Nunca olvidaré la cara de espanto de mi vecino de asiento durante aquel vuelo que desde Madrid me llevaba hasta Múnich -Alemania- hace unos meses. En la capital bávara debía realizar una escala con destino Viena. De pronto el señor, de unos sesenta años y sentado a mi lado junto a la ventanilla, acababa de descubrir un pequeño agujero en ella. Alarmado me tocó en el brazo y me lo señaló. “Nos vamos al suelo”, sentenció. Yo miré el agujerito y con una sonrisa traté de tranquilizarle. “No se preocupe”, le dije. “Ese orificio tiene su función y no nos vamos a ir al suelo. Al menos hoy…”

Veamos. Un avión, no lo vamos a negar ni siquiera los más experimentados, siempre impone respeto. Embarcamos, nos sentamos en nuestro asiento, abrochamos el cinturón y a partir de ese momento se dispara un mecanismo de cautela, lógico por otra parte, ante cualquier imprevisto que pudiera surgir desde el mismo instante en el que el avión empieza a rodar por la pista.

Por fortuna, y a pesar de recientes y llamativos accidentes aéreos, el avión, estadísticamente, sigue siendo el medio de transporte más seguro. Casi nada en estos ingenios del aire queda al azar o está fuera de un control exhaustivo. Por eso el agujerito localizado en las ventanillas, y que tan nervioso puso a mi pobre vecino de asiento en aquel vuelo, tiene su razón de ser. Puede que muchos lo sepáis, pero para aquellos que lo ignoren paso a explicarlo de manera breve. Así la próxima vez que suban a un avión no se llevarán un susto de muerte cuando miren alegremente por su ventanilla.

Sin entrar en muchos detalles técnicos que aburrirían a cualquiera, las ventanillas que vemos en las aeronaves llevan tres capas separadas de un vidrio altamente resistente a impactos de bala, o aves. Incluso al fuego. Las dos exteriores forman parte del propio fuselaje del avión, y la interior, la que nosotros podemos tocar, es prácticamente decorativa y evita que podamos alcanzar a las otras dos que son las importantes de verdad.

Una rotura de alguna de ellas sería catastrófico para el avión y todo su pasaje. La capa del medio es la que tiene el célebre agujero y su función es liberar y compensar la presión que existe entre los paneles que conforman la ventanilla. La diferencia de presión que hay entre el exterior y el interior de nuestra aeronave es tremenda cuando ésta se encuentra en pleno vuelo.

Diferentes válvulas corrigen esa diferencia a lo largo de toda la estructura del avión durante el vuelo y hacen que podamos respirar el aire del interior de la cabina, aunque nos encontremos a más de diez mil metros de altura. Es lo que llamamos sistema de presurización del avión. Liberar y equilibrar la presión entre el panel medio y el exterior en las ventanillas es vital para evitar una rotura y la inevitable explosión que vendría a continuación.

Así pues queridos lectores, todos tranquilos. En vuestro próximo vuelo olvidaos de ese inocente agujerito y simplemente disfrutad del maravilloso espectáculo que siempre supone mirar a través de la ventanilla de un avión. Si el tiempo en el exterior no lo impide, claro 🙂

Foto vía Pixabay.com

Anuncios