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En agosto de 2011 me encontraba en Berlín pasando unos días para asistir a la conmemoración del cincuenta aniversario del levantamiento del Muro que se produjo un 13 de agosto, en 1961. En apenas una semana habrá también otra cita relacionada con el Muro, esta vez su caída un 9 de noviembre, pero de 1989. Veinticinco aniversario, pues.

Desde la capital alemana decidí en ese verano de hace tres años hacer una extensión de un día para conocer la capital del land de Sajonia: Dresde, 190 kilómetros al sur de Berlín. Para aprovechar bien el día, en un caso como este, lo mejor es tomar un tren regional de la Deutsche Bahn a primera hora de la mañana en la modernísima Hauptbahnhof de la capital alemana. De esta manera uno se puede plantar en la “Florencia del Elba“, como se conoce a Dresde, antes del mediodía, arribando a su histórica y renovada estación central, la Dresden Hauptbanhof.

 Dresden Hauptbahnhof

Dresden Hauptbahnhof

Un poquito de historia, de fatídica historia reciente. La bella capital sajona fue objeto de la sinrazón a mediados de febrero de 1945, poco antes de acabar la Segunda Guerra Mundial, cuando unos ochocientos bombarderos de la Fuerza Aérea Británica, la RAF, con el apoyo de la USAF norteamericana, castigaron sin piedad con una lluvia de bombas y fuego, en sucesivas oleadas y durante varios días, a una ciudad que no era realmente objetivo militar al carecer de fuerzas regulares del ejército alemán estacionadas en su interior. Todos los efectivos acuartelados en la ciudad estaban desplazados en el frente ruso para intentar contener el avance del Ejército Rojo.

Su relevancia venía dada por el hecho de ser un importante nudo de comunicaciones en el frente oriental, además de potente centro industrial. La población, fundamentalmente formada en ese momento por niños, mujeres, ancianos y cientos de miles de refugiados, se vio envuelta en un episodio trágico e incomprensible, aún no suficientemente explicado a día de hoy por las fuerzas aliadas. Sufrieron un auténtica tormenta de fuego y la explosión de casi cuatro mil toneladas de bombas que dejó arrasado el centro histórico de la ciudad y causó al menos unos 20 mil muertos, según conclusiones recientes de grupos independientes. Sin embargo hay fuerte controversia en la cifra final ya que sectores de derecha la elevan hasta casi el medio millón de víctimas.

Perfil de la Altstadt, Ciudad Antigua, y puente de Augusto en Dresde

Perfil de la Altstadt, Ciudad Antigua, y puente de Augusto en Dresde

Dresde quedó, tras la contienda mundial, dentro de la zona de ocupación soviética, en lo que a partir de 1949 sería la República Democrática Alemana, RDA. Se dinamitaron entonces los restos de muchos edificios barrocos en ruinas y empezó un lento periodo de reconstrucción. Las autoridades comunistas intentaron, al igual que sucedió con el Berlín Oriental, recomponer los efectos de la barbarie conjunta aliada, aunque con desigual fortuna.

En algunos casos sí se consiguió, como en la reconstrucción hasta el último detalle de la Semperoper, la Ópera Estatal Sajona. Otros, sin embargo, como la Frauenkirche -la iglesia luterana de Nuestra Señora- quedó muy dañada después de derrumbarse casi en su totalidad debido al devastador incendio que padeció tras los bombardeos aliados. Las autoridades locales comunistas de la ciudad concluyeron que era más rentable dejar las ruinas como un recuerdo a la barbarie de la guerra que afrontar una costosísima reconstrucción, tarea que por otro lado también era cuestionada por una parte de la población de Dresde.

dresde3   Frauenkirche. Foto vía Pixabay

Sus escombros estuvieron en medio de la ciudad durante 40 años y en 1966 el gobierno de la RDA declaró oficialmente las ruinas de la iglesia monumento contra la guerra. Finalmente, y después de la reunificación alemana de 1990, fue reconstruida fielmente utilizando incluso muchas piedras originales de la primitiva iglesia tras ser almacenadas y catalogadas previamente. Además, los restos de una de las torres y parte del coro se reintegraron en las tareas de reconstrucción que contó con numerosas y generosas aportaciones económicas de donantes privados de todo el mundo, más el dinero cedido por el Dresdner Bank y fondos públicos provinientes del ayuntamiento de la ciudad, el land de Sajonia y el Estado alemán. La nueva Frauenkirche se consagró en 2005.

Otros edificios religiosos como la Hofkirche, la catedral de rito católico-romano, situada en la Theaterplatz, se reconstruyó tras arder en la guerra hasta los cimientos, derrumbarse las cúpulas y quedar muy dañados sus muros exteriores. Todavía hoy pueden apreciarse diferentes tonalidades en sus piedras después del proceso de reconstrucción y rehabilitación que terminó en 1965.

  La Hofkirche elevándose al otro lado del Augustusbrücke

La Hofkirche elevándose al otro lado del Augustusbrücke

Pero junto a este buen hacer, grandes partes de la ciudad fueron reconstruidas siguiendo las pautas de la arquitectura soviético-estalinista típica de la época, basándose en recios y grises edificios, con mucho cemento y cristal, tan comunes a partir de los años 50 del siglo pasado en la zona oriental de Europa.

También se hizo por razones económicas. El elevadísimo costo que implicaba la fiel rehabilitación o reconstrucción de edificios antiguos, echó para atrás la voluntad de ponerlos nuevamente en pie, y se optó por una solución más práctica y económica. Por otro lado también era una manera de romper con el monárquico pasado sajón de la ciudad y de la influencia de una alta clase burguesa, que habían propiciado tiempo atrás la construcción de bellos edificios, palacios barrocos –como el Zwinger– y de magníficas iglesias.

Sólo una parte de todo este rico y vasto patrimonio monumental fue reconstruido con cierta o total fidelidad por las autoridades del régimen de la RDA. Sin embargo, ruinas como las de la gótica Sophienkirche, además de otros bellos edificios en forma de teatros o palacios, no corrieron la misma suerte y fueron directamente derribadas y quitadas de enmedio por esas mismas autoridades.

Un buen ejemplo de ese estilo prosoviético imperante en la época de posguerra fue el Kultur Palast, levantado en la década de los 60 en pleno centro histórico, a pocos metros de bellos ejemplos de arquitectura barroca. Una auténtica aberración y una alegoría de la lucha de clases, piedra angular del ideario socialista de la época. Se trata de un edificio multifuncional, para usos múltiples como conciertos, danza, conferencias, congresos… Cuando se inauguró en 1969, era el centro cultural de referencia no sólo de la ciudad, sino de todo el sur de la RDA.

Kultur Palast

Kultur Palast

La jornada la pasé callejeando por la Altstadt –la ciudad antigua- para cruzar después el Elba, a través del célebre puente de Augusto, y adentrarme en la Neustadt –la ciudad nueva-, menos monumental que la que dejé al otro lado del río, pero igualmente interesante y donde aproveché para almorzar.

Pasear por las calles del impresionante centro histórico de la capital de Sajonia es contemplar y admirar una herencia artística y monumental de enorme factura y belleza dejada por el hombre. Sin embargo, el mismo ser humano que puso en pie tal maravilla ha estado a punto de borrarla del mapa. Por fortuna no lo consiguió del todo.

Es probable que un día no sea tiempo suficiente para descubrir y empaparse de un patrimonio histórico-artístico y una tradición de música culta –Richard Wagner dio buena cuenta de su talento en esta ciudad- como el que atesora y se respira en Dresde. Sin embargo, sea cual sea el tiempo del que dispongamos, una visita a esta hermosa ciudad del sureste de Alemania siempre merecerá la pena si estáis de paso en este país.

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