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Todos tenemos nuestro rincón perdido en alguna parte, ese lugar que no se ha visto sacudido por la vorágine del día a día que nos toca padecer en las grandes ciudades; ese sitio al que de vez en cuando nos gusta volver para sentirnos aislados y despreocupados de teléfonos móviles, despertadores, horarios y rutinas; un lugar ajeno al frenesí de la vida urbana diaria.

Mi rincón está en la Comunidad Autónoma de Extremadura. Nunca he ocultado mi cariño por esa tierra difícil, de gentes amables, trabajadoras y sencillas. Soy gallego de nacimiento, me gusta y me siento unido a mi tierra, pero reconozco mi debilidad por esta vieja tierra de conquistadores que es Extremadura, a la que considero como mi segunda casa, después de mi lugar habitual de residencia y trabajo que es Madrid.

Dentro de esta bella región de España os voy a llevar hasta su extremo norte, en la provincia de Cáceres, tocando casi las recias tierras salmantinas, que ya pertenecen a otra comunidad autónoma, Castilla y león. En ese norte húmedo, que contrasta abiertamente con el implacable secano del sur de la región, yace una comarca, denostada y tratada injustamente durante lustros y lustros. Por fortuna su suerte ha ido cambiando en los últimos años y hoy, Las Hurdes, que así se llama nuestra comarca perdida en el mapa, ha ido mudando su piel para transformarse en una tierra accesible y abierta a quien quiera acercarse a conocerla.

hurdes1Las Hurdes. Río Los Ángeles

A comienzos del siglo XX el rey Alfonso XIII sacó del ostracismo a esta comarca cuando realizó un viaje histórico por aquellas, entonces, olvidadas, arrinconadas y paupérrimas tierras del norte extremeño. El monarca conoció en 1922 de primera mano la vida y las gentes que habitaban alquerías y pequeños pueblos perdidos entre montañas y valles, a lomos de caballo porque prácticamente no había otro medio de aventurarse por aquellos lugares indómitos. El rey quedó conmovido por aquel pedazo de la España profundísima que parecía estar hundido en una especie de agujero negro.

Tras la regia visita las cosas cambiaron muy tímidamente en Las Hurdes, pero su atraso secular continuó durante años. La dictadura del general Franco trajo cierto alivio a la comarca, con las repoblaciones masivas del territorio a base de pinos traídos de fuera. Esta reforestación a gran escala proporcionó miles de jornales a sus pobladores con los que frenar en parte la enorme hambruna, pero que, por contra, casi termina con su ecosistema natural.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMartílandrán

Hoy, cerca de cien años después de la regia visita, la comarca ha ido dejando atrás lentamente su estigma de leyenda negra. La mejora incuestionable de las carreteras que se adentran en estos valles y montañas del norte de Cáceres, ha sido clave en la mejora de las condiciones de vida de las gentes que los habitan. Esto ha ayudado también a que un sector, el turístico, haya puesto sus ojos en estas tierras y el interés por conocer la belleza natural de este pedazo de norte extremeño, haya contribuido al desarrollo de la comarca.

El turismo rural ha crecido de forma exponencial y ello se nota en la cantidad de alojamientos de este tipo que se extienden por los cuatro puntos cardinales de la comarca. Esta actividad, junto a la olivarera y la apicultura, son los pilares básicos de la tímida expansión económica comarcal que se ha producido en el nuevo milenio. Las Hurdes de hoy nada tienen que ver, por fortuna, con el panorama desolador que se encontró hace un siglo el bisabuelo del actual rey de España.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARío Hurdano a su paso por Vegas de Coria

La comarca hurdana es un territorio pequeño, de apenas quinientos kilómetros cuadrados de extensión, donde se asientan media docena de municipios con ayuntamiento propio, y treinta y siete alquerías, pequeños núcleos de población que pertenecen administrativamente a alguno de los ayuntamientos referidos antes. En total, la población supera poco más de los siete mil habitantes. Cualquier distrito de la ciudad de Madrid se comería literalmente a todo el censo de la comarca.

Adentrarse en la Hurdes significa imbuirse en un medio natural único, un ecosistema muy singular donde el agua es la protagonista absoluta. Agua que alimenta ríos, que moldean asombrosos meandros, y discurren por valles entre escarpadas montañas, montañas que a su vez forman sierras que se suceden en el mapa dando cobijo a una naturaleza desbordante donde podemos encontrarnos con centenarias madroñeras, tupidos bosques de castaños, bancales de olivos y también con pinos, muchos pinos.

Estos últimos, ya lo comentaba más atrás, no son autóctonos. La mayoría se traen de fuera para la repoblación de los montes dañados por los pavorosos incendios que asolan la comarca cada cierto tiempo. Una decisión, la de repoblar de esta manera, no demasiado acertada porque perjudica seriamente otras actividades ancestrales del pequeño territorio hurdano, como la apicultura o el pastoreo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMeandro río Alagón

Ya en las espesas hondonadas de los valles, los protagonistas son brezos, jaras, romeros y olivos. Todos ellos absolutamente esenciales en la economía comarcal. La miel, el polen, la jalea real, la aceituna, castañas, cerezas, higos, ciruelas y hasta manzanas, forman parte de la excelencia de calidad con la que se reconoce a este catálogo de productos de la tierra y con los que sus habitantes se ganan el pan de cada día.

Y si lo que se quiere es disfrutar de una buena gastronomía de mesa y mantel, recomiendo no perderse la caldereta de cabrito, que tanto predicamento tiene por estos valles y montañas, así como una buena tabla de embutidos. Por no olvidarnos de las célebres migas extremeñas y los postres del país, donde reinan las tartas realizadas con lo típico de la zona: higos, castañas, cerezas…

Uno de los elementos autóctonos que define muy bien la idiosincrasia de esta tierra dura y de gran belleza a la par, es la célebre casa hurdana. Fue la típica construcción en piedra y tejado de pizarra –abundante por estos lares- que acogía en su interior de manera penosa a familias y animales hasta no hace mucho tiempo. Poco a poco se están convirtiendo en reliquias del pasado aquí, en estos valles medio perdidos del norte de la comarca.

En la medida que Las Hurdes se han ido abriendo al mundo exterior, nuevas técnicas de construcción, más renovadas, pero carentes de encanto, del duro encanto de la casa hurdana, han traído edificaciones de nuevo cuño. Más modernas, más salubres, más aparentes, pero más impersonales. De alguna manera la comarca ha ido saliendo de su aislamiento impenitente; sin embargo ha perdido en la misma medida parte de su tipismo y esencia, aunque no en cultura y tradiciones, que la sabiduría y humildad de sus gentes han sabido preservar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACasas hurdanas en El Gasco

Hoy, con todo, y pese a esa evidente accesibilidad de la que goza la comarca, perviven aquí rincones perdidos entre las montañas, donde sus gentes viven ajenas a redes sociales, tráfico infernal en hora punta y mastodónticos engendros de acero y hormigón. Rincones donde el silencio nunca da permiso al ruido. Todo un reto de supervivencia para cualquier ortodoxo urbanita que consideraría este pequeño paraíso natural como lo más parecido al fin del mundo.

Aún así, ¿te atreverías a venir?…

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