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En la línea que llevamos en el blog de acercar y conocer destinos no demasiado rutilantes, pero sí encantadores, hoy vamos a viajar al corazón de la Europa occidental. Incrustado entre Francia, Alemania y Bélgica, a la sombra del macizo de las Ardenas, nos internamos en el Gran Ducado de Luxemburgo.

Con una extensión aproximadamente la mitad de la Comunidad Autónoma de Cantabria, en España, este pequeño país, paraíso de cicloturistas y senderistas, se caracteriza por sus bucólicos bosques, mimados viñedos, castillos de película, pueblos con una maravillosa atmósfera medieval –Vianden o Echternach son buenos ejemplos-, praderas con encantadoras casitas de campo y suaves ondulaciones del terreno, sobre todo en el norte, lo que permite recorrerlo cómoda y rápidamente.

Al compartir frontera con tres países importantes de la Unión Europea –de la cual también forma parte y ayudó a fundar- su acceso es fácil y se puede hacer por diversos medios de transporte público, además del coche propio o alquilado. En mi caso utilicé el autobús de línea desde la ciudad alemana de Saarbrücken para entrar al país, y lo abandoné en tren con destino Lieja, en Bélgica.

lux-flickr-michael gwyther jonesGran Ducado de Luxemburgo. Valle del Mosela                                                Foto vía Flickr. Autor: Michael Gwyther-Jones

Lo habréis escuchado alguna vez. El Ducado de Luxemburgo es sinónimo de estabilidad económica y calidad de vida, con una tasa de paro envidiable que atrae una población inmigrante en constante crecimiento; paraíso de las aseguradoras y con un potente sector de la banca privada que nada tiene que envidiar al de los suizos.

Es sede también de instituciones europeas como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal de Cuentas Europeo, además de la Secretaría General del Parlamento Europeo. Por tanto con un peso específico muy importante en el complejo entramado de UE. Aún más, comparte con Bruselas y Estrasburgo la tarea de dirigir los designios de ese sueño o pesadilla –según se mire- que llamamos Europa los que aquí vivimos.

EXPLORANDO LA CAPITAL

La capital de este recogido ducado –único en el mundo con soberanía propia– es la Ciudad de Luxemburgo, una tranquila urbe de tamaño medio, comparable a la capital de muchas provincias españolas, y situada al sur del país. De hecho desprende un cierto aire provinciano que envuelve, eso sí, una interesante arquitectura a base de edificios históricos de gran belleza que comparten espacio urbano con vanguardistas y modernas construcciones, sobre todo en el barrio de Kirchberg, al noreste de la ciudad. Y no podemos olvidarnos de dos custodios importantes: los dos ríos que abrazan la capital. El Alzette y el Pétrusse.

lux-wikipediaLuxemburgo. A la izquierda las dos torres de la catedral de Nuestra Señora. Foto Wikipedia Commons. Autor: Shikhlinski

El centro histórico de la ciudad reposa sobre un promontorio con unas paredes escarpadas que se precipitan sobre estos dos ríos, modelando auténticas gargantas naturales que circundan la parte antigua. Es por ello la presencia de varios puentes y viaductos para hacer accesible el centro histórico desde los barrios que lo rodean. El marco, como podemos imaginar, es de lo más pintoresco y de auténtica tarjeta postal.

Apenas media hora después de atravesar la frontera germano-luxemburguesa cruzando el rio Mosela, mi autobús me dejaba a las puertas de la fachada, con cierto aire catedralicio, de la estación central de ferrocarril de la capital del Gran Ducado.

lux1Estación Central

Un recorrido básico por la ciudad comenzaría justo aquí, en la estación de trenes. Dejando atrás el edificio tomamos la Avenida de la Libertad hasta alcanzar el monumental Puente Adolphe. Este puente es considerado como el símbolo extraoficial de la independencia de Luxemburgo. Fue construido al iniciarse el siglo XX, durante el reinado del Gran Duque Adolphe, de ahí su nombre. Fue una obra única en su momento debido a que tenía el mayor arco en piedra de la época. Pasa por encima del rio Pétrusse, a una altura de 42 metros, y conecta el Barrio de la EstaciónGare– con la Ville Haute, o Ciudad Alta, que alberga el centro histórico de la capital.

Partiendo del hecho de que Luxemburgo es ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1994, honor que se ha ganado por la importancia de sus fortificaciones y el encanto de sus barrios más antiguos, en especial Ville Haute, la visita dentro de esta zona antigua tendría que empezar en la Catedral de Nuestra SeñoraNotre Dame-, cuya primera piedra se colocó en 1613. Es el templo católico más importante de este pequeño país, que se declara laico pero donde una amplísima mayoría dice profesar esa religión. La catedral se levantó en un bello estilo gótico tardío, con elementos renacentistas y acoge el Panteón de los Duques.

lux2Sección del Puente Adolphe y entrada al Barrio de Gare

El Gran Palacio del DucadoPalais Granducal– situado a pocos minutos andando desde la catedral es, por su parte, la residencia oficial del Gran Duque de Luxemburgo, el soberano y jefe del estado de este pequeño país. Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, se puede visitar de manera guiada y con horarios restringidos a la época estival. Podríamos decir que estamos ante una edificación multiuso ya que sirvió como ayuntamiento desde sus inicios, allá por el siglo XVI, hasta que a finales del XIX se reservó para el Gran Duque y su familia.Por el camino sirvió de sede de gobierno, residencia de gobernadores…

Una curiosidad: durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial –en efecto, este pequeño país no se libró de los delirios de grandeza de ese señor del bigotito- el edificio se utilizó como sala de conciertos e incluso como taberna. Al finalizar la contienda regresa del exilio la Gran Duquesa Carlota y el maltratado palacio vuelve a recuperar su viejo esplendor como residencia y corte ducal.

lux3Gran Palacio del Ducado

Una vuelta por la Plaza de Armas, punto de encuentro de todos los turistas, debería estar igualmente en nuestro menú de imprescindibles dentro de la capital luxemburguesa. También la Plaza Guillaume II, donde se celebran diferentes tipos de conciertos al aire libre y se localizan el Ayuntamiento, una estatua ecuestre del Gran Duque Guillermo II y la Oficina local de Turismo, importante para viajeros este último dato.

Y como no todo es arte, cultura y monumentos, la ciudad ofrece una selecta variedad de tiendas y comercios, generalmente para presupuestos más que generosos. Si nos quema el dinero en los bolsillos, nuestro destino es la céntrica Grand Rue. Y esto sin menoscabo de la larga lista de cafés, restaurantes y brasseries que pueblan esta parte de la capital y cuyas terrazas se llenan en verano de turistas que hacen un alto en el camino, al amparo de un clima mucho más benigno y templado que el que padecen los luxemburgueses durante los gélidos y duros inviernos.

Especialmente recomendado: no abandonéis el coqueto centro histórico de Luxemburgo sin dar un paseo por el Chemin de la Corniche, conocido como “el balcón más bonito de Europa”. Las vistas desde la Ciudadela du St. Espirit sobre la Abadía de Neumünster –mitad iglesia, mitad centro cultural- y el barrio de Grund son magníficas.

lux4Abadía de Neumünster desde el Chemin de la Corniche

HABLANDO A TRES BANDAS

En Luxemburgo no existen problemas para hacerse entender con nacionales y residentes. En este diminuto país se hablan tres idiomas: el francés, el alemán y el luxemburgués, éste último, un dialecto del alto alemán aunque con fuerte influencia del francés coloquial. Los tres son oficiales en el pequeño estado, los tres se utilizan en la Administración y los tres se enseñan en las escuelas –el luxemburgués muy limitado y sólo al comienzo de la enseñanza primaria-. El francés es la lengua utilizada en la legislación, el alemán es el idioma dominante de la prensa escrita, y el luxemburgués es la lengua materna del Gran Ducado y se usa de manera coloquial.

Esta suerte de trilingüismo oficial es consecuencia del encuentro en este pequeño territorio de dos culturas, la romana y la germánica, y su uso atiende más a razones funcionales que geográficas. Y por supuesto dadas las características tan peculiares del pequeño país, sobre todo en las áreas económica y comercial, el inglés es de uso bastante extendido.

Además, y debido a la presencia masiva de población inmigrante, el portugués e italiano también gozan de amplia difusión. Un luxemburgués tratará de responder siempre en el idioma en que es abordado, ya sea francés, alemán, inglés e incluso holandés. Así pues no hay excusas. Es realmente difícil no desenvolverse en Luxemburgo.

lux5Escaparate rotulado en seis idiomas en el centro de la capital

USOS Y COSTUMBRES

Todos conocemos ese viejo dicho que reza: “donde fueres, haz lo que vieres”. Viajar es una oportunidad única para conocer usos y costumbres ajenas que enriquecen ese natural instinto humano de la curiosidad y de relacionarse con los demás.

Pero también no es menos cierto que a veces es conveniente saber de antemano algunas tradiciones o costumbres para que cuando aterricemos en el país en cuestión no cometamos errores de bulto, que en el mejor de los casos pueden ser cómicos, pero que en el peor de los casos pueden provocar situaciones realmente indeseables, llegando a ser consideradas como verdaderas afrentas por los oriundos del lugar.

Por todo ello os dejo a continuación con un pequeño catálogo de buenas prácticas a ejercitar en el Gran Ducado de Luxemburgo:
• Cuando saludéis a un luxemburgués, olvidaos de vuestra efusividad latina. Aquí un simple apretón de manos es suficiente.
• Si os invitan a comer o cenar en una casa particular, no os presentéis de vacío. Llevad un presente. Un buen vino, por ejemplo. Las flores están en alta estima.
• Podéis vestir como más cómodos os sintáis, aunque tampoco es plan de ir en chándal a todas partes. Sólo en algunos restaurantes, o en reuniones, se exigirá vestimenta formal.
• Nunca, repito nunca, tratéis de hacer la gracia diciendo que Luxemburgo es una especie de extensión o colonia de países vecinos como Francia o Alemania, por más que la estrechísima relación con ellos sea muy evidente.
• Los naturales de este pequeño estado son gentes amables y muy correctas, de mentalidad abierta, pero bastante orgullosos e independientes. Muy de esa parte de Europa. Nada nuevo.
• En el siempre delicado tema de las propinas siento deciros que en este país casi son una obligación hacia todo aquel que presta un servicio. Vamos, que hay que dejar propina sí, o sí.

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