Hace unos días recibí un correo que me conmovió profundamente. Procedía del otro lado del océano Atlántico, de un país de Latinoamérica. Lo remitía una persona desde su lugar habitual de residencia, un lugar demasiado complicado y difícil para pasar el día a día de cualquier ser humano.

Mariela, nombre ficticio, me escribía desde una penitenciaría donde está cumpliendo condena. Ignoro el motivo por el que se encuentra en tal situación, ni voy a prejuzgar nada en absoluto. Sería imperdonable por mi parte. No soy quien para valorar conductas ajenas, del tipo que sean, en un medio público y abierto como es este blog. Ignoro cómo Mariela, nombre ficticio, insisto, ha tenido acceso a esta humilde bitácora. Tal vez alguien del exterior le ha hablado de ella o haya podido conectarse a internet de alguna manera.

Lo que verdaderamente me impresionó del correo fue el valor que esta lectora daba a los contenidos e imágenes de este blog, contenidos e imágenes que le permitían soñar con un mundo más allá de los barrotes de su celda y los muros de la prisión.

Siempre he pretendido que “La Mochila De Marco Polo” tuviera unos fines claramente divulgativos y de entretenimiento. Ahora observo, con gran satisfacción para mi, que también tiene ciertos fines, llamemos terapéuticos, si se me permite la expresión; al menos para algunas personas como Mariela, alguien que está atravesando un momento complicado en su vida y ha encontrado en este modesto blog una vía de evasión que la ayuda a sobrellevar su estancia forzosa en la cárcel.

Es reconfortante, y mucho, saber que el tiempo que un bloguero dedica de manera desinteresada y altruista a su pequeña criatura cibernética, puede llegar a tener una respuesta tan gratificante desde el otro lado de la pantalla.

Quiero acabar este post con una imagen que ayude a nuestra lectora -y en general a todo aquel o aquella que esté pasando por una situación difícil- a evadirse por unos instantes y aparcar momentáneamente cualquier pensamiento negativo.

atardecer-asturias

Un día más toca a su fin. Un día menos…

Foto cortesía de Pablo Chacón

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