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Se acerca el fatídico momento en el calendario. En unos pocos días, y como cada año hacia mediados del mes de marzo, comenzará la atroz tragedia instaurada por un país democrático, soberano y garante ante sus ciudadanos de todo un catálogo de avanzados derechos. No correrán la misma suerte, sin embargo, decenas de miles de crías de foca arpa que, en breve, serán protagonistas de una auténtica barbarie amparada en una más que dudosa legalidad e instaurada a su vez por el gobierno de un país desarrollado: Canadá.

En unas jornadas dará comienzo el exterminio sin contemplaciones de miles y miles de focas bebé, con entre dos semanas y tres meses de vida, a manos de cazadores desplazados para tal fin hasta la costa este de Canadá y Terranova, “tarea” en la que son ayudados a su vez por los pescadores de la zona. Despiadados y sanguinarios individuos que usarán para tan macabro fin artilugios como arpones, mazas con gancho (conocidas como hakapik) y rifles, estos últimos para los casos de aquellas indefensas crías que se encuentren sobre delgadas plataformas de hielo donde el hombre no puede poner sus pies.

El resto serán asesinadas “in situ” de la forma más salvaje y brutal, es decir, a golpes de maza que las dejarán inconscientes para después arrastrarlas enganchadas por el cráneo y finalizar tan espeluznante escena despellejándolas, en muchos casos sin haber muerto todavía (este punto verificado por veterinarios independientes).

Una auténtica salvajada consecuencia de un cumplimiento incorrecto de los mínimos protocolos que impone el gobierno y porque se actúa a toda prisa para alcanzar, lo antes posible, el fin último que no es otro que apoderarse de la cotizadísima piel que protege a los cachorros. El resultado cuando acabe esta próxima “campaña”, si nada ni nadie lo remedia, será el de miles y miles de focas bebé desangrándose y agonizando sobre el blanco manto helado. Un espectáculo esperpéntico y despiadado que no tiene justificación alguna.

Blanchon-idlm2006    Cría de foca arpa

Más arriba hablaba de dudosa legalidad, una legalidad impuesta bajo el argumento de que una abultada población de focas pone en peligro cada año los bancos de bacalao en la costa atlántica canadiense y el consiguiente daño para los pescadores locales. Sin embargo este punto no está suficientemente contrastado y además no se quiere reconocer los pingües beneficios obtenidos al comerciar con la piel, la carne y el aceite de estos animales. Al menos hasta ahora.

Por otro lado el gobierno canadiense se defiende de las críticas de las organizaciones defensoras de los animales señalando que esta “actividad” se realiza una vez al año de manera “controlada y supervisada”, el trato dado a los animales es “humanitario” y que en definitiva estamos ante una práctica “sostenible”. Pura demagogia.

Una actividad que dura unas pocas semanas, sobre una vastísima extensión de terreno y con cientos y cientos de desalmados, rifles, arpones y mazas en mano, tratando a la carrera de aniquilar cuantos más individuos mejor… ni está controlada ni supervisada convenientemente. El trato humanitario, mejor lo dejamos porque resulta casi ofensivo. Y la práctica sostenible no se sujeta ni con alfileres.

Con un gobierno concediendo cada año más licencias de caza y llevándose por delante una cantidad desproporcionada de individuos que jamás llegarán a la edad adulta, clave para su reproducción y supervivencia, me pregunto dónde está la pretendida sostenibilidad. Aquí sólo puede vislumbrarse un futuro catatrófico para la especie porque se está aniquilando de manera sistemática y sin pausa desde hace décadas.

Sirva un dato revelador: a mediados de la década pasada, y en apenas dos años, se dio caza a un millón de ejemplares en la costa este canadiense. Es cierto que el número de capturas ha descendido notablemente en estos últimos años debido sobre todo a la prohibición impuesta por la Unión Europa a partir de 2009, además de Rusia y otros estados, para importar productos derivados de estos pobres animales. Este hecho debería hacer recapacitar al insensible gobierno de la democrática Canadá, pero hoy por hoy todavía estamos ante una aberrante práctica que cada año tortura y cercena la vida de decenas de miles de criaturas indefensas.

Es por ello, por esta única razón, que desde hace muchos años mantengo vetado a este país. No dudo de sus maravillas naturales, de su patrimonio arquitectónico, de su rica multiculturalidad o de su excelente calidad de vida. Serían atractivos más que evidentes para visitar Canadá, pero mientras su gobierno siga dando cobertura a una práctica tan cruel y atroz, no pondré el pie en su territorio.

Foto vía Wikipedia Commons. Autor: Matthieu Godbou

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