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En la entrada anterior nos habíamos quedado a las puertas de Bad Ischl, en la región de Salzkammergut, en la confluencia de los ríos Ischl y Traun. Una pequeña ciudad que como tantas otras de esta república centroeuropea atesora un rico pasado muy vinculado a la gran dinastía de los Habsburgo.

Río Traun a su paso por Bad Ischl

Río Traun a su paso por Bad Ischl

Pero si ha habido un miembro de esta dinastía especialmente conectado con Bad Ischl, éste sin duda fue el emperador Francisco José I. Y con él, su aclamada esposa, la emperatriz Elisabeth, popularmente conocida como Sissi. Aquí se conocieron los dos y aquí se prometieron. La ciudad se convirtió así en destino veraniego predilecto para la pareja imperial y su residencia quedó fijada en una hermosa villa palaciega, regalo de bodas de la madre del emperador, que a partir de entonces pasó a conocerse como Kaiservilla. Puede visitarse algunas de sus partes, entre ellas un museo histórico. También resulta de interés disfrutar de los jardines que rodean la regia mansión.

Sparkassenplatz, en el centro de Bad Ischl

Sparkassenplatz, en el centro de Bad Ischl

Bad Ischl conjuga buenos y malos tiempos. En la pequeña población se fraguó una romántica relación amorosa digna del más brillante papel couché, pero al mismo tiempo desde aquí, en 1914, el emperador Francisco José I lanzaría un ultimátum a la vecina Serbia tras el atentado de Sarajevo que supuso la desaparición del heredero imperial y su mujer. A este ultimatum seguiría la posterior declaración de guerra con la que el Imperio Austro-Húngaro entraría oficialmente en la Primera Guerra Mundial, esa trágica contienda bélica que tan desastrosas consecuencias tuvo para los Habsburgo, todo su imperio y buena parte del orden establecido en el Viejo Continente, cuyos cimientos saltaron por los aires.

Pfarrgasse. Bad Ischl

Pfarrgasse, Bad Ischl

Dejando al margen las penurias de la guerra, Bad Ischl debe fama y reconocimiento a su célebre balneario. Desde que en el siglo XIX la salmuera comenzara a utilizarse con fines médicos, esta circunstancia fue aprovechada por la villa para convertirse en el reclamo principal de la alta aristocracia austríaca. De esta forma en 1828 abrió sus puertas el Hotel Post, convirtiéndose así en el primer establecimiento hotelero de Salzkammergut.

Konditorei-Kaffee Zauner

Konditorei-Kaffee Zauner

Nos marchamos de Bad Ischl. Bueno, todavía no. Aún queda cumplir con el rito de pasarnos por el célebre “Zauner“, en el número 7 de la Pfarrgasse. Se abrió al público en 1832 y se puede decir que el tiempo prácticamente no ha pasado por el emblemático café. Su exquisita repostería sigue haciendo las delicias de los clientes como lo hacía en la época imperial. Su interior mantiene la decoración y el mobiliario casi como en tiempos de los Habsburgo. Entrar en el decimonónico Zauner y sentarse en una de sus mesas para degustar cualquier bebida caliente, acompañada de algún delicado dulce, os hará sentir como en una película de época. Ahora sí. Abandonamos Bad Ischl.

Hallstättersee, lago Hallstatt, en Salzkammergut

Hallstättersee, lago Hallstatt, en Salzkammergut

La región de Salzkammergut es famosa por su atractivo entorno natural y, sobre todo, por la gran cantidad de lagos que se extienden por toda la zona. De entre la treintena de lagos que podemos explorar nos quedaremos con uno y que, además, constituye el punto final de nuestra ruta: el lago Hallstatt.

Hallstatt

Hallstatt

Para acceder hasta el lago desde Bad Ischl podéis tomar un autobús. Salen varios a lo largo del día desde una marquesina que hace las veces de estación de autobuses y está situada anexa a la estación de ferrocarril, en su lado derecho. El trayecto dura unos 20 minutos aproximadamente y tras un recorrido lleno de curvas por fin alcanzamos la pequeña –apenas 800 habitantes- y encantadora villa de Hallstatt, en la orilla occidental del lago que lleva su nombre. Si optáis por el tren deberéis tener en cuenta que la estación de ferrocarril de Hallstatt se encuentra justo en frente del pueblo, en la ribera oriental del lago. Un transbordador estará esperando para poder llevar al viajero hasta la orilla opuesta y atracar sin contratiempos en el pequeño embarcadero de Hallstatt. Una original forma de alcanzar nuestro destino.

Markplatz de Hallstatt

Markplatz de Hallstatt

La situación geográfica y su especial orografía provocaron que este idílico lugar estuviera prácticamente aislado por tierra hasta el siglo XIX. Tan sólo se podía llegar hasta aquí por barco o a través de estrechos y tortuosos caminos. Una vez en Hallstatt hay que dirigirse directamente a la Markplatz, la plaza del mercado. Esta plaza es el corazón de este pintoresco pueblito. Allí os quedaréis prendados de sus fachadas llenas de flores y enredaderas. También su fuente central os llamará la atención.

Iglesia protestante de Hallstatt

Iglesia protestante de Hallstatt

Al lado de la plaza se encuentra la esbelta iglesia protestante, de estilo neogótico y que abrió sus puertas a los fieles en 1863. Pese a la secular tradición católica del país, católicos y protestantes conviven sin mayores problemas. Pero no siempre fue así. Durante siglos la reforma protestante provocó agrios episodios de agitación y lucha por parte de quienes confesaban ser protestantes. En la época del emperador José II, a fines del siglo XVIII, hubo una cierta relajación y los protestantes pudieron practicar su fe, aunque con ciertas restricciones. Fue el ya citado y siempre recordado Francisco José I quien determinó la plena igualdad entre ambas religiones y tolerancia mutua que han llegado hasta hoy.

Ascendiendo hacia la iglesia católica de Hallstatt

Ascendiendo hacia la iglesia católica de Hallstatt

Por esta razón en Hallstatt también encontraremos junto a la iglesia protestante la correspondiente iglesia parroquial católica, la Pfarrkirche Maria Himmelfahrt, del siglo XVI. Detrás de esta última podremos visitar el famoso osario –Hallstätter Beinhaus-, con más de un millar de cráneos curiosamente decorados. En cada uno se señala el nombre y las fechas de nacimiento y muerte del finado. Una singular y algo tétrica manera de terminar nuestra visita a esta coqueta villa austríaca que domina el pequeño lago al que se asoman sus empinas calles, con casitas que literalmente cuelgan sobre sus aguas.

Y con la visita al Osario de Hallstatt también ponemos fin a esta interesante ruta que empezamos allá en Lindau, en tierras de Baviera. ¿Os acordáis?

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