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Un aire de otra época, calles imperturbables, árboles con más de cien años a cuestas, edificios decimonónicos que decoran el centro histórico… Esta es la tarjeta de presentación de la pequeña y apacible Cetinje, en otro tiempo la capital de un país que, como ahora, también se llamaba Montenegro.

cetinje7Calle Njegoševa en Cetinje

Fue en 1878 cuando el Congreso de Berlín daba su visto bueno para que en Europa surgiera un nuevo estado. Y se consiguió permitiendo que un pequeño territorio junto al Adriático se desgajara del todopoderoso, por aquel tiempo, Imperio Otomano, cuyos dominios se extendían por el sureste del Viejo Continente y se adentraban más allá del Bósforo.

Montenegro se convertía así en Principado, con una figura clave al frente: el príncipe Nicolás I, y una capital, Cetinje. Sería ya en el inicio del siglo XX, en 1910, cuando Montenegro se convertiría en Reino y Nicolás pasaría a ser rey de los montenegrinos. Vendrían años prósperos para el pequeño estado hasta que la I Guerra Mundial daría al traste con la independencia del país. Su fatal alianza con Serbia no iba a impedir el desastre y Montenegro caerá en manos de otro imperio en 1916, esta vez centroeuropeo: el Imperio austrohúngaro.

cetinje3Antigua embajada austrohúngara

El rey huye del país y se refugia en Burdeos, Francia. Ya no volvería a ver su amado Montenegro ni su coqueta capital. En 1918 termina la contienda mundial, el imperio de los Habsburgo se desmorona y Montenegro pasa a control del recién creado “Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos”, más tarde, a partir de 1929, reconvertido en “Reino de Yugoslavia”.

El depuesto rey moriría en Francia en 1921 y sería enterrado en Italia. Por fin, en 1989, sus restos son traídos a la antigua Yugoslavia –dentro de la cual estaba la República de Montenegro federada con otras cinco repúblicas– y sepultados en nuestra ciudad protagonista de la entrada de hoy.

Como ya hemos referido en un post anterior, Montenegro recuperaría su independencia en 2006, tras un referéndum que ganaron por un ajustado margen los partidarios del “sí”. Pero Cetinje ya tenía perdida de antemano la batalla de la capitalidad puesto que el padre de la Yugoslavia comunista, el mariscal Tito, había decidido en 1946, y tras la Segunda Guerra Mundial, que otra ciudad, Podgorica, sería la capital de la pequeña república integrada en su proyecto federal yugoslavo.

cetinje4Teatro Real

Que Cetinje no sea la capital oficial del nuevo estado balcánico surgido en 2006 no resta un ápice su importancia e interés. De hecho el Presidente de la República tiene su residencia oficial aquí, en Cetinje. Todo un gesto cargado de simbolismo.

La ciudad, hoy, es un referente histórico y espiritual para todos los montenegrinos, quienes le rinden casi veneración por lo que significó esta pequeña villa para su país en el pasado. Por otro lado, poco a poco, los extranjeros van descubriendo los encantos de la ciudad y Cetinje es un destino casi obligado para todo aquel que ponga sus pies en Montenegro.

cetinje2Antigua embajada de Francia

El viajero empezará a darse cuenta de los atractivos que ofrece la antigua capital en cuanto se aproxime a ella. El paisaje que circunda la pequeña ciudad es revelador. Una planicie- sobre la que se asienta Cetinje- y montañas a su alrededor, las que conforman el Parque Nacional del Monte Lovcen. Es precisamente este entorno natural, tan singular, el que consiguió preservar a la ciudad durante siglos. Su aislamiento, entre montañas, y suficiente lejanía de la costa adriática, ayudaron, y mucho.

cetinje5Museo Nacional de Montenegro

Ya dentro, un tranquilo paseo por sus calles nos descubrirá el delicioso encanto de monumentos por los que apenas ha pasado el tiempo. La época dorada de Cetinje comienza a partir de la primera independencia del país en 1878. De esos tiempos datan hoteles, hospitales, edificios públicos, casas burguesas y las famosas embajadas de aquellos estados con los que Montenegro mantenía relaciones diplomáticas y que pertenecían a países que tenían algo que decir en el teatro político europeo de la época. Hablamos de Gran Bretaña, Francia, Rusia o el entonces imperio de Austria-Hungría. Son estos edificios los que actualmente llaman más la atención del viajero, si bien su estado de conservación y funcionalidad varía notablemente de unos a otros.

cetinje1Antigua embajada de Gran Bretaña

Caminar con tranquilidad por calles como Njegoševa ulica, Orlov Krs o Malo Guvno, permiten al visitante adentrarse en otros tiempos y admirar un esplendor que permanece casi intacto. Museos como el Nacional de Montenegro, o el Monasterio de Cetninje, construido y fundado sobre los restos de un antiguo monasterio medieval que fue derribado por los venecianos de la Serenissima República a fines del XVII, son de visita obligada.

El monasterio, que pertenece a la Iglesia Serbia-Ortodoxa, custodia celoso las reliquias de San Petar de Cetinje, quien fuera mano derecha de San Juan Bautista, y es todo un símbolo espiritual y cultural. Otro edificio llamativo que captura nuestra atención al pasar frente a él, por su pulcritud y elegancia, es el Teatro Zetski, el Teatro Real. Su programa oficial de cada temporada es un referente de la vida cultural y social, no sólo de Cetinje, también del resto del país.

cetinje6Monasterio de Cetinje

Montenegro es un estado joven dentro de la nueva Europa surgida tras la caída del Muro de Berlín. Un país que guarda pequeñas joyas en forma de bosques, montañas, lagos, playas y ciudades. Y una de ellas es la que ocupa esta entrada. Si en algún momento sentís la curiosidad de visitar este cada vez menos desconocido país, no lo dudéis y reservad unas horas para adentraros y descubrir su antigua capital. Saldréis de ella con la sensación de haber coqueteado con el tiempo.

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