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En el episodio anterior estábamos a punto de dejar Bregenz para afrontar la siguiente etapa de nuestra ruta entre dos espectaculares lagos situados en Austria, el Constanza y el Hallstatt. El objetivo ahora es llegar hasta la famosa ciudad alpina de Innsbruck y para ello la mejor opción es, sin dudarlo, el tren. El trayecto entre ambas ciudades se cubre en poco más de dos horas, atravesando el profundo valle del rio Inn, entre frondosos bosques e impresionantes picos nevados de más de dos mil metros de altura en los Alpes austríacos.

Desde la ventanilla del tren, camino de Innsbruck

Desde la ventanilla del tren, camino de Innsbruck

Innsbruck es la capital del actual estado federado austríaco –bundesland– de Tirol, que coincide en parte con la histórica región del Condado Principesco del Tirol. Su población es de unos 130 mil habitantes y está situada en pleno corazón de los Alpes, al oeste de Austria.

Innsbruck, a orillas del río Inn

Innsbruck, a orillas del río Inn

La ciudad está muy vinculada a la celebérrima y autóctona dinastía Habsburgo y por tanto es heredera de una apasionante y pródiga historia. El emperador Maximiliano I fue, sin género de dudas, quien marcó la impronta en la ciudad y en buena medida su legado nos ha llegado intacto, a pesar de las nefastas heridas que dejó la Segunda Guerra Mundial, hasta nuestros días en lo que conocemos como Altstadt, o Ciudad Vieja. No fue el único.

La emperatriz María Teresa y su esposo, el emperador Francisco I, sentían verdadera devoción por la capital tirolesa. Hasta tal punto que la Corte vienesa decidió que su hijo, Leopoldo II, celebrara en la ciudad su enlace nupcial con la infanta española María Luisa de Borbón, en 1765. Un año después de este feliz acontecimiento se producía un hecho luctuoso que traería la tristeza a la familia imperial. Francisco I fallecía repentinamente en Innsbruck debido a una apoplejía sobrevenida tras asistir a la ópera. El matrimonio tuvo dieciséis hijos y Leopoldo II llegó a ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico durante un breve periodo de tiempo de dos años, tras suceder a su hermano José II, quien había muerto sin descendencia.

Hofkirche, 1a. torre campanario de la izquierda, y la catedral con sus dos torres barrocas, a la derecha de la foto

Hofkirche, 1a. torre campanario de la izquierda, y la catedral con sus dos torres barrocas, a la derecha de la foto

Pero si hubo un miembro de los Habsburgo que sintió verdadera predilección por la capital tirolesa, ése fue el ya mencionado Maximiliano I. Convirtió la ciudad en una de sus residencias favoritas. Varios monumentos están muy vinculados a su persona, entre ellos la Hofkirche, la Iglesia de la Corte. En su interior se encuentra el mausoleo del emperador. La tumba –vacía- está adornada con importantes relieves en mármol que representan los momentos más importantes en la vida de Maximiliano I (1459-1519).

El otro punto religioso más relevante de la ciudad es la catedral católica de Santiago –Dom zu St. Jacob, en alemán-, un recio edifico barroco del siglo XVIII con una fachada “taladrada” por grandes ventanales. En su interior custodia una pintura con la delicada imagen de la Virgen de Lucas Cranach ocupando el altar mayor y un monumento funerario en honor del archiduque Maximiliano III de Austria, Gran Maestre de la Orden Teutónica, en el lado norte del templo.

Hofburg, la residencia oficial de los Habsburgo en Innsbruck

Hofburg, la residencia oficial de los Habsburgo en Innsbruck

A pocos metros de la plaza que acoge la catedral emerge del suelo uno de los edificios más nobles de la capital tirolesa, el impresionante Hofburg, el Palacio Imperial. Construido en estilo gótico tardío en las postrimerías del s. XV, la emperatriz Maria Teresa lo renovó posteriormente en estilo barroco tardío y le confirió un aire más vienés, con sus aposentos imperiales, fastuosas salas, la capilla y el jardín –Hofgarten– situado al lado del palacio. En su interior podemos admirar la gran sala barroca –Riesensaal-, con sus frescos y retratos de la familia imperial. Está considerada como la más importante y bella de toda la región alpina.

No lejos, una calle en Innsbruck representa como ninguna la gloria de tiempos pasados: la Maria-Theresien-Strasse, bautizada así en honor a la sin igual emperatriz y con siete siglos de vida ya a cuestas. Palacios barrocos, mansiones góticas y edificios neoclásicos se suceden a lo largo de la arteria más transitada y fotografiada de Innsbruck, originariamente situada extramuros y donde se asentaron las familias nobles para estar cerca del poder. Desde la Annasäule, la columna de Santa Ana, la vista hacia la imponente pared de los Alpes es sencillamente soberbia.

Maria-Theresien-Strasse

Maria-Theresien-Strasse

El Goldenes Dachl -Tejadillo de Oro-, es el auténtico símbolo de Innsbruck. Se trata de un doble balcón de gala construido en 1500, en la fachada de un edificio en pleno corazón del barrio gótico de Innsbruck. Destacan en ella los relieves que muestran escudos y símbolos relacionados con la vida de Maximiliano I. El conjunto se remata con un tejado formado por 2657 azulejos de cobre dorados a fuego.

De nuevo, y por segunda vez en este viaje, me volví a topar con un monumento de renombre cubierto con una lona que ocultaba trabajos de restauración y limpieza. Hay viajes en los que la mala suerte se hace pertinaz y no abandona al viajero. Sin embargo para compensar la desgracia de la lona, con sólo girar la cabeza unos grados me esperaba otro edificio de bella factura y éste sí pude contemplarlo en su esplendor. Se trata de la Helblinghaus, una de las edificaciones más bellas y llamativas de la Ciudad Vieja de Innsbruck. Nos quedaremos prendados con los ventanales, miradores, esculturas y conchas que adornan su irrepetible fachada barroca del siglo XV.

Helblinghaus

Helblinghaus

Estamos a ras de suelo, pero si lo que buscamos son buenas vistas sobre toda la ciudad y las espectaculares montañas que la circundan, sólo tenemos que subir a la última planta del moderno edificio que alberga la sede del Ayuntamiento, Rathaus en alemán. Parte de este edificio es una galería comercial –Rathauspassage– a la cual se puede acceder desde el núm. 18 de la María-Theresien-Strasse.

En la última planta está el “360 Grad”, un moderno bar cafetería donde se puede reponer fuerzas y admirar desde una terraza panorámica circular -de ahí su nombre- todos los rincones de la ciudad a vista de pájaro. Si el tiempo no acompaña siempre podemos refugiarnos en el interior donde sus amplios ventanales nos darán la oportunidad de explorar cada calle, cada fachada y cada tejado de la capital tirolesa desde una perspectiva única.

 "360 Grad"

“360 Grad”

Una de las mejores formas de recorrer Austria es, sin duda, utilizando su excelente red de ferrocarriles. La compañía estatal öBBFerrocarriles Federales Austríacos– llega a muchos rincones de esta pequeña república centroeuropea. Y allí donde no llega el tren siempre estará el complemento por carretera de un autobús interurbano. Aprovechando el tren… ¡nos vamos a Salzburgo!

Consejo para viajar de forma cómoda entre Innsbruck y Salzburgo:

Aunque Austria no dispone de una red de alta velocidad propiamente dicha, la compañía ÖBB ofrece a sus clientes un servicio ferroviario rápido y de alta calidad denominado “ÖBB railjet“, con WiFi gratis a bordo, un aspecto siempre importante para los viajeros.

Básicamente el Railjet opera tres líneas internacionales que conectan Budapest con Múnich pasando por Viena y Salzburgo; una segunda línea conecta Viena y Zúrich con paradas en Salzburgo, Innsbruck y Bregenz. Además, desde diciembre de 2014, ÖBB railjet también opera trenes hacia Praga y Brno, ambas en la República Checa, con origen en Graz y pasando por la nueva estación central de Viena -Wien Hauptbahnhof-.

De esta manera si queremos viajar por el interior de Austria entre ciudades importantes ubicadas dentro de esas rutas, el Railjet siempre puede ser una buena opción y además no demasiado cara. Más INFO en la web de los Ferrocarriles Federales Austríacos.

Railjet en la estación central de Salzburgo

Railjet en la estación central de Salzburgo

El trayecto entre Innsbruck y Salzburgo dura apenas dos horas y parte de su recorrido lo hace atravesando Baviera por el llamado “Deutsche Bahn Korridor”, un pasillo ferroviario que atraviesa territorio alemán y que evita realizar un gran rodeo en suelo austríaco para conectar ambas ciudades.

Mientras los trenes austríacos circulan por este corredor no realizan ninguna parada, por lo que el tiempo de viaje se acorta considerablemente. Este corredor se abandona a la entrada de Salzburgo debido a que la ciudad patria de Mozart está justo en la frontera entre la República Federal de Alemania y Austria.

Si os animáis, en la siguiente entrega conoceremos Salzburgo 🙂

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