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Régua es, como decíamos en la entrada anterior, el principal punto de atraque y partida de los viajes en barco a través del Duero en territorio luso. Los portugueses han sabido ver el negocio más allá de la actividad vitivinícola, explotando también el río de forma turística con diversos tipos de cruceros fluviales.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPuerto de Régua

La empresa “Douro Azul” es la que dispone de la mayor y más moderna infraestructura para navegar por el Duero, aunque las posibilidades son muy diversas y se ajustan a todo tipo de presupuestos. El ir y venir de embarcaciones de diferente tamaño y calado es constante y se puede navegar por el río dentro de un amplio abanico de opciones en cuanto a duración y servicios a bordo. Tenemos a nuestra disposición para elegir entre pequeñas embarcaciones de recreo, rabelos, yates, barcos panorámicos… hasta auténticos hoteles flotantes.

Uno de los programas más espectaculares permite realizar un crucero fluvial de ocho días entre Oporto y la frontera española que, como colofón, ofrece visita y almuerzo en la ciudad de Salamanca. Pero también hay cruceros de 3 y 5 días de duración, todos ellos sujetos al número de pasajeros y la estación del año.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANavegando por el Duero

En mi caso compré un billete en Régua para descender por el Duero hasta mi destino final que no era otro que la maravillosa ciudad de Oporto, casi en la desembocadura del río. Todo dentro de la misma jornada. La salida del puerto fluvial se produjo en torno al mediodía y lentamente se fue perdiendo de vista la pequeña localidad ribereña al virar el barco hacia babor. La navegación es pausada y suave en todo momento, apenas se nota el movimiento sobre el agua de los imponentes barcos que diariamente hacen la ruta en ambos sentidos.

Pero la feliz travesía no está exenta de pequeñas emociones. El desnivel del río es uno de los obstáculos que los barcos tienen que sortear durante el viaje. El Duero es navegable en su totalidad a lo largo de suelo portugués gracias a un invento de la ingeniería: las esclusas. El paso de las esclusas y la desembocadura del río Támega en el Duero son, posiblemente, los dos puntos de mayor interés de la travesía, además de los maravillosos paisajes que vamos descubriendo desde cubierta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASaliendo de la esclusa de Carrapatelo

Mediante un sofisticado sistema de cinco esclusas nuestros vecinos han conseguido hacer navegable todo el río desde la frontera española hasta el Atlántico. Yo atravesé dos de ellas. De estas, la esclusa de Carrapatelo fue la primera que se construyó en Portugal –en 1972- y salva un desnivel de 12 metros. La operación dura unos veinte minutos y es una experiencia curiosa y excitante a la vez. Tomando una buena posición en proa el espectáculo será inolvidable.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATráfico fluvial constante

El viaje dura unas seis horas para recorrer 120 kms, e incluye un almuerzo a bordo. Pero el otro aliciente de la travesía es sin duda el entorno natural que nos acompaña en todo momento. Pintorescos pueblos, tradicionales quintas, bancales de viñedos, animadas piscinas naturales, frondosos bosques que se precipitan sobre las orillas, playas fluviales repletas de gente en época estival, fantásticos puentes decimonónicos, unos, y más modernos, otros…

Los paisajes son verdaderamente espectaculares y los aficionados a la fotografía encuentran en este tipo de viaje una auténtica mina. Las máquinas de fotos apostadas en cubierta echan humo sin parar a lo largo de esas seis horas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOporto a la vista

Después de una lenta pero entretenida navegación se aborda el punto final de la travesía: la gran urbe del norte del país y que corona la impresionante desembocadura del Duero: Oporto, Porto en idioma portugués. La bella ciudad portuguesa que nos espera en la siguiente y última entrega…

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