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Hoy, 9 de noviembre de 2014, se cumple un cuarto de siglo de la caída de todo un símbolo de la Historia reciente de la Humanidad. Tras casi tres décadas en pie, un día como hoy, pero de 1989, se desmoronaba el Muro de Berlín. No fue por casualidad. El régimen comunista que sustentaba la República Democrática AlemanaRDA-, cuya capital coincidía con la parte oriental del antiguo Berlín del III Reich, se estaba pudriendo desde sus cimientos y desangrando por la huída masiva de sus ciudadanos a través de terceros países hacia la libre y capitalista República Federal de AlemaniaRFA-. Todo a un ritmo vertiginoso.

Resulta paradójico y hasta irónico que aquel paradigma de la Guerra Fría entre los dos bloques predominantes en el mundo en ese momento, como era el Muro de Berlín, y cuya existencia se mantuvo de forma férrea y cruenta, se viniera abajo de la manera más inocua, ridícula, casi irrisoria.

Faltaban pocos minutos para las siete de la tarde, de aquella fría tarde de otoño en Berlín Oriental, cuando un grisáceo gerifalte del aparato de propaganda del Politburó del SED, el Partido Comunista de la entonces RDA, se disponía a dar una de sus habituales y plomizas ruedas de prensa. Los periodistas congregados eran de la Alemania del Este, pero también había corresponsales acreditados de medios occidentales. Todos permanecían sumergidos en un aburridísimo letargo hasta que Günter Schawoski, nuestro anfitrión de aquel encuentro con la prensa local e internacional, soltó la bomba.

Empezó a leer un comunicado que llevaba en el bolsillo y que le habían pasado minutos antes de la rueda de prensa. Entre algún que otro titubeo provocado porque no se había leído previamente el comunicado, anuncia que todos los alemanes del este – y en consecuencia también los berlineses de la parte comunista de la ciudad- podían viajar a Occidente. Una segunda hoja que llevaba en el bolsillo, y que por despiste no sacó, aclaraba que aquella nueva normativa sobre viajes entraría en vigor al día siguiente, 10 de noviembre. Los periodistas despertaron de pronto de su soporífero letargo y se miraron unos a otros. No podían dar crédito a lo que acababan de escuchar. Fue entonces cuando un avispado corresponsal de la agencia italiana de noticias ANSA hizo la pregunta del millón. Desde qué momento sería efectiva aquella nueva regulación. El bueno de Günter miró su hoja, volvió a titubear e hizo posible lo que hasta aquel instante parecía imposible. Anuncia un tanto desconcertado: “con efecto inmediato”.

Lo que vino a continuación ya es historia y lo hemos visto y leído muchas veces a lo largo de estos años. Los acontecimientos se precipitaron a una velocidad de vértigo en aquella tarde-noche mágica y única, cogiendo a todo el aparato del Estado germano oriental comunista totalmente fuera de juego. El cataclismo histórico que supuso la apertura de la frontera se produjo a las nueve y veinte de la noche en el paso fronterizo de la Bornholmer Strasse, junto al puente Bösebrucke, uno de los ocho pasos fronterizos que existían en la ciudad dividida.

Han transcurrido ya veinticinco años de aquel momento histórico. Toda una vida o un instante, según se mire. Berlín ha sido testigo de enormes grandezas y trágicas miserias a lo largo del siglo XX, pero ha sabido reinventarse y sobrevivir a su propio destino. Hoy es una ciudad abierta, multicultural, en constante cambio. Todavía se notan algunas diferencias entre la parte este y oeste, pero a pesar de las dificultades, los retos y de la atroz herida que la desgarró durante casi treinta años, puede decirse que en la actualidad la herida ha cicatrizado y Berlín es la nueva capital de moda en Europa.

La foto que ilustra nuestro “Pic deLuxe” de hoy nos muestra el Bösebrucke, el puente que acogía el mítico paso de Bornholmer Strasse y por donde tuvieron el privilegio de cruzar los primeros atónitos e incrédulos berlineses del este hacia la tierra prohibida –hasta aquel momento- que era Berlín Oeste, al otro lado del temido Telón de Acero. Está tomada desde el antiguo sector comunista e incluso pueden verse restos del Muro en la parte derecha de la foto.

Esta entrada es un homenaje a todos los caídos en su intento por huir hacia la libertad durante los casi treinta años que el Muro berlinés permaneció en pie…

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