tal vez, el punto más animado de la ciudad. No es difícil ver cómo la gente se para aquí para saludarse, charlar o tomar una cerveza. Tampoco es extraño toparse en este punto con alguna actuación musical por parte de algún grupo o solista local. Y para mayor deleite del viajero, todas estas calles son peatonales.

saint-pierreSaint-Pierre

Salimos de Aosta y siguiendo hacia el oeste, sin abandonar nuestro río de referencia, el ya conocido Dora Baltea, llegamos a Saint-Pierre. Apenas diez minutos en autobús y ya divisaremos, antes de entrar al pueblo, uno de sus puntos de atracción sobre una magnífica atalaya rocosa: el castillo de “Sancto Pietro”, sede del Museo Regional de Ciencias Naturales. A falta de uno, Saint Pierre ofrece orgullosa al visitante, dos castillos.

El segundo, y no menos importante, es el castillo “Sarriod de La Tour”, un imponente edificio que en realidad es un conjunto de varios, datados todos en distintas épocas. La escalera de caracol de la torre, las ventanas cruzadas en piedra arenisca, los frescos del siglo XIII que adornan la capilla y la Sala delle Teste -o de las cabezas-, la principal estancia del castillo destinada a reuniones, es lo que no hay que dejar de ver en él.

château de saint-pierreCastillo Sancto Pietro

Si viajamos en un coche alquilado podremos utilizar la comodidad de la autopista de peaje. Pero yo recomiendo vivamente el transporte público. Bien el autobús, que se desplazará por una carretera alternativa a la autopista, más convencional y estrecha, pero muy paisajística; o bien la otra opción, siempre altamente atractiva: el tren. Mi medio favorito para viajar. Con diferencia.

villeneuveVilleneuve

Poco después de Saint-Pierre la carretera pasa por Saint Roche y Villeneuve. A partir de ahí el camino empieza a serpentear por el valle central que traemos como referencia desde el inicio del recorrido, un valle que cada vez se cierra más en nuestro camino hacia el extremo noroccidental de la región. Cruzamos el Dora Baltea una y otra vez, atravesamos pueblos, como Leverogne, donde el tiempo parece detenido por momentos y las montañas con cumbres nevadas de manera perpetua amenazan con cerrarnos el paso.

Llegamos a Pré-Saint-Didier. Estamos a mil metros de altura y la carretera se arranca cuesta arriba con curvas pronunciadas a derecha e izquierda. Si hemos llegado en tren, tendremos que apearnos aquí obligatoriamente. La línea férrea dice adiós en este punto y no sigue. La única manera de alcanzar Courmayeur, nuestro destino final, es hacerlo en autobús.

leverogneLeverogne

No debe extrañarnos si en estos bellos parajes rebasamos viajeros que se lanzan a la aventura de explorar el Valle de Aosta sobre dos ruedas, llevando media casa a cuestas en sus bicicletas que, con mucho esfuerzo y tenacidad, empujan hacia arriba. Sin duda ellos tendrán una visión mucho mejor que la nuestra y sentirán que son unos privilegiados al capturar segundo a segundo la emoción de lo inmenso, la calma de quien no tiene prisa y la belleza de una naturaleza en estado puro.

Lentamente empezamos a divisar una grandiosa pared formada por sucesivos picos que se alzan por encima de los dos mil, tres mil y cuatro mil metros. Una especie de circo montañoso que se eleva con autoridad hacia los cielos, un descomunal parapeto que nos rodea como una fila de aguerridos guardianes y que marca la frontera, el fin de un trayecto. Hemos llegado a Courmayeur. Estamos a 1224 metros de altura.

courmayeur1Courmayeur-Dolonne

Courmayeur es un importantísimo centro vacacional del norte de Italia. Su importancia se remonta al siglo XVII cuando se descubrieron una serie de manantiales de agua sulfurosa. A partir de ahí empezó a desarrollarse un verdadero turismo termal que unido, más tarde, en el siglo XIX, a todas las excelencias de la zona para practicar deportes relacionados con el invierno, han convertido finalmente a Courmayeur en una estación de montaña de primer orden. Y no sólo de Italia. También de media Europa.

courmayeur2Panorámica de Courmayeur

Situado a los pies del majestuoso macizo del Mont Blanc, esta pequeña localidad del Valle de Aosta nos ofrece la posibilidad de disfrutar de un enorme catálogo de actividades vinculadas con la montaña. El entorno, entre enormes picos nevados todo el año, con abetos, alerces y regatos de agua fluyendo generosamente, invita a dejarse caer por allí unos días y disfrutar con plenitud de una naturaleza exuberante.

El propio pueblo también ofrece atractivos para ser visitado. Además de la hermosa iglesia de San Pantaleón, su eje principal, el Viale Roma, es el animado centro de la vida de Courmayeur, con sus tiendas –muchas especializadas en el mundo del esquí, la escalada y el senderismo-, sus cafés, sus restaurantes…

courmayeur3Courmayeur

Habréis observado que todos los topónimos de esta entrada están escritos en francés. ¿Cómo es posible si nos encontramos en Italia?

La Región Autónoma del Valle de Aosta es un territorio oficialmente bilingüe, un bilingüismo consagrado en su Estatuto Especial de Autonomía, de 1948. Aquí se habla indistintamente italiano y francés, si bien el primero es mayoritario en la vida cotidiana y el segundo está más vinculado al mundo de la cultura y la política. Sin embargo los nombres de pueblos y ciudades de toda la región están escritos exclusivamente en francés, a excepción de la capital, que se designa como Aosta/Aoste.

Además, toda la señalización viaria y de tráfico está expresada –con escasas excepciones- en ambos idiomas. La educación se imparte en italiano y francés de tal manera que no existe el concepto de separación de comunidades lingüísticas. Así, en la práctica, todos los valdostanos conocen perfectamente las dos lenguas y se expresan como quieran.

valle aosta-bilingüismo    Señalización bilingüe

La riqueza lingüística del Valle de Aosta no acaba aquí. Más de la mitad de la población habla una variedad dialectal del francoprovenzal, el valdôtain, localmente conocido en el valle como “patois”. Es la lengua autóctona de la región, muy hablado en la zona de los valles laterales donde es la lengua materna de gran parte de sus residentes.

El uso del francés en este pequeño territorio tiene su origen en los vínculos históricos que siempre ha tenido con sus vecinos franceses. El Valle de Aosta adoptó el francés como idioma oficial en 1536, el primer territorio que lo hizo en el mundo, incluso antes que la propia Francia. El fascismo, que gobernó Italia durante el primer tercio del siglo XX, casi lo barrió del mapa al imponerse una severísima y forzosa “italianización” en todos los ámbitos de la vida cotidiana de esta pequeña región.

Tras la Segunda Guerra Mundial el francés volvió a resucitar gracias al estatuto especial de autonomía que lo recuperó de manera oficial y desde entonces convive con el italiano, idioma que se quedó en el Valle de Aosta tras su imposición obligatoria durante el periodo fascista de Mussolini.

saint rochSaint Roche

Después de todo lo visto y descrito en esta entrada, ¿creéis que hay motivos suficientes para conocer este singularísimo rincón de Italia?

Dedicato al mio amico Giulio 🙂

Anuncios