“Viajas más que las maletas. Acumulas más millas que un piloto de aviación. Yo quiero viajar tanto como tú”… Son expresiones habituales que quienes dedicamos nuestro tiempo a viajar, bien por placer, bien por motivos profesionales, bien porque nos dedicamos al periodismo de viajes, escuchamos con frecuencia y siempre acompañadas de un cierto rictus de envidia -sana- en la cara de nuestros interlocutores. Sin embargo detrás de ese halo romántico y placentero que a menudo desprende la acción de viajar, existe otro aspecto menos glamuroso y excitante. Y es que viajar, querid@s lector@s, a veces, demasiadas, resulta bastante duro y complicado.

Vamos a dejar de lado los viajes organizados, donde al turista -obsérvese que no digo viajero- se le lleva de un lado a otro, sin preocupaciones ni perturbaciones para él. Por el contrario, cuando vas por esos mundos de Dios por tu cuenta, cuando tú te lo “guisas” todo, hasta el último detalle, viajar puede resultar no tan agradable y placentero como lo ven los demás. Y si además de viajar tienes, mientras estás en marcha, inquietud y deseo de compartir tu experiencia con el resto del mundo a través de tu blog, entonces ya cuadramos el círculo.

oficina móvilCon mi oficina móvil en Hong Kong

Por referirme a mi última experiencia viajera de la cual acabo de aterrizar. He dormido mal e incómodo en asientos de autobús o tren; he pasado un calor espantoso, he sufrido rozaduras bastante dolorosas en los pies, pese a todas las precauciones tomadas de antemano; he comido a veces rapidito y en cualquier sitio, he bajado el primero a desayunar en el hotel y llegar así a tiempo al primer barco para aprovechar mejor el día; me he levantado a las cinco de la mañana para escribir mi post y colgarlo en el blog… Y pese a ello, querid@s lector@s, no lo cambiaría por nada.

Yo tengo la fortuna, tal como están las cosas, de poder trabajar. Pero mi trabajo nada tiene que ver con el mundo del turismo o de los viajes. Viajo por pura inquietud de conocer mundo, de ser mejor persona, porque viajar te hace mejor persona, por esa pasión indescriptible que sentimos quienes agarramos nuestra mochila, la llenamos con lo imprescindible y nos lanzamos hacia la aventura. Los imprevistos, las calamidades, el cansancio, los problemas -a veces complicados- que surgen por el camino, las inclemencias del tiempo… nada tumba ese deseo irrefrenable de viajar, vivirlo y de paso contarlo en tu blog, si lo tienes, como es mi caso.

Desde estas modestas líneas quiero animar a quienes me leen para que cambien de aires y conozcan otras gentes y lugares. Soy consciente que viajar puede no estar al alcance de todo el mundo, pero hay opciones para todos los gustos y bolsillos. Si tenéis posibilidad, no lo dudéis. Dejad vuestra zona de confort que es vuestra casa y lanzaros. Y si no, siempre podréis visitar “La Mochila De Marco Polo” 🙂

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