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Oporto es tradición y humildad. Estas dos palabras definen el carácter de la mayor ciudad del norte de Portugal y a la que hemos llegado –tal como contamos en la entrada anterior- descendiendo por el río Duero desde su curso medio alto. Tradición en costumbres, en la forma de entender y sentir la vida. Humildad en su activo más importante, que es la gente que habita la ciudad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOporto

Oporto tiene una población de unos 250 mil habitantes, si bien supera ampliamente el millón de almas si consideramos toda su área metropolitana: el Grande Porto. Está situada en la orilla derecha según el sentido de la marcha del caudal del río y frente a ella, en la orilla opuesta, se levanta otro municipio que acoge las muy reputadas cavas que guardan celosamente el caldo más famoso de Portugal y cuyo mosto es traído en barco desde río arriba: Vila Nova de Gaia. Todo a muy pocos kilómetros de la desembocadura del Duero en el Atlántico, el punto final de nuestra ruta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVila Nova de Gaia

Como ya he contado en entradas anteriores, buena parte del curso de este río ibérico a su paso por Portugal convive con impresionantes bancales de viñedos que descienden hasta su orilla. Allí nace, se cuida y se recoge con esmero la uva que luego dará lugar al excelente vino que se degusta en restaurantes de todo país y del resto del mundo.

Pero Oporto ofrece más, mucho más. ¿Me acompañáis para conocer la ciudad?

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVista general de Oporto

Su principal tesoro, para empezar, es un puente, un espectacular puente bautizado con el nombre de Luiz I, uno de los seis que sobrevuelan el Duero a su paso por Oporto. Su estructura guarda un más que notable parecido con una famosa torre parisina: la Torre Eiffel. Pero no es obra del famoso ingeniero francés especialista en estructuras metálicas.

Nuestro puente portugués –diariamente fotografiado desde todas las posiciones posibles- es obra de otro ingeniero, pero éste era belga y trabajaba con Eiffel. Se llamaba Téophile Seyrig y diseñó una suerte de mecano de 44,6 metros de altura y dos tableros. Fue inaugurado el 31 de octubre de 1886.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPuente Luiz I

El tablero inferior mide 172 metros y es usado para el tráfico rodado y peatones. Conecta directamente con la “Ribeira”, el pintoresco y laberíntico barrio que nace a orillas del río y se levanta por la ladera de una empinada colina. Su aire es un tanto decadente, pero muy popular.

El paso del tiempo se deja notar en los edificios y sus gentes son de clase humilde. Sin embargo es un auténtico imán para los turistas, atraídos por la enorme cantidad de pequeños restaurantes y típicas tascas. Es el lugar ideal para degustar lo mejor de la cocina tradicional portuguesa. Si queréis invitar a cenar a alguien especial en Oporto, éste es el sitio.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACais da Ribeira

El tablero superior, de 385 metros de longitud, es utilizado desde septiembre de 2005 por la moderna red de metro de la ciudad –su primera línea fue inaugurada en 2002- y por él pasa a cielo abierto la línea D.

También es usado por los viandantes para cruzar de una orilla a otra del río y de paso sirve para comunicar Oporto y Vila Nova de Gaia. Las vistas desde este punto son impresionantes. Estamos ante uno de los ejemplos más bellos de ingeniería aplicada a este tipo de estructuras de hierro que hay en el mundo. Y ahí lleva casi 130 años.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARibeira

Tras la visita del puente Luiz I el otro punto de interés en la ciudad está en la Torre-Iglesia de los Clérigos. La torre -con permiso del puente- es el auténtico símbolo de Oporto. Sus 76 metros de altura y su ubicación en la parte alta de la ciudad la han convertido en un punto de referencia único para propios y foráneos. Tanto la iglesia como la torre son todo un ejemplo de lo más granado del barroco portugués de mediados del XVIII y coronan una colina dentro del casco histórico de la ciudad que se conoce como el “Cerro de los Ahorcados“.

Tan macabra denominación se debe a que en otros tiempos se enterraba en este lugar a quienes eran ajusticiados. Tétrico, sin duda. Por otro lado, el profuso trasiego de navíos sobre el Duero, en el pasado, también se sirvió de la envidiada posición de la torre para orientarse en el río. Atentos: se puede acceder a su cota más alta, no sin antes salvar los 240 escalones que por el interior la separan del suelo. La recompensa será unas vistas de cine cuando el día está despejado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA   Torre de los Clérigos

El paseo nos lleva ahora hasta lo que yo llamo el corazón político y financiero de Oporto, situado por encima de la Ribeira, también en la parte alta de la ciudad, a pocos minutos de la Torre de los Clérigos. Se trata de la Avenida de los Aliados, flanqueada a ambos lados por magníficos ejemplos de arquitectura “art noveau” de principios del siglo pasado.

La avenida arranca en la Plaza de la Libertad, con la estatua ecuestre del rey Pedro IV presidiéndola. La mayor parte de los edificios levantados en este lugar son actualmente la sede de importantes bancos lusos, algunos de capital mayoritario español. La avenida se corona en su fondo norte con un bellísimo edificio modernista: la Cámara Municipal, el ayuntamiento de la ciudad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPlaza de la Libertad con la estatua ecuestre de Pedro IV. Al fondo, el ayuntamiento

La visita a la gran capital del vino no estaría completa sin acercarse a otros tres puntos clave para el viajero. El primero de ellos está situado en la popular rúa Santa Catarina, la calle comercial por excelencia de Oporto.

Después de pasar la tarde contemplando escaparates de afamadas firmas de ropa y zapatos, la propuesta obligada sería acabar en el Café Majestic, en el número 112 de esta calle. Se trata de un local de los años 20 del siglo pasado, si bien cayó en un estado lamentable de abandono en los ochenta. Tras ser restaurado abrió de nuevo al público en 1994.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA   Rúa Santa Catarina

El interior del Majestic recuerda de alguna manera a los viejos cafés decimonónicos centroeuropeos y en su momento fue lugar predilecto de reunión para artistas y escritores. En la actualidad, por desgracia, es invadido a diario por turistas de todo pelaje y procedencia, devaluando en cierta manera el espíritu que lo vio nacer. No obstante es casi de precepto dejarse ver por allí.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACafé Majestic

La siguiente visita es cultural y nos acerca hasta el 144 de la rúa de la Carmelitas, a pocos metros de la Torre de los Clérigos. En este lugar se encuentra una de las librerías más hermosas del país y de toda Europa: Lello e Irmão. El edificio que alberga esta singularísima librería data de principios del XX y es de un bello estilo neogótico.

Una vez atraviesas sus puertas te introduces en una especie de mágico decorado cinematográfico que te transporta varias décadas atrás. La portentosa escalera en madera labrada que hay en el interior se abre en dos brazos al subir por ella y comunica con el piso superior. Una vidriera localizada en el techo de esta estancia la ilumina de forma natural, lo que termina de perfilar ese aire místico, de otra época, que impregna todo el recinto.

Si tenéis tiempo os podéis sumergir en el olor y tacto de miles y miles de libros colocados en enormes y vetustas estanterías. Su interior estuvo sometido a la injusta norma de no poder ser fotografiado por clientes y curiosos. Por fortuna esta restricción ya es historia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALibrería Lello e Irmão

Y para concluir nuestra visita a la capital del norte portugués iremos hasta la mítica estación de ferrocarril de São Bento, punto de entrada y salida de la ciudad. Si bien hoy no es la estación central de Oporto, sí tiene mucho encanto y su situación en pleno centro, al lado de la plaza de la Libertad y de la sobria catedral románica del siglo XII –plantada en el lugar más alto de la ciudad-, convierte a la estación en paso casi obligado por delante de su fachada.

Actualmente parten desde aquí trenes que cubren diversas líneas regionales e interregionales; por ejemplo -y de interés para nosotros- la ya mencionada en entradas anteriores “Línea del Duero”. La estación fue inaugurada oficialmente en 1916, aunque desde fines del siglo XIX ya acogía la llegada de trenes. Su fachada exterior es soberbia, pero el principal tesoro lo encontraremos en su interior. El vestíbulo de la estación acoge 20 mil azulejos pintados en color azul donde se relata la historia de Portugal. Una historia de la que los portugueses, con cero soberbia, se sienten rotundamente orgullosos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEstación de São Bento

El centro histórico de Oporto está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pero junto a este Oporto tradicional existe otro más moderno y vanguardista nacido en las últimas décadas al amparo de nuevas creaciones y tendencias arquitectónicas.

La red del metro, el atrevido diseño de la Casa de la Música, el Museo de Arte Contemporáneo Serralves -el más visitado de Portugal-, la espectacular nueva casa del club de fútbol local de los dragones, el FC Porto, son todos ejemplos de ese Oporto más contemporáneo que, sin embargo, convive y se complementa de modo armonioso con el otro Oporto más decadente e histórico. Un Oporto innovador que se quedó fuera de este viaje por razones de tiempo. Ya tengo excusa para volver…

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