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En Corea del Sur la libertad de creencia y culto está garantizada por la Constitución, pero el siempre goloso pastel de la religión se lo reparten mayoritariamente budistas y cristianos, éstos últimos, en su rama católica, en franco avance debido en parte a los esfuerzos del Vaticano por captar y fidelizar “suscriptores” en esta zona del mundo desde que el catolicismo fuera introducido en el país coincidiendo con los últimos suspiros de la dinastía Joseon, en los albores del siglo XX.

Pero cristianos también son los evangelistas que gozan de amplio predicamento entre la población dada la importante difusión del evangelismo en escuelas y universidades. A poco que nos movamos por las calles de Seúl veremos elevarse hacia los cielos una cantidad nada desdeñable de campanarios y cruces latinas.

DSCN0416Catedral católica de Myeong-dong, Seúl

La suma de católicos y evangelistas encarama al cristianismo al primer puesto en las creencias religiosas de los surcoreanos quienes, por cierto, declaran no profesar ninguna religión casi en un 50%. Curiosos datos, ¿verdad?

Pero en esta entrada no voy a hablar del cristianismo aquí en Corea del Sur, donde me encuentro ahora mismo. En esta ocasión voy a referirme a las otras dos religiones que históricamente más adeptos han tenido en este pequeño país asiático por ser en esta región del planeta donde surgieron y se expandieron. Me refiero al budismo y al confucionismo.

DSCN0363Entrada al templo budista de Jogyesa

Los budistas ocupan actualmente el segundo lugar en seguidores, tras los cristianos, evangélicos y católicos juntos. Por su parte, el confucionismo -más un código ético que una religión en sentido estricto- fue introducido en Corea por la dinastía Joseon en el siglo XIV y adoptado como culto oficial a lo largo de varios siglos. Pero en la actualidad el confucionismo tiene una presencia casi testimonial en el país, si bien su relevante papel histórico hace que goce de gran respeto. Ser, pues, seguidor de Buda o seguidor de Confucio significa tener dos lugares sagrados en Seúl. Los primeros lo tienen en el Templo Jogyesa, los segundos en el Santuario Jongmyo.

DSCN0393Edificio “Gran Héroe” del Templo Jogyesa

Jogyesa es el epicentro del budismo zen en Corea del Sur. Tanto como lugar de culto para sus adeptos como a efectos administrativos. Fue construido a fines del siglo XIV pero un incendio acabó con él y se reconstruyó a principios del siglo XX. Su altar es el punto más venerado y sagrado para los budistas de este país. En el patio, cerca del templo, se levanta una pequeña pagoda de piedra que acoge las cenizas de Buda, traídas por un monje cingalés poco después de la reconstrucción de Jogyesa.

En el jardín del patio, una acacia de 26 metros de altura y cuatro de diámetro, plantada frente al edificio principal, se estima que tiene sobre 450 años. Y un pino de doce metros de altura, a poca distancia, tiene según datación casi cinco siglos a cuestas. Todo esto carga todavía más, si cabe, de simbolismo a este lugar de por sí ya sagrado y simbólico para los budistas coreanos.

DSCN0396Pagoda que acoge las cenizas de Buda

DSCN0399Acacia centenaria

DSCN0373Altar de Jogyesa y culto a Buda

Jongmyo, por su lado, es el santuario confucionista más antiguo y auténtico de cuantos se han levantado y conservan en Corea del Sur, y ello a pesar de que a fines del siglo XVI la primera invasión japonesa lo redujo a cenizas. Está estrechamente vinculado a la monarquía Joseon ya desaparecida; de hecho se construyó para honrar a los ancestros de los reyes y apoyar así de paso a la nueva dinastía recién desembarcada a finales del siglo XIV. De esta forma Jongmyo jugaba un doble rol: uno estrictamente religioso y otro claramente político. Por esa razón en su interior se custodian las tablillas que registran las enseñanzas de la dinastía Joseon.

DSCN0108Jeongjeon, edificio principal del santuario Jongmyo

Jongmyo es escenario desde el siglo XIV, cuando se construyó, de ritos, música, cantos y danzas que le han servido para obtener de la UNESCO la declaración, en 2001, de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Antes incluso, en 1995, la misma UNESCO ya había reconocido a este ancestral santuario como Patrimonio de la Humanidad por la perfecta integración de su arquitectura en el entorno que le rodea siguiendo los principios del confucionismo.

Accesos en metro:

Templo Jogyesa: estación Jongno 3(sam)-ga de las líneas 1, 3 y 5

Santuario Jongmyo: estación Jonggak de la línea 1/estación Anguk de la línea 3

Entradas:

El acceso al templo Jogyesa es libre y gratuito.

El acceso al santuario Jongmyo es previo pago de una entrada de 1000 won, unos 0.80 EUR (dato de 2015).

IMPORTANTE: LAS VISITAS POR EL INTERIOR DEL RECINTO DE JONGMYO SON GUIADAS (A DETERMINADAS HORAS). NO SE PERMITE DEAMBULAR EN SOLITARIO POR LOS JARDINES, NI ENTRAR EN LOS EDIFICIOS.

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