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Es el último confín de la Unión Europea en su extremo más nororiental y está situado, a su vez, en una esquina del mapa de este pequeño estado báltico llamado Estonia. Y eso no es todo. El gran “oso ruso” se encuentra justo enfrente.

He llegado a Narva, en la ruta internacional que une Tallinn, la capital de Estonia, con Moscú, la capital rusa. El último bastión de la República de Estonia. La ciudad me da la bienvenida con agua nieve, pero afortunadamente una hora después el cielo empieza a despejarse y el sol se abre tímidamente entre las nubes. Hace frío, mucho frío en estas latitudes.

DSCN1349Plano de Narva, Estonia

Narva se sitúa a orillas del río que lleva el mismo nombre y a poco más de diez kilómetros de su desembocadura en el mar Báltico. Justo allí nos encontramos con la pequeña y acogedora ciudad-balneario de Narva-Joesuu, famosa sobre todo porque en su momento, en los primeros albores del siglo XIX, fue lugar de descanso y recreo favorito para la alta aristocracia de San Petersburgo.

En la actualidad, con sus hoteles spa, sanatorios y casas de descanso para vacaciones, todo al lado mismo de la playa más larga de Estonia en el Báltico, continua atrayendo a un número muy importante de turistas y viajeros.

DSCN1367Desembocadura del río Narva en el mar Báltico

Antaño conocida como la “perla barroca del Mar Báltico”, la ciudad de Narva fue devastada por los bombardeos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el fin de la contienda fue ocupada por la URSS –“liberada”, según la propaganda comunista del momento- y reconstruida siguiendo el patrón estalinista imperante en la época.

Hoy Narva es la tercera ciudad del país y aún puede ofrecer al visitante un atractivo catálogo de puntos de interés. Y ello a pesar de que la ciudad es un auténtico museo de arquitectura pro soviética de posguerra, con la mayor parte de sus edificios casi en el mismo estado que tenían cuando Estonia se independizó del régimen del Kremlin en 1991.

DSCN1439Edificios de estética comunista en las calles de Narva

Con todo podemos encontrar bellos ejemplos de edificios civiles y religiosos en pleno centro histórico de la ciudad, mezclándose con horrendos bloques colectivos de viviendas de la época comunista.

Tal es el caso del Castillo de Hermann (s.XII), con su famosa torre; el ayuntamiento barroco (s. XVII) con influencias alemanas, suecas, e incluso italianas; el conjunto de estructuras defensivas urbanas –bastiones- mejor preservado del norte de Europa (siglos XVII-XVIII), con el impresionante bastión Victoria de dieciséis metros de altura a la cabeza; la iglesia luterana de Alejandro (s. XIX), con su torre campanario de más de sesenta metros y una acústica interior increíble, lo que la convierte en única para celebrar conciertos y eventos culturales; y la Catedral Ortodoxa de la Resurrección de Cristo (s.XIX), en estilo bizantino. Con la mayor parte de la ciudad arrasada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, este templo tuvo la inmensa fortuna de salir indemne del caos bélico.

DSCN1222Castillo de Hermann, Narva

DSCN1265Raekoda o Ayuntamiento de Narva

DSCN1297Bastión Victoria a orillas del Narva

DSCN1279Iglesia luterana de Alejandro

DSCN1269Catedral Ortodoxa de la Resurrección de Cristo

El río Narva es la frontera física y política que separa la ciudad de su vecina Ivangorod, en la Federación Rusa. Un puente. Es lo que une y separa a la vez a ambas. Sin embargo la famosa fortaleza de la segunda parece estar en perfecta comunión arquitectónica con el castillo de la primera.

Ambas se miran desafiantes, frente a frente, pero ambas forman un conjunto soberbio. Esto se puede contemplar de forma especial desde el gran paseo fluvial que bordea el río por su orilla de Narva, en el centro histórico. Desde aquí la fortaleza de Ivangorod emana poderío y la torre del castillo Hermann luce como lo que es, un auténtico icono de la ciudad.

DSCN1305Castillo de Hermann, en Narva (dcha), frente a la fortaleza de Ivangorod (izda)

Narva, como el resto de Estonia, padeció el rigor comunista soviético entre los años 1945 y 1991. Las relaciones de este pequeño país, al igual que sus otros dos vecinos bálticos, con el gran gigante ruso no resultan fáciles. Estonia, como Letonia, y en menor medida Lituania, tiene una nada desdeñable minoría de origen ruso. Más de un cuarto de la población de Estonia es rusófona y su convivencia e integración dentro del país es cuanto menos tensa y compleja.

Para complicar todavía más el escenario, la OTAN vigila de forma contínua el espacio aéreo de los tres estados bálticos con cazas de combate y estudia desplegar efectivos sobre el terreno para proteger la línea fronteriza con la Federación Rusa. Con todas estas actuaciones de carácter preventivo se busca evitar posibles efectos contagio, como el provocado en las regiones prorrusas de Lugansk y Donetsk, en el este de Ucrania, donde el Kremlin apoya activamente desde hace meses a la población mayoritariamente de origen ruso que vive allí, en su propósito de ser acogidos en los brazos de la gran “Madre Rusia”.

DSCN1286Fortaleza de Ivangorod, en la Federación Rusa

Sin embargo nada de esto debe desanimar al viajero para acercarse hasta aquí y curiosear y explorar lo que ofrece este, en apariencia, remoto y perdido lugar. Bien al contrario. Al igual que la nobleza rusa descubrió aquí en su momento las bondades del entorno, hoy Narva es un importante centro cultural y vacacional del nordeste de la Unión Europea. Solo hace falta venir…

DSCN1385   Un spa de Narva-Joesuu

Próxima parada: Tallin, la capital de Estonia 🙂

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