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Los viajeros lo sabemos bien. En el momento en que subimos a un avión, sencillamente puede pasar de todo y ser testigos de lo más inverosímil. Desde lo más jocoso a lo más desagradable.

Ocurrió a finales del pasado mes de noviembre, el día 26 concretamente. Una mujer se embarcaba en un vuelo de la compañía estadounidense “US Airways”, cuya salida estaba prevista a primera hora de la mañana desde el Bradley International Airport, en Connecticut, Estados Unidos. Hasta ahí todo normal.

Los problemas empezaron cuando en su “equipaje de mano”, el que todos subimos a bordo cuando embarcamos en un avión, se comprobó que portaba algo muy peculiar: un cerdo vietnamita barrigón. Y no lo llevaba oculto. Ni mucho menos. La buena mujer lo portaba a hombros y, para que fuera bien visible, el animalito llevaba un lazo verde que entonaba perfectamente con su bolso.

La pasajera ocupó su asiento y ató el cerdo al reposabrazos, pero a los pocos instantes el animal ya no paraba de moverse adelante y atrás. Su vecino de asiento, un profesor universitario, no daba crédito a lo que estaba viendo. Raudo envió un correo electrónico al periódico local para dar fe de lo que acontecía a bordo de aquel avión. Estamos en Estados Unidos amigos, donde la conciencia colectiva y personal están a la orden del día y este tipo de acciones de respuesta no son excepcionales.

Los pasajeros no tardaron en transmitir sus quejas a los auxiliares de vuelo debido al olor que desprendía el animalito en el cerrado y pequeño interior de la aeronave. Fue entonces cuando el personal de a bordo invitó a la singular pasajera para que se trasladara unos asientos más adelante. De poco sirvió.

El cerdito de marras, como animal de costumbres que es, no tardó en empezar a defecar en el pasillo, el olor se hizo insoportable, las protestas del pasaje fueron “in crescendo” y la tripulación tomó cartas en el asunto invitando de nuevo a la pasajera, esta vez a abandonar el avión, que aún seguía en la pista del aeropuerto esperando la orden de despegue. La compañía declararía con posterioridad que en un momento determinado la situación se había desbordado y el animal se había convertido ya en un problema perjudicial para todo el pasaje.

Un avión de la compañía "US Airways"

Un avión de la compañía “US Airways”

La pregunta es: ¿podía nuestra pasajera subir a bordo con el simpático animalito? Pues según parece, sí. En la legislación estadounidense un viajero puede llevar a su animal de compañía en el interior de la cabina. Eso sí, la mascota en cuestión debe portar una acreditación como “animal de apoyo emocional”. Esto significa que un médico puede autorizar que un paciente viaje con su mascota si le sirve como ayuda en una terapia o tratamiento emocional que esté llevando a cabo en ese momento. Y nuestro barrigón amiguito cumplía con el requisito terapéutico para su dueña.

¿Deberían haber continuado a bordo animal y propietaria? El debate está ahí. Aquí en España sería impensable por las limitaciones que existen para viajar con mascotas en el interior de un avión. Pero en Estados Unidos la ley amparaba a priori a esta pasajera.

¿Tenemos los humanos poca paciencia ante circunstancias, que si bien parecen desbordarse por momentos, tal vez podrían ser controladas con un poco de tacto y buena voluntad?

En fin. Espero que en el inicio de este puente festivo de la Constitución, aquí en España, no os encontréis con situaciones tan rocambolescas si tomáis un vuelo que os lleve a vuestro merecido descanso.

¡Buen viaje a tod@s! 🙂

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