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Como ya me referí en una entrada anterior, justo antes de venir a Hong Kong, en las últimas semanas ha subido la temperatura ambiental, y no sólo la meteorológica, que se cuece en las calles de esta metrópoli asiática. En estos tensos y difíciles momentos sus gentes están marcando un severo pulso a las autoridades locales, y por extensión, a las del país, China.

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Todo empezó hace unos tres años cuando Kin-Man Chan, profesor de Sociología en la Universidad China de Hong Kong, toma la comprometida decisión de concienciar a sus vecinos de la necesidad de cambiar las cosas en el terreno político de la excolonia británica. Hacía ya varios años que Hong Kong había pasado a manos chinas, con el compromiso de estas últimas de mantener un “statu quo” durante cincuenta años a partir de la fecha de salida de Gran Bretaña, es decir, año 1997. Desde entonces la ciudad goza de un estatus especial que la convierte casi de facto en un estado independiente.

Constitución propia, sistema administrativo propio, judicial, monetario, de aduanas, económico, libertad de prensa… Algo impensable en el resto de China. Todo menos la defensa y política exterior, que quedan en manos de la República Popular. Eso, y el espinoso tema de la elección del Jefe del Ejecutivo y del Parlamento local. China se comprometió con los británicos a permitir elecciones en Hong Kong por sufragio universal directo en 2017, pero a finales de agosto pasado recula y se descuelga con una reforma electoral muy mutilada. Se permite el sufragio universal, sí, pero los hongkoneses sólo podrán elegir entre dos o tres candidatos propuestos por un comité consultivo electoral, afín al Partido Comunista del gobierno central chino. La mecha estaba prendida…

Nuestro profesor universitario a estas alturas ya ha puesto en marcha un movimiento de desobediencia civil denominado “Occupy Central”, Ocupar Central, en referencia al distrito financiero de Hong Kong. Y no está solo. Los estudiantes de la ciudad, alentados por Joshua Wong, un mordaz activista de 17 años, también estudiante, empiezan a sintonizar con la idea del profesor y aúnan sinergias con los desobedientes de “Occupy” para presionar al máximo dirigente de Hong Kong, quien por cierto es muy del agrado de Pekín.

Las calles se llenan de manifestantes a mediados de septiembre y la situación empieza tomar un cariz muy preocupante. Los estudiantes cortan y bloquean el distrito financiero, en la isla de Hong Kong, y también otras zonas sensibles de la península de “Kowloon”, en el continente, como el popular y bullicioso distrito de “Mong Kok”.

Ante la situación de desbordamiento que ya tenemos a finales de mes, el gobierno local decide actuar y lanza a la policía contra los estudiantes de manera contundente. Se usan gases lacrimógenos y spray de pimienta. Estos se protegen con lo único que tienen a mano, sus paraguas. Esta simbólica respuesta da la vuelta al mundo y se convertirá en pocas horas en lo que conocemos ya, y para siempre, como la “Revolución de los Paraguas”. No hay marcha atrás. El resultado de la carga policial del domingo 28 de septiembre se salda con heridos de muy distinta consideración, y detenidos, entre ellos varios líderes estudiantiles. Los peores disturbios en la ciudad en veinte años.

La respuesta de los estudiantes no se hace esperar y se lanzan a la calle todavía en mayor número. No se conforman con protestar. Empiezan a pasar noches en vela en distintos puntos de la metrópoli asiática y se organizan para resistir. Además de los paraguas, se traen de casa todo tipo de enseres y viandas para aguantar lo que haga falta. Plantan tiendas de campaña y se atrincheran con toda una parafernalia e infraestructura que recuerda muy sospechosamente a la del “Movimiento 15M” acaecido en Madrid durante la primavera de 2011. El Jefe del Ejecutivo llama a la calma y promete diálogo. Los antidisturbios de la policía se retiran y el gobierno local decide mantener una discreta presencia policial.

A día de hoy las manifestaciones han perdido algo de fuelle durante las horas diurnas. Los estudiantes han vuelto lentamente a las aulas por el temor a perder días de clase y el ritmo del curso. Los exámenes son algo muy peliagudo en la sociedad china, donde los estudiantes padecen una enorme presión social y familiar cuando se examinan. Pero al caer la noche, zonas ocupadas como “Admiralty”, “Wan Chai” o “Causeway Bay”, en el distrito “Central”, y “Mong Kok”, en la península de “Kowloon”, se llenan de nuevo de jóvenes estudiantes de todas las edades, que se acercan para solidarizarse con quienes allí resisten de manera permanente , compañeros y seguidores de “Occupy”, en busca de mayor libertad y democracia real.

Entretanto las principales vías rápidas de la isla de Hong Kong siguen cortadas con barricadas que impiden la circulación del tráfico rodado y parte del transporte público en superficie. A estas alturas la Revolución de los Paraguas se ha convertido, todo hay que decirlo, en un reclamo turístico y en una especie de circo mediático. Muchos visitantes de fuera se acercan estos días, movidos por la curiosidad, hasta estas zonas calientes y disparan toneladas de fotos con sus cámaras.

¿Cómo acabará esta complicada situación? Es difícil de pronosticar a corto plazo. Los estudiantes se debaten entre resistir y no perder comba en sus estudios. No se fían y temen que las autoridades locales estén jugando la baza del cansancio, esperando a que éstos terminen levantando el campamento y disolviéndose como un azucarillo en el agua.

El Ejecutivo local encabezado por el hierático Leung Chen-Yung ha ofrecido negociaciones a los manifestantes. Lo que se juega es mucho. Pero también es cierto que todo por lo que se está luchando ahora en esta vibrante y caótica ciudad del sudeste asiático, tiene fecha de caducidad: año 2047. A partir de entonces China entrará en Hong Kong con todas las de la ley y será quien ocupe la ciudad por completo.

A continuación una galería de fotos de las concentraciones de “Admiralty”, en el distrito “Central”, tomadas esta misma mañana.

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En imágenes el seguimiento de este bloguero de la jornada dominical en Hong Kong, siendo testigo de la bautizada ya como “Revolución de los Paraguas”, en pleno distrito financiero de la urbe asiática. Todo un lujo poder contarlo desde aquí.

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