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Lo hemos escuchado muchas veces. Zona o área Schengen. Pero qué es y qué significa este nombre que muchos tenemos en la cabeza pero pocos conocen su alcance real.

Corría el año 1985 cuando cinco países de la entonces todavía “Comunidad Económica Europea” decidían unir esfuerzos y crear un área común para que la gente circulara libremente entre ellos, algo así como hacemos aquí en España cuando vamos “saltando” de comunidad autónoma en comunidad autónoma, recorriendo todo el país sin detenernos.

Los cinco pioneros de esta singular e innovadora idea fueron Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Hoy, casi treinta años después, ya son veintiséis países y eso se traduce en la práctica en que podemos viajar desde España, en el suroeste de Europa, hasta Estonia, en el noreste del Viejo Continente, a las puertas de la mismísima Rusia y sin paradas. Genial, ¿no?

Sin duda lo es. Pero para que esta feliz idea funcione hay que engrasar a conciencia una mastodóntica maquinaria que afecta a todos los Estados que han firmado el llamado “Acuerdo de Schengen”. Al eliminar las fronteras interiores –terrestres y marítimas- entre los países firmantes, se ha tenido que reforzar y controlar al máximo la llamada frontera exterior común, es decir, el contorno externo que bordea a todos esos países.

El refuerzo y blindaje de esa frontera exterior precisa de una cooperación policial y judicial entre todos los Estados miembros para que exista plena seguridad en el interior de ese espacio común. Así mismo, la puesta en marcha de una potente base de datos, conocida como Sistema de Información Schengen –SIS-, permite intercambiar información sobre personas y bienes entre los países. Sin estas premisas el éxito de la libre circulación de ciudadanos, residentes o no, sería un sonoro y rotundo fracaso.

paso fronterizo aachenEntrando en Alemania desde Holanda

El acuerdo que hoy estamos conociendo no sólo favorece la libertad de movimiento dentro del Viejo Continente. Schengen es responsable igualmente de que la economía y la cultura se desarrollen y dinamicen de manera muy eficaz, sobre todo en las áreas fronterizas de los países firmantes. Además los extranjeros que procedan de terceros países ajenos al espacio común Schengen, y que no residan en él, pueden moverse por su interior con un solo visado, en el supuesto de que se les exija visado, ya que hay varias excepciones. Este punto supone una enorme ventaja y favorece el desarrollo de una industria tan importante para Europa como es el turismo.

Algunos aspectos a tener en cuenta. Es frecuente confundir el espacio Schengen con la Unión Europea. Craso error. No todos los países de la UE están en la lista de Schengen. Algunos proceden de fuera, como Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. Por otro lado, “supresión de fronteras” no significa que una vez entremos en el espacio Schengen no vayamos a encontrar un solo control policial fronterizo al viajar de unos países a otros. Cada Estado firmante del Acuerdo de Schengen puede montar aleatoria y discrecionalmente un control policial móvil en cualquier paso fronterizo interior cuando las circunstancias lo requieran. Hablamos de amenazas terroristas, tráfico de estupefacientes, inmigración ilegal… Por tanto los nacionales de estos países deben llevar consigo al menos un documento de identidad para poder ser identificados en caso necesario.

De manera excepcional un país o varios pueden suspender la aplicación de este convenio común ante situaciones de extrema gravedad que afecten a su seguridad interior, si bien siempre sería por un tiempo determinado y como último recurso. Y una curiosidad final. El nombre del acuerdo está estrechamente ligado a la población luxemburguesa de Schengen, situada en la frontera entre Luxemburgo, Francia y Alemania. Se escogió el nombre de esta pequeña localidad porque está enclavada en una zona donde coincide una triple frontera, y por tanto resultaba complicado desplazarse por ella sin que hubiese que atravesar necesariamente una barrera fronteriza.

paso fronterizo brenneroEntrando en Austria desde Italia

En la actualidad forman parte del área Schengen:
Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Noruega, Polonia, Portugal, República Checa, Eslovaquia, Suecia y Suiza. Este último país votó y aprobó en referéndum, celebrado en febrero de este año 2014, restringir el acceso de ciudadanos europeos a través de sus fronteras, por lo que es posible que tenga que abandonar el espacio común Schengen.

Y para terminar. Algunos países, como Reino Unido e Irlanda, disfrutan de una especie de “menú Schengen a la carta”. Nada nuevo viniendo del otro lado del Canal de la Mancha, ¿verdad? Ambos pertenecen al Acuerdo Schengen, pero aplican excepciones en algunas disposiciones del mismo, por lo que no están integrados en el espacio común y en la práctica nos exigirán un documento de identidad o pasaporte al intentar entrar en ellos.

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