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Si Europa tiene en el sur, en el litoral adriático de Croacia, una maravillosa perla llamada Dubrovnik, en el norte del continente, sobre la costa báltica, existe otra perla no menos exquisita que se conoce como Tallinn, la capital de Estonia. Aquí he llegado desde Narva, en la frontera estonio-rusa (podéis leerlo en la entrada anterior).

La ciudad me da la bienvenida con unos escasos siete grados que más bien parecen tres, pero luce el sol entre un mar de nubes que no arrecian peligro de agua. Mañana, sin embargo, se anuncian lluvias y bajada -todavía más- de temperaturas. Locura de primavera báltica.

DSCN1460Tallinn, la capital de Estonia, a mi llegada

Tallinn es un abigarrado enjambre de calles empedradas, estrechos pasadizos, plazas medievales, esbeltos chapiteles, cúpulas en forma de cebolla, rojizos tejados a dos aguas, coloridas fachadas que delatan un pasado hanseático, una muralla con torreones donde cada uno ha sido bautizado con su propio nombre, espléndidos museos, un coqueto palacio barroco, la farmacia más antigua de Europa y unas indescriptibles vistas desde Toompea, la parte alta del centro histórico.

DSCN1093Ciudad Vieja de Tallinn

Al igual que en el caso de sus homónimas Vilnius y Riga, el casco antiguo de Tallinn es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO debido a su excelente estado de conservación, y ello a pesar de los innumerables destrozos causados por la aviación soviética del Ejército Rojo en marzo de 1944, que pulverizaron más de cinco mil edificios.

Pero fuera del centro histórico, Tallinn también ofrece tesoros. Antiguos unos, contemporáneos otros, cargados todos de interés y que no deben pasar inadvertidos al visitante. En el exterior del casco antiguo bulle una ciudad vanguardista, moderna, palpitante y atractiva.

IMPRESCINDIBLE EN LA CIUDAD VIEJA

Una visita a esta maravillosa joya del Báltico que es Tallinn debe comenzar siempre por el ya mencionado casco antiguo –Vanalinn-, construido entre los siglos XIII y XVI, que a su vez se divide en dos partes: ciudad alta o Toompea y ciudad baja.

DSCN1628Muralla defensiva en la ciudad vieja de Tallinn

Todo este recinto está abrazado por un completo sistema fortificado de defensa en el que destacan la muralla –al menos lo que queda de ella-, sus famosos bastiones y las veintiséis torres defensivas supervivientes, cada una con su nombre, como de la Doncella, Kiek in de kök, literalmente “Vistazo a la cocina”, o Paks Margareteen, literalmente “Margarita la gorda”.

DSCN1090Puertas de Viru

Entrando al centro histórico por las Puertas de Viru, con su tradicional mercado de las flores, podemos sumergirnos en el laberinto de calles, pasadizos y plazas de la parte baja de la ciudad para descubrir preciosas iglesias, como por ejemplo la de San Olav (s.XIV).

Entre 1549 y 1625 tuvo el privilegio de ser el edificio más alto del mundo. Su gigantesca aguja alcanzaba los 159 metros de altura y era referencia para los barcos que se aproximaban a la ciudad. Tras sufrir numerosos incendios y reconstrucciones, en la actualidad su chapitel se eleva hasta los 124 metros. Tampoco está nada mal.

DSCN1136    Iglesia de S. Olav 

Otra iglesia que merece nuestra atención en la ciudad baja es la de San Nicolás, originalmente del siglo XIII y arrasada en la Segunda Guerra Mundial. Tras su meticulosa restauración hoy sirve como museo –Niguliste- para obras de arte sacro y sala de conciertos de órgano.

La iglesia Ortodoxa de San Nicolás –no confundir con la anterior- es otro imprescindible en este lado de la ciudad, con un cuidado estilo neoclásico del siglo XIX. Pero tampoco podemos olvidar la iglesia del Espíritu Santo, del siglo XIV, uno de los pocos ejemplos de arquitectura religiosa que se mantiene en pie desde su origen. Atención al reloj de la fachada. Es el reloj público más antiguo de Tallinn.

DSCN1535Iglesia de San Nicolás con el Museo Niguliste en su interior

DSCN1155  Iglesia Ortodoxa de San Nicolás

DSCN1536   Iglesia del Espíritu Santo

DSCN1559Reloj público más antiguo de Tallinn en la iglesia del Espíritu Santo

Será inevitable. Todos los caminos dentro de la ciudad baja acabarán de una manera u otra en la espectacular plaza del Ayuntamiento, Raekoja plats. Este emplazamiento central fue lugar de mercado en el medievo y hoy es el punto de encuentro por excelencia para propios y extraños.

DSCN1122Plaza del Ayuntamiento, Raekoja plats

El motivo de tan poderoso e irresistible imán es el magnífico edificio del ayuntamiento, un maravilloso ejemplo de gótico tardío del siglo XV, el mejor conservado aquí, en el norte de Europa.

Su impresionante chapitel octogonal se eleva hacia el cielo hasta alcanzar los 64 metros de altura y está coronado con el popular “Vana Toomas”, el Viejo Tomás, que con su gracioso y enorme bigote se encarga de hacer las veces de veleta.

DSCN1120Ayuntamiento de Tallinn

¡Ah!, si abandonamos la plaza por la callecita Apteegi nos espera, en su número 1, la farmacia más antigua del Viejo Continente y operando todavía a pleno rendimiento. Esta botica elabora sus propias fórmulas naturales y lo lleva haciendo desde el año 1422. Ya tiene mérito.

DSCN1105Ciudad Baja de Tallinn desde Toompea

Si hemos quedado prendados con esta parte baja de la ciudad, al subir a la colina de Toompea, la parte alta, sencillamente quedaremos rendidos. Su principal atractivo son dos de los tres miradores –Patkuli y Kohtuotsa-, que ofrecen unas espectaculares vistas sobre todo el conjunto de la capital de Estonia, además de una parte del Golfo de Finlandia, en el mar Báltico. Pero antes de llegar a los miradores hay que detenerse en la grandiosa Catedral Ortodoxa de Aleksander Nevski, acabada en 1900.

Sus cúpulas acebolladas delatan de inmediato el pasado zarista de la ciudad, cuando el imperio ruso dictaba las normas sobre la siempre inconformista y díscola provincia báltica. La catedral ortodoxa no es muy popular entre la población estonia. Siempre se ha visto como un símbolo de la opresión rusa y de hecho las malas lenguas dicen que el pueblo estonio ha querido tirarla abajo deliberadamente en alguna que otra ocasión.

DSCN1166Catedral Ortodoxa de Aleksander Nevski

A pocos metros de la ortodoxa catedral se encuentra la luterana medieval de Santa María-Toomkirik-, conocida como la iglesia de la cúpula, o Domo. Ha sido reconstruida en numerosas ocasiones desde el siglo XIII en que se erigiera por vez primera.

Tradicionalmente fue el templo de referencia para la aristocracia baltoalemana y residencia de los obispos de Tallinn. Su impresionante torre barroca se alza hasta los 69 metros. En Tallinn no tienen ningún problema con las alturas. Eso queda patente.

DSCN1530Catedral luterana de Santa María, Toomkirik

La colina de Toompea se corona con el castillo del mismo nombre -s. XIII-, símbolo del poder gobernante en cada momento de la historia. Quien ha estado al mando del país en cada época histórica ha hecho ondear su bandera en lo alto de la torre de Hermann -46 mts-, en una esquina de la fortaleza. Hoy lo hace la tricolor azul, negra y blanca, de la República de Estonia. En la actualidad el castillo acoge la sede del Parlamento Nacional del país báltico.

DSCN1522Castillo y torre de Hermann

IMPRESCINDIBLE EN LA CIUDAD NUEVA

¿Hay vida más allá de Vanalinn, el casco antiguo? Indudablemente. Ya lo avanzaba al comienzo. Un paseo por este lado de Tallinn nos servirá para conocer, por ejemplo, Rottermann. Un área cercana al puerto, en otro tiempo distrito industrial que entró en decadencia y que sabiamente la ciudad supo recuperar y transformar.

Las antiguas fábricas se han restaurado y ahora son tiendas, restaurantes, boutiques y apartamentos. Un ambiente muy alternativo a escasos metros del centro histórico.

DSCN1501Rottermann, en la Ciudad Nueva

Pirita es la larguísima playa de Tallinn. Situada a continuación del puerto, aquí vienen los residentes a tomar el sol báltico cuando éste quiere ser generoso y luce con intensidad para disfrutarlo. Paraíso para los deportes náuticos y amantes de volar cometas.

DSCN1481Playa de Pirita

El elegante barrio de Kadriorg, con sus casitas de madera, es otro imprescindible en esta parte nueva de Tallinn. A corta distancia de Pirita, Kadriorg le debe todo a su célebre palacio del mismo nombre. Un capricho barroco del siglo XVIII ideado para que los zares rusos pasaran aquí los veranos.

Pedro I el Grande y su regia familia supieron aprovecharlo bien y hoy pasados los tiempos de gloria y boato es sede del Museo de Arte de Kadriorg, con sus colecciones de los siglos XVI al XX, provenientes de Rusia y Europa occidental.

DSCN1666Palacio de Kadriorg

Adyacente al palacio está el parque. Proyectado como una parte del complejo palaciego, con sus coquetos canales, un jardín japonés y el gran “Estanque de los Cisnes” -sin tan distinguidos y gráciles inquilinos en estos momentos-, finalmente se quedó como espacio público. Por fortuna.

DSCN1676Estanque de los Cisnes

Nuestra visita a esta parte nueva de la pequeña capital báltica acaba en el vanguardista y multifuncional Museo KUMU, una obra de arte en sí misma, que acoge la galería nacional y magníficas muestras de arte moderno y contemporáneo de Estonia y otros países.

DSCN1665Museo KUMU

Así es Tallinn. Más de setecientos años de historia avalan a esta ciudad repleta de encanto medieval y atrevida modernidad. Tallinn sorprende, engancha, apasiona. Ni los sucesivos y persistentes intentos de los imperios vecinos en el pasado por hacerse con ella, incluida la feroz sacudida de la Segunda Guerra Mundial, han podido laminar tanta belleza y hermosura.

DSCN1586   Tallinn a vista de gaviota

Tallinn sigue deslumbrando, hipnotizando, y quien viene se va con la sensación de haber encontrado una perla única, la perla del Báltico.

Fin de este periplo primaveral por Lituania, Letonia y Estonia…

Dedicado a mi querida hermana, la causante en buena medida de que hoy yo esté aquí. Gracias hermanita. Te quiero 🙂

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