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Cuando uno entra en ella inmediatamente se activan todos los sentidos. Admiración, fascinación, asombro. Uno no sabe verdaderamente dónde mirar porque cada esquina, cada ángulo, cada pared, cada centímetro cuadrado que conforma la Grand Place de Bruselas es, sencillamente una filigrana, una obra de arte.

Hemos llegado al corazón de la Bruselas histórica del siglo XVII, el centro geográfico y comercial de una ciudad a la que, y lo digo con franqueza, cuesta a priori asignarle una maravilla arquitectónica como ésta. Ya lo comentaba en mi entrada anterior, justo antes de venir a la capital de Bélgica. Bruselas huele a húmedo, a gris en el ambiente, a poca vida social… y nos hemos configurado una idea previa, algo estereotipada, de ciudad aburrida y sin lugares de interés para visitar. Esto para nada se corresponde con la realidad.

Bruselas es clasicismo, historia y cultura. Su patrimonio arquitectónico abarca todos los estilos posibles. Renacentista, gótico, barroco y por supuesto Art Nouveau, esa corriente innovadora y estética que barrió el Viejo Continente a fines del siglo XIX y principios del XX, dejando en la capital belga numerosos y notables ejemplos en bellos museos, villas y jardines.

DSCN6019Ayuntamiento

En la Grand Place –en francés–, Grote Markt -en flamenco-, uno se rinde ante edificios de una factura muy bella. El Hôtel de Ville –Ayuntamiento- quita el aliento a primera vista. Es la joya indiscutible de este recinto, y la más antigua puesto que data de finales del siglo XV. Su impresionante torre de 96 metros está rematada por una estatua de San Miguel y su tejado está literalmente perforado de pequeñas buhardillas. En su interior alberga un tesoro en forma de hermosos tapices de los siglos XVI al XVIII, artesonados góticos, blasones de los gremios de antaño y diversas pinturas.

El ayuntamiento comparte espacio y protagonismo con las maravillosas fachadas en pulcro barroco de las distintas casas gremiales. Hay que tener en cuenta que en el medievo la Grand Place estaba rodeada por un enjambre de callecitas adoquinadas, donde se asentaban distintos gremios de artesanos, comerciantes, orfebres…

Todavía hoy quedan como herencia diversas fachadas gremiales, no sólo en la plaza, también en las calles que la abrazan. “La Casa de los Duques de Brabante”, en estilo neoclásico, es en realidad un conjunto de seis casas gremiales; “Le Pigeon”, la vivienda donde el poeta y dramaturgo francés, Víctor Hugo, pasó sus años de exilio a mediados del XIX; la “Casa del Rey”, precioso edificio neogótico del siglo XVI, residencia de monarcas y hoy Museo de la Ciudad.

Y sobre todo no podemos abandonar la Grand Place sin pasarnos por “Le Roy d´Espagne”, en una de las esquinas de la plaza. Es el bar más famoso del recinto y yo diría que de todo Bruselas. Las vistas desde su terraza no tienen precio. En la fachada veremos un busto de Carlos II, el último de los Austrias que reinó en España y que también fue monarca de estas tierras belgas en el siglo XVII.

DSCN5918Casa del Rey 

A pesar de que los franceses destruyeron buena parte de la Grand Place en ese siglo XVII, fue reconstruida después con gran fidelidad y hoy podemos seguir admirando así uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes, no sólo de Bélgica, sino de toda Europa. Es, de lejos, el punto más concurrido de la ciudad, donde turistas y bruselenses se dan la mano y comparten la belleza de una arquitectura única, unida a los placeres más mundanos que proporcionan la excelente cerveza belga acompañada de unos típicos mejillones. Y por supuesto del mejor chocolate del mundo…

Galería de fotos

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Mi buen amigo Ángel asegura que la plaza Mayor de Salamanca, en España, supera a la bruselense. No seré yo quien le lleve la contraria. La salmantina es grandiosa, espléndida; pero personalmente me descubro ante esta inigualable filigrana llamada Grand Place, en la capital belga. No te enfades querido Ángel. 🙂

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