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En la última entrada estábamos a punto de sumergirnos en la atmósfera de las calles y plazas de la fascinante capital de Austria, la elegante y exquisita Viena. Hemos llegado, nos hemos instalado y es momento ya de empezar a buscar la huella de los Habsburgo en la ciudad. Para ello la primera visita a realizar no ofrece dudas. Nos vamos hasta la catedral de San Esteban, “Stephansdom.

Catedral de San Esteban, Stephansdom, Viena

Catedral de San Esteban, Stephansdom, Viena

Stephansdom se sitúa en la pequeña plaza del mismo nombre, justo en el centro de la capital, en el corazón del distrito 1. La actual catedral se levantó entre los siglos XIV y XV sobre las ruinas de dos antiguas iglesias de las cuales todavía quedan vestigios en la fachada. San Esteban presenta una mezcla de estilos. Predomina el románico por los restos de la segunda iglesia, del siglo XIII, sobre todo en la fachada de poniente y su enorme puerta. A comienzos del XIV comienza –por la influencia de la poderosa burguesía local- la construcción propiamente dicha de la actual catedral donde va a predominar el estilo gótico.

Torre gótica de San Esteban

Torre gótica de San Esteban

El resultado será un portentoso edificio de tres naves con una impresionante torre meridional gótica en forma de agujaStefflque se eleva hasta los 137 metros de altura y a la que se puede subir paciente y fatigosamente a través de una escalera de caracol. Pero hay otra torre, al norte, inacabada y que se remató en el siglo XVI con una cubierta renacentista. El tejado de la catedral es otra maravilla con sus más de 250 mil azulejos formando el escudo de Austria. La nave central, el coro y las capillas laterales son netamente góticos.

Nave central de San Esteban

Nave central de San Esteban

El vínculo de este edificio religioso con la Casa Habsburgo se materializó a fines del siglo XV cuando se construyó en su interior una tumba, en estilo renacentista, para el descanso eterno del emperador Federico III. No fue el único. Varios Habsburgo reposan en el altar mayor. También Mozart se rindió al encanto de la catedral y aquí celebró su boda y aquí se llevó a cabo su funeral. San Esteban es un hito en Viena. Su perfil es perfectamente reconocible desde cualquier esquina de la ciudad y sirve, por tanto, como punto de orientación para los vieneses y viajeros.

Una vez finalizada la visita a la catedral podemos perdernos por el entramado de calles y plazas que constituyen el centro histórico de Viena. En esta parte de la ciudad se sitúan las mejores firmas de ropa, zapatos y todo tipo de complementos. Hablamos de la Karntnerstrasse, Graben, Rotenturmstrasse, Kohlmarkt, Hoher Markt

Graben, Viena

Graben, Viena

Graben es muy posiblemente la arteria más elegante de Viena. Graben significa foso o zanja en alemán y alude a eso, a la zanja que construyeron los romanos para proteger a la antigua Vindobona –la primitiva ciudad- del ataque de intrusos. En el medio de la calle, con sus típicos edificios vieneses, se eleva la imponente y barroca “Columna de la Peste”, mandada levantar por Leopoldo I para conmemorar el fin de la peste que asoló Europa durante el siglo XVII.

Columna de la Peste

Columna de la Peste

Una vez saciado el apetito consumista daremos nuevas oportunidades a la cultura. A pocos minutos de la Stephansdom se encuentra el “Hofburg“, el Palacio Imperial, la principal residencia de los Habsburgo en la ciudad durante más de seiscientos años y actual residencia oficial del presidente de la República.

Palacio Imperial, "Hofburg", en la Heldenplatz de Viena

Palacio Imperial, “Hofburg”, en la Heldenplatz de Viena

Este enorme castillo cuenta con más de dos mil seiscientas estancias que se reparten por dieciocho alas y una docena de edificios. Como es obvio, una visita más o menos detenida nos llevará bastante tiempo, por lo que habrá que planificar bien la jornada para que el “asalto” a esta imponente fortaleza palaciega resulte eficaz. Dado que fue residencia real de los Habsburgo durante tantos siglos, cada monarca o emperador de la saga quiso dejar su particular huella en este recinto. De ahí que nos encontremos con muy diversos y variados estilos, desde el gótico al historicismo, este último en auge durante el siglo XIX en el Viejo Continente.

Plaza "In der burg", o del Castillo, dentro del Hofburg, con el monumento al emperador Francisco I

Plaza “In der burg”, o del Castillo, dentro del Hofburg, con el monumento al emperador Francisco I

Este vasto complejo residencial palatino nos ofrece la posibilidad de admirar los antiguos salones imperiales, con los apartamentos privados del emperador Francisco José I y la celebérrima emperatriz Elisabeth, más conocida, gracias sobre todo al cine, por Sissi. Varios museos, una iglesia, la Biblioteca Nacional y la afamada Escuela de Equitación Española también esperan nuestra visita. Pero no podemos abandonar el Hofburg sin asombrarnos con la Schatzkammer, la Cámara del Tesoro, que agrupa veintiuna salas y donde se exhiben los tesoros de índole religioso o secular acumulados por los Habsburgo a través de siglos, con piezas, algunas, que datan incluso de la época romana.

Fachada del Hofburg en Michaelerplatz

Fachada del Hofburg en Michaelerplatz

Una curiosidad: desde el balcón central del Hofburg, en la Heldenplatz, Hitler mostró músculo ante toda Europa al proclamar el “Anschluss“, la anexión de Austria al Tercer Reich en marzo de 1938, situación que duraría hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Todo ante una masa enfervorecida y entregada. Pone los pelos de punta solo imaginar la escena.

Balcón del Hofburg en Heldenplatz

Balcón del Hofburg en Heldenplatz

Adjunto a este imponente complejo imperial, por su vertiente sur, nos topamos con la “Albertina“, un museo levantado sobre los restos de la antigua muralla de la ciudad y donde siempre tienen cabida exposiciones de arte internacional. Monet, Picasso pueden ocupar este espacio único con una parte de su obra en cualquier momento. No obstante, la importancia de la riqueza de este recinto está en su enorme y magnífica colección de grabados y dibujos. La mayor del mundo.

Albertina, Viena

Albertina, Viena

El nombre del edificio procede de su antiguo propietario y morador, Alberto de Sajonia-Teschen, quien emparentó con los Habsburgo a través de su matrimonio con María Cristina de Austria, hija de la gran emperatriz María Teresa, enlace que lo convirtió en Archiduque de Austria, entre otros títulos. El bueno del archiduque era un consumado coleccionista de arte. Cuando se trasladó desde Bruselas, donde residía con su pareja y él era gobernador a sueldo de la casa reinante austriaca, hasta la capital imperial a fines del siglo XVIII, trajo consigo su apreciada colección. Para ser exactos, casi toda la colección. Parte de ella se perdió en el viaje entre ambas ciudades al hundirse uno de los buques de carga que transportaba la valiosísima valija.

Se instaló entonces en un antiguo palacio que había sido remodelado con anterioridad, a mediados del s. XVIII, palacio que amplió para poder alojar la ya por entonces vasta colección de arte que poseía, colección que luego irían ampliando sus herederos y descendientes. Fue a partir de 1921, con la llegada de la Primera República austriaca, cuando pasó a tener su denominación actual, Albertina. Muy dañado por los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial, el edifico fue totalmente reformado en 1998.

¿Hay vida más allá de la catedral de San Esteban, el Hofburg y la Albertina? Por supuesto. Viena rebosa maravillas. Las vemos y conocemos en la siguiente entrada…

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