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Qué sería de Viena sin sus suntuosos y extraordinarios palacios. Ya hemos conocido en la primera de las entradas de esta saga el magnífico complejo imperial del Hofburg, en el centro de la capital austriaca. No es el único. Otros palacios salpican el callejero vienés y son testigos ejemplares de ese esplendoroso pasado del que gozó la ciudad todavía no ha mucho tiempo. De ellos voy a destacar dos y por supuesto son de visita obligada si decidimos acercarnos hasta la capital de Austria.

Hofburg, Viena

Hofburg, Viena

SCHLOSS SCHÖNBRUNN

El Palacio Hofburg era, como vimos en la primera entrega, la residencia oficial de los Habsburgo en la capital imperial. Pero no era la única. La regia y augusta familia que dirigía los destinos de buena parte del Viejo Continente disponía de otra espléndida morada a las afueras de la ciudad. Era su residencia de verano. Algo habitual entre la realeza europea de la época que se resistía a mantener el boato y los fastos propios de su condición en un mismo lugar durante todo el año. Los Habsburgo encontraron, así, emplazamiento para su “segunda vivienda” al oeste de Viena y allí edificaron el maravilloso Schloss –palacio- Schönbrunn.

Schloss Schönbrunn

Schloss Schönbrunn

Fue la omnipresente emperatriz María Teresa quien mandó levantar este elegante y versallesco palacio en 1559. Se eligió un estilo poco habitual para la corte vienesa: el rococó austríaco, y recuerda poderosamente al palacio que se hizo construir en Versalles, a las afueras de París, la realeza gala. Hay un dato curioso. Todo el cableado eléctrico del interior es el mismo que montó en su momento Thomas Edison y sigue operativo a día de hoy. Electricidad al más puro estilo… de otro siglo.

Schönbrunn y su elegancia rococó

Schönbrunn y su elegancia rococó

Jardines de Schönbrunn

Jardines de Schönbrunn

Schönbrunn es el palacio, y hectáreas y hectáreas de bellos jardines cuidados con mimo por una legión de operarios y jardineros. El espléndido cuadro lo completan frondosos bosques, suaves colinas y por no faltar, no falta ni un zoo. El más antiguo del mundo.

SCHLOSS BELVEDERE

Viena es, no hay duda, la ciudad de los palacios. La aristocracia austriaca, en su afán por tejer una red de influencias alrededor de la familia imperial, se hacía construir suntuosos palacios para estar en la pomada de la pompa y el boato que siempre rodeaba a los Habsburgo allá donde estuvieran. Uno de los palacios más coquetos de Viena se construyó para el príncipe Eugenio de Saboya en la entonces periferia de la ciudad, al sur de la misma, tarea que se terminó en 1723. Hablamos del Palacio Belvedere.

Schloss Belvedere

Schloss Belvedere

Su construcción fue un homenaje hacia la figura del príncipe por su papel determinante en la derrota de los sempiternos enemigos otomanos. El resultado fueron, en realidad, dos palacios barrocos unidos por un precioso jardín. Eugenio de Saboya lo utilizó como residencia de verano hasta su muerte. En ese momento fue adquirido por la casa imperial de la mano de la emperatriz María Teresa. Desde el punto de vista histórico para los austriacos más contemporáneos el Belvedere tiene una gran carga emocional. Desde su balcón se proclamó en mayo de 1955 la independencia definitiva de Austria, tras recuperar su plena soberanía, después de diez años de ocupación militar aliada una vez acabada la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad el interior del Belvedere acoge varios museos y posiblemente uno de sus inquilinos más aclamado sea el mundialmente conocido cuadro de Gustav Klimt: “El beso“.

Hasta aquí esta revisión de la Viena más imperial, más histórica. Pero la capital de Austria es poliédrica, con diversas caras. De esta manera existe también una Viena modernista, una Viena contemporánea, una Viena del café y hasta una Viena roja“. Conocerlas, si os apetece, será posible más adelante en el tiempo, aquí en esta ventanita. Por ahora nos quedamos con la cara elegante y clásica de la ciudad, donde toda la belleza y esplendor del barroco y el historicismo, además del eterno Danubio, consiguen encandilar y enamorar a quien la visita…

A TENER EN CUENTA:

Accesos palacio Schönbrunn: línea metro U4, estación Shönbrunn. Tras salir al exterior necesitaremos unos diez minutos caminando hasta la entrada principal.
Accesos palacio Belvedere: línea metro U1, estaciones Südtiroler Platz o Taubstummengasse.

Dedicado a Carmen, a quien animo vivamente que conozca esta maravillosa ciudad 🙂

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