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Sólo hay que citar su nombre para imaginar de inmediato bellos paisajes de montaña cubiertos de nieve, enormes y milenarios glaciares, enérgicos ríos, lagos virginales, bosques y senderos. Un impresionante entorno natural que rodea a esta conocidísima población francesa que vive por y para satisfacer a los miles y miles de visitantes que acuden a ella, tanto en invierno como en verano, ávidos siempre de fuertes sensaciones.

chamonix1Monumento en honor a Horace Bénédict de Saussure y Jacques Balmat, pioneros en la conquista del Mont Blanc, en Chamonix

Chamonix –oficialmente “Chamonix-Mont Blanc”- es una de las estaciones de montaña más conocidas y reputadas no sólo de Francia, sino también de toda Europa. Está situada a una altitud de 1035 metros, en el fondo de un valle de origen glaciar por donde discurre el río Arve, afluente del Ródano, dentro del departamento –unidad administrativa similar a la provincia en España- de Alta Saboya, en la región Ródano-Alpes, al este de Francia, a muy pocos kilómetros de la frontera italiana y también próxima a Suiza.

Una situación geográfica absolutamente privilegiada en el mapa europeo, justo en el extremo suroccidental de la gran barrera montañosa de los Alpes. Pero lo que hace atractiva a esta localidad es su cercanía al coloso de roca, nieve y hielo que todos conocemos como Mont Blanc, el techo de Europa con sus 4810 metros de altura que fue coronado por vez primera en agosto de 1786.

chamonix5Macizo del Mont Blanc con la cima a 4810 metros (derecha)

El hombre ha sabido adaptarse aquí a una naturaleza muy dura, donde los extremos forman parte del vocabulario cotidiano y no es nada fácil “domesticar” el entorno para hacerlo accesible. Chamonix puede parecer la típica población de alta montaña, pero todo lo que nos ofrece dentro hace que no echemos de menos lo de fuera, en especial si venimos de una gran ciudad. Guarda el encanto y sabor de muchos pueblitos de los Alpes, conjugando al mismo tiempo una extraña mezcla de urbano y rural, de modernidad y tradición.

Verdaderos palacios y hoteles de la “Belle Époque”, fachadas art déco, iglesias barrocas de culto católico, capillas protestantes con siglos a cuestas… todos conviviendo armónicamente con modernas construcciones y chalets de estilo y aire alpino. Es la tarjeta de presentación de esta exquisita villa refugiada al amparo de los Alpes.

chamonix4Iglesia de Saint Michel et Prieuré en la plaza del Triángulo de la Amistad

A Chamonix hay que reconocerle un cierto aire de distinción, una pátina de elitismo que se hace evidente en sus calles, hoteles de lujo –el primero abrió sus puertas en 1816-, restaurantes, tiendas y locales de ambiente nocturno. Todo en sintonía con aquellos primeros turistas de clase adinerada que se aventuraron por estas escarpadas y heladas latitudes en el siglo XVIII.

Es cierto que las actividades deportivas ligadas al invierno, en especial el esquí, se han democratizado de manera llamativa con el paso de los años. Hoy más gente tiene acceso a ellas y las practica, pero en Chamonix el poder del dinero y lo exclusivo caminan de la mano por sus aceras. Con todo hay que reconocer que también uno se puede topar aquí con lo más variopinto del género humano. Gente de todo pelaje encuentra su hueco en estas mismas calles y aceras. Y ahí radica el atractivo y magnetismo de la localidad alpina. En definitiva su éxito como lugar ideal para una escapada en cualquier momento del año.

chamonix3Centro urbano de Chamonix

El impresionante y altivo medio natural que rodea a Chamonix, donde la nieve es la reina absoluta, atrae cada vez a más y más viajeros que quieren disfrutarla practicando esquí o snowboard en las numerosas estaciones de la zona durante el invierno. Y en época estival, ya sin el manto blanco cubriéndolo todo, las opciones pasan por la bicicleta de montaña, escalada, parapente, senderismo o visitar los grandiosos glaciares de los alrededores, como el espectacular Bossons, conocido como la mayor cascada de hielo de Europa y a tiro de piedra del Mont Blanc; o el Mer de Glace, el glaciar más grande de Francia y accesible desde Chamonix con el famoso y encantador tren de cremallera de Montenvers.

chamonix2Río Arve a su paso por Chamonix

No sólo el Mont Blanc acapara todas las admiraciones. El embrujo de numerosos picos –agujas, literalmente traducido del idioma francés- que se elevan por encima de los tres mil metros captan rápido la atención de quienes se acercan a Chamonix en cualquier instante a lo largo del año. De entre ellos, uno destaca por su peculiar forma afilada y por la panorámica en 360 grados que ofrece desde su punto más alto a 3842 metros: la Aiguille du Midi.

chamonix8Aiguille du Midi

Accesible en teleférico que se aborda casi en el centro de Chamonix, la subida se realiza en dos tramos. El primero nos deja a 2310 metros, en el paraje conocido como Plan de la Aiguille. Un trasbordo y el segundo teleférico nos asciende hasta los 3777 metros donde unas estratégicas terrazas nos permitirán otear horizonte de tres países distintos, en una maravillosa sinfonía visual de picos nevados que se yerguen majestuosos desde el fondo de los valles más recónditos de los Alpes.

chamonix7Vista de los Alpes desde la Aiguille du Midi

Por último, y si queremos unos metros más de emoción, un ascensor nos llevará hasta la misma testa de la Aiguille du Midi, a 3842 metros. Desde este simbólico punto tendremos el macizo del Mont Blanc casi al alcance de la mano y Chamonix rendida a nuestros pies. La mejor terapia para los sentidos. Ya no se puede pedir más…

chamonix6Valle de Chamonix desde la cima de la Aiguille du Midi, a 3842 mts. de altura

ACCESOS

A pesar de la complicada orografía que rodea Chamonix, lo cierto es que podemos llegar hasta la reputada población alpina por diferentes medios, ya sea ferrocarril –poco recomendable por las malas conexiones-, o autopista -a través de la A40- si nos movemos en territorio francés. Si venimos desde Martigny, en Suiza, una pintoresca ruta atravesando los puertos Col de la Forclaz y Col des Montets nos dejará en nuestro destino.

chamonix9   Túnel del Mont Blanc

Si la opción es venir desde Italia, en ese caso atravesaremos las entrañas de los Alpes a lo largo de casi doce kilómetros por el mítico túnel del Mont Blanc, inaugurado en 1965. La boca del lado francés asoma encima de Chamonix. Por el extremo italiano entraremos directamente desde Courmayeur, en el Valle de Aosta. Pero esa ya es otra historia viajera…

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