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Es perfectamente visible cuando viajamos por la autovía A-2 que une Madrid y Barcelona, las dos ciudades principales de España. A la altura de Calatayud, en la provincia de Zaragoza, cuando la citada autovía bordea la bella población aragonesa, la mirada se clava en una esbelta y desafiante torre campanario que destaca por encima de todas las que perfilan su horizonte urbano.

Colegiata Sta. María la Mayor, Calatayud

Colegiata Sta. María la Mayor, Calatayud

La torre pertenece a uno de los monumentos más representativos de Calatayud: la magnífica Colegiata de Santa María la Mayor, todo un referente del mudéjar y el barroco en la Comunidad Autónoma de Aragón, y por extensión de toda España. La torre, construída en el siglo XVI, tiene una llamativa y original planta octogonal coronada por un chapitel de pizarra que se eleva hasta la nada despreciable cota de 70 metros. Al mismo tiempo custodia todo un maravilloso conjunto religioso que es el orgullo de los moradores de la pequeña ciudad aragonesa: la citada colegiata; en un primer momento, allá por el siglo XII, antigua mezquita ubicada en el mismo emplazamiento y escenario luego de acontecimientos de talla histórica como el juramento de los fueros de la ciudad por parte del emperador Carlos I y más tarde del rey Felipe III.

Torre campanario de la Colegiata de Santa María la Mayor

Torre campanario de la Colegiata de Santa María la Mayor

A pesar de los intentos por elevar la colegiata a la categoría de catedral, nunca se ha conseguido debido a los origenes árabes de Calatayud. Sin embargo la negativa de la Santa Sede no empaña un ápice la ausencia de dignidad catedralicia. Un maravilloso pórtico plateresco labrado en alabastro y unas magníficas puertas de roble y nogal nos permiten acceso a un interior que acoge con primor, entre otros, un impresionante claustro mudéjar, un coro y el retablo mayor, ambos en puro barroco. Si a esto le unimos la elegante torre mudéjar, adyacente al ábside -también mudéjar-, poco importa que desde las divinas alturas nos priven de tener una auténtica joya con talla de catedral. Además, como si de un justo desagravio se tratara, la UNESCO premió a la colegiata con el título de Patrimonio de la Humanidad en el año 2001. El broche de oro para “la muy noble, leal, siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud“.

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