Etiquetas

, ,

La Mochila de Marco Polo lleva varios días preparando su próxima salida al exterior. Va a ser un viaje cuanto menos diferente porque el destino elegido ha llenado en los últimos días y semanas portadas de periódicos y sesudos análisis de especialistas en ese gigante de Asia que es China. Como ya habéis podido adivinar por el título de esta entrada, en breve viajaré hasta Hong Kong.

Cuando compré mi billete de avión para ir hasta ese rincón del sudeste asiático, apenas unas pocas líneas en la prensa escrita se ocupaban de las manifestaciones de estudiantes hongkoneses que pedían sufragio universal libre y sin restricciones para elegir al jefe del Ejecutivo de la excolonia británica, algo así como el presidente del gobierno de esa “Región Administrativa Especial” que es Hong Kong en la actualidad. Una peculiaridad de la que goza la ciudad y que la diferencia del resto de China. Y no es la única.

Bajo el principio “un país, dos sistemas”, Hong Kong funciona prácticamente como un estado independiente, con una suerte de constitución propia –la Ley Básica-, un poder legislativo autónomo, un sistema judicial propio -heredado del inglés- y un sistema económico basado en el capitalismo más puro y duro. Sirva un ejemplo: en menos de 24 horas es posible poner en marcha una entidad bancaria en esta pequeña esquina del mundo.

En lo político Hong Kong también tiene su singularidad, pero en este delicado terreno China tiene mucho que decir. Para el año 2107, según lo pactado entre Reino Unido y China en 1997, fecha en la que los británicos soltaron la colonia, se celebrarían elecciones libres para que Hong Kong escogiera por sufragio universal a su máximo representante.

duk-ling-hkUn “Duk Ling”, el típico velero de Hong Kong

Pero en agosto pasado China se descolgó con una nueva normativa electoral que decretaba que los hongkoneses podrían elegir a su máximo representante, eso sí, entre dos o tres candidatos propuestos por un comité consultivo, muy vinculado a Pekín. Acababa de encenderse la mecha de la discordia.

La siempre vibrante y bulliciosa Hong Kong se ha visto sacudida estos días por impresionantes protestas callejeras, en lo que se ha dado en conocer como “Revolución de los paraguas”, por ser este elemento cotidiano con el que los manifestantes se han protegido de los gases lacrimógenos lanzados por la policía en los momentos más tensos de la protesta. En las últimas horas parece que la situación se está calmando y existe un intento de cerrar este espinoso asunto que ha traído en jaque al centro financiero más importante del sudeste asiático.

A pesar de que Hong Kong es habitualmente un paraíso de las comunicaciones y está tecnificada hasta el último ladrillo, a nadie se le escapa las dificultades que se han dado y se dan todavía para garantizar una correcta cobertura de Internet en la urbe asiática. Las redes están permanentemente saturadas debido a la fuerte demanda en las calles, donde los hongkoneses no paran de aporrear sus smartphones y tabletas hasta echar humo.

Con este panorama tecnológico de fondo intentaré actualizar el blog desde la ciudad y narrar así las incidencias de un viaje especial, por el movido contexto de estas semanas, que me llevará a partir del pasado mañana -jueves 9 de octubre- hasta la carismática y deslumbrante Hong Kong…

Foto cortesía de Mario P. Borruel

Anuncios