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El avión es el medio de transporte más rápido y seguro que existe, si nos atenemos a las estadísticas, claro está. De eso hay pocas dudas. El avión es usado a diario por millones de viajeros que se trasladan de un punto a otro del planeta, por lo general relativamente distantes, y compensar de esta manera tiempo total de viaje y coste del pasaje. Y cada mes se estrenan nuevas rutas que hacen que el mapamundi esté cada vez más interconectado entre todas sus esquinas. De todo esto también hay pocas dudas.

Pero las dudas asoman cuando uno lee noticias que parecen sacadas del “Club de la Comedia”, un exitoso programa de televisión a base de hilarantes monólogos. Confieso que lo que viene a continuación tuve que leerlo dos veces porque era difícil dar crédito a semejante sinsentido. Allá va.

A partir del próximo 1 de abril se inaugura una nueva línea aérea que va a unir dos capitales europeas que distan entre , atención,  apenas 55 kilómetros en línea recta. Desde esa fecha Vienacapital de Austria– quedará conectada por aire con Bratislavacapital de Eslovaquia– a través de un vuelo que será operado seis días a la semana por la compañía FlyNiki  -también conocida como NIKI-, una aerolínea low cost austriaca con base en el aeropuerto Schwechat de Viena, filial de la germana “Air Berlin” y que en su día fundara el expiloto de Fórmula 1 Niki Lauda.

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Desconozco las posibles ventajas de una ruta semejante a esta. El vuelo durará unos veinticinco minutos, tiempo al que habrá que añadir el que hay que estar en el aeropuerto de salida con antelación. A esto habrá que sumar tiempo de desplazamiento desde la ciudad hasta la terminal de salida, y a continuación entre la terminal de llegada y la ciudad de destino final. Si utilizamos el tren o el coche en la misma ruta, algo que a diario realizan cientos y cientos de personas, podemos viajar desde el centro de una capital al centro de la otra en menos de una hora.

Entonces, ¿qué sentido tiene el avión en un caso como este?. ¿Dónde está su rentabilidad?

No parece que un enlace por aire Viena-Bratislava sea coherente con los principios del transporte aéreo. Eso por no mencionar la dañina contaminación que provoca el avión cada vez que uno se sube ahí arriba, aunque se trate de un trayecto corto. El tema del daño medioambiental, siempre espinoso, parece que sólo lo ignoramos cuando la distancia entre origen y destino es considerable y el avión ahorra tiempo de viaje. En ese caso el factor dióxido de carbono lo damos, injustamente en mi opinión, por “amortizado” y nos olvidamos de su pernicioso efecto.

Mucho me temo que la ruta aérea que se inaugurará a comienzos de la próxima primavera entre Viena y Bratislava responda a criterios meramente propagandísticos de la aerolínea de marras. Más bien parece estar pensada, con perdón, para frikis ávidos de experiencias absurdas.

Foto vía Pixabay

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