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Como viajero cualquier rincón del planeta es susceptible de llamarme la atención y, por tanto, de ser objetivo potencial para una visita. Sin embargo tengo que reconocer una debilidad especial por aquellos destinos que no están tan trillados entre la comunidad viajera y por eso me suelo escapar hacia ellos en cuanto puedo. Uno de esos lugares es la capital de Chipre, Nicosia. Una ciudad que como veréis, si continuáis leyendo, tiene sus peculiaridades, y no son pocas.

Situada geográficamente en la isla de Chipre, en el Mediterráneo oriental, Nicosia es una ciudad dividida en dos y cada parte es a su vez la capital de un estado diferente. La parte sur es la capital de la República de Chipre, reconocida internacionalmente; y la parte norte –conocida como Lefkoşa en turco- es la capital de la autoproclamada, en 1983, República Turca del Norte de Chipre y sólo reconocida por Ankara.

Vamos a hacer algo que me encanta: un poco de historia. Si os aburre la Historia en general, saltaros sin pensarlo dos veces los párrafos que vienen a continuación e id directamente a la primera foto que ilustra este post.

Para poneros en situación os contaré resumidamente que los problemas ya dieron comienzo en la década de los sesenta cuando, tras proclamar en 1960 a Nicosia como capital de Chipre, grecochipriotas y turcochipriotas se vieron envueltos en violentos enfrentamientos por diferencias de criterio sobre determinadas enmiendas que los grecochipriotas pretendían introducir en la Constitución del recién creado país.

Naciones Unidas estableció ya entonces una línea de separación entre ambas comunidades –denominada Línea Verde¡¡¡por el color del bolígrafo con el que el funcionario de la ONU trazó sobre el mapa de la ciudad la línea divisoria!!!– al comprobar en 1963 que la violencia intercomunal iba en imparable aumento.

La situación de crisis se agravó de manera definitiva cuando los turcochipriotas abandonaron el gobierno y se produjo la ruptura entre ambas partes. Al año siguiente la violencia en las calles obligó a la comunidad turca a desplazarse al norte de la capital con el consecuente hacinamiento en esta parte de la ciudad y el empeoramiento de la situación general.

El divorcio total entre ambas comunidades y una solución manu militari al conflicto sólo era cuestión de tiempo. Y así fue como el ejército turco tomó la iniciativa e invadió el norte de la isla durante el verano de 1974. Esto marcó el devenir de toda la ciudad y sus consecuencias llegan hasta hoy. La invasión era la respuesta turca al efecto “helenizador” de la dictadura militar de los coroneles instalada en el sur de la isla y propiciada desde Grecia.

El alto el fuego posterior partió a Nicosia en dos con el consiguiente desplazamiento demográfico de las dos comunidades que habitaban la isla. Los turcochipriotas se quedaron en el norte y los grecochipriotas al sur de la “Línea Verde”, la frontera que actualmente, y desde entonces, controla Naciones Unidas. Hasta aquí nuestra interesante clase de Historia 🙂

Nicosia sur-av.Makariou-wikipediaAv. Makariou, Nicosia sur

(Foto publicada en Wikipedia Commons. Autor: NicosiaSkylines)

A día de hoy el contraste entre ambos lados de la ciudad es total. Desde el lujo y glamour occidentales de la calle Leoforos Archiepiskopou Makariou III en Nicosia sur, con sus tiendas fashion y cafés de diseño, al sabor otomano de las a menudo retorcidas, abarrotadas y humildes calles del norte, con la imponente silueta de la mezquita Selimiye (siglo XVI) recortando el horizonte. Sin embargo en los últimos años un tímido distrito financiero empieza a despuntar en esta parte de Nicosia en torno a la Bedrettin Demirel Avenue. La parte sur, por el contrario, es un moderno centro financiero y comercial, y la capital política y cultural de la República de Chipre, miembro de la Unión Europea.

Recorrer, por otro lado, la Línea Verde es sentirse como un avezado reportero de guerra. Edificios sacudidos por la metralla, destartaladas paredes y ventanas conviviendo con sacos terreros y alambradas… ese es el paisaje urbano en esta zona donde el tiempo se detuvo en 1974 y cuyos únicos habitantes son los cascos azules de la ONU que patrullan y controlan este colchón de seguridad que separa desde entonces a ambas comunidades. Aquí el tiempo se paró y esta cicatriz en pleno centro histórico de Nicosia quedó abandonada y a merced de los efectos devastadores del paso de los años.

Una ciudad, dos capitales, dos banderas, dos mundos, dos civilizaciones. Oriente y Occidente se miran de reojo en esta ciudad, pero por el momento no se dan la mano. Grecia y Turquía continúan tutelando el devenir inmediato de sus habitantes….

CRUZANDO LA FRONTERA

En Nicosia tenemos dos pasos fronterizos urbanos para cruzar de un lado al otro. El primero –Ledra Palace– abierto en abril de 2003 sirve para el cruce de peatones y vehículos. El Ledra Palace fue un elegante y glamuroso hotel desde su construcción en 1949 y hasta 1974, año de la invasión de Chipre por parte del ejército turco. A partir de ese momento el edificio cayó dentro de los límites de la zona de amortiguamiento que separa ambas comunidades y controlada por Naciones Unidas.

Actualmente es el cuartel general del Sector 2 de la United Nations Roulement Regiment (URR), como parte de UNFICYP, la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre.

Atravesando la Línea Verde en Ledra St.Atravesando la Línea Verde en Ledra St.

(Foto publicada en Wikipedia Commons. Autor: Hansueli Krapt)

El segundo paso fronterizo, más céntrico y abierto en abril de 2008, es sólo peatonal y está situado al final de Ledra Street, la histórica arteria de la Ciudad Vieja de Nicosia, dentro de las murallas venecianas que datan del siglo XVI y que se construyeron para defenderse ya entonces de las incursiones otomanas.

Estamos en el lado greco-chipriota y esta concurrida calle, con sus característicos pequeños cafés, zapaterías, boutiques y establecimientos de restauración de franquicias extranjeras, nos conduce directamente a la frontera entre las dos partes de la ciudad. Por su ubicación el paso fronterizo de Ledra Street es el más práctico para el viajero.

Si cruzáis del lado griego al turco de la capital (lo más habitual), la policía fronteriza greco-chipriota apenas os pedirá pasaporte o DNI en vigor. A continuación accederéis a una especie de pasillo de unos cien metros de longitud entre ruinas, a ambos lados, de edificios abandonados hace décadas y cuyas fachadas se van rehabilitando poco a poco para minimizar en lo posible el impacto sobre los turistas. Edificios en tierra de nadie que están tapados parcialmente con lonas que camuflan esa sensación de dejadez y abandono. Al final de este pasillo llegaréis al punto de control de inmigración fronterizo turco-chipriota donde os pedirán el pasaporte y deberéis rellenar una visa que os sellarán a continuación.

Cuando regreséis al lado griego de la ciudad el proceso se repite a la inversa. Primero presentación en el control turco-chipriota de pasaporte y visa emitida a la entrada, a la que pondrán sello de salida. Cuando lleguéis al lado griego lo más normal es que no os encontréis con control de inmigración alguno, pero esporádicamente puede haber algún funcionario de turno que os pida identificación.

Nicosia norte.Atatürk Sq.wikipediaColumna Veneciana en Atatürk Square, Nicosia Norte

(Foto publicada en Wikipedia Commons. Autor: Steffen Löwe)

A TENER EN CUENTA

Para coleccionistas de sellos estampados en las hojas de sus pasaportes, y debido a la peculiar situación política que define este lugar, es recomendable que las autoridades de inmigración turco-chipriotas no os sellen vuestros pasaportes. Lo mejor es optar por un sencillo truco que sirve también para otros pasos fronterizos “calientes” del planeta: pedir que os pongan el sello en una hoja en blanco separada del pasaporte. De esta forma tendréis vuestro pequeño “trofeo” y la policía fronteriza del otro lado no pondrá objeciones en caso de control aleatorio.

Nicosia es una ciudad que por sí sola merece una visita. Una ciudad típica del cálido sur de Europa, un cruce de civilizaciones que se refleja en monumentos, calles, plazas y en sus amables gentes. Si además la embutimos en un complejo entorno político donde apenas cien metros de separación implican un sabor y modo de vida completamente distintos, entonces el atractivo es doble. Esa es la razón por la que en aquel tórrido verano de 2008 decidí acercarme a ella y descubrirla.

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