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Una inmensa roca de apenas siete km2, árida, con escasa vegetación, unos 30 mil habitantes concentrados, en su inmensa mayoría, en una ciudad que nace al borde del agua, y el resto dispersos en algún pequeño núcleo de población en el lado opuesto de la roca. Con playas y tierras ganadas al mar de manera artificial para construir más viviendas, porque la falta de espacio urbanizable es más que un problema aquí. Por si fuera poco, un aeropuerto, casi de juguete, plantado sobre un itsmo, una lengua de tierra que une la descomunal roca con el resto del territorio de la Península Ibérica y cuya soberanía España no reconoce.

Y sin embargo, todo este pétreo escenario tiene una atracción irresistible. Los motivos, tan diversos y curiosos, como polémicos y tormentosos. Cada año nuestro destino de hoy recibe a miles y miles de visitantes, pero al tiempo es tildado de servir de hogar a cientos de empresas fantasma, donde el blanqueo de capitales y la evasión fiscal campan a sus anchas.

GIB-002Gibraltar desde territorio español, en la bahía de Algeciras

Hoy escribo este post sobre Gibraltar. Escribir sobre Gibraltar, sin prejuicios, no resulta sencillo. Hace tiempo que quiero hacerlo, pero lo he ido postergando deliberadamente. Gibraltar es la espinita clavada en la conciencia colectiva de buena parte de este país llamado España. Lo es desde hace más de trescientos años, cuando un lamentable y desafortunado tratado firmado entre las Coronas de España y Gran Bretaña -en el año 1713-, al final de la Guerra de Sucesión Española, cedía la propiedad y soberanía del inhóspito peñón hasta entonces en manos hispanas, a los ingleses.

Desde ese momento el controvertido Tratado de Utrecht, como así lo bautizaron, nunca ha sido revisado y la interpretación de parte de su articulado, a conveniencia de cada parte, no ha hecho más que empeorar las relaciones entre la población de la Roca -conocidos como “llanitos”- y sus vecinos españoles al otro lado de la frontera. Por no hablar de la relación bilateral entre los dos países a cuenta del famoso peñón. Difíciles, tensas, agrias. Hablar de Gibraltar, lo haga la parte que lo haga, es sinónimo de abierta y siempre vehemente confrontación.

GIB-013Afecto británico en la Roca

GIB-014     Buzón de correos muy “british”

Pero este es un blog sobre viajes y Gibraltar es algo más que un obsoleto tratado firmado hace tres siglos en el marco del convulso escenario político del momento. Nos situamos. Estamos en la bahía de Algeciras, comunidad autónoma de Andalucía, en el extremo sur de la Península Ibérica, y por tanto de Europa.

Aquí una especie de portentosa cuña rocosa se adentra desafiante en el punto donde las aguas del mar Mediterráneo se encuentran abruptamente con las del océano Atlántico, en un angosto y turbulento pasillo de aguas saladas conocido como Estrecho de Gibraltar, a menos de quince kilómetros de las costas de otro continente: África.

GIB-016Faro de Punta Europa, Gibraltar. Al fondo territorio de Marruecos, África

GIB-018Sandy Bay, en el lado oriental de la Roca

En 1713, cuando España cedió el enorme “peñasco” al Reino de la Gran Bretaña, ya existían un núcleo urbano, castillos, un puerto y un sistema defensivo de bastiones y murallas. Hoy, todos siguen ahí. Más o menos, porque la ciudad ha crecido trepando por la ladera de la enorme roca y a lo largo de la línea de costa.

Lo mismo ha ocurrido con el puerto. En la actualidad alberga muelles para el tráfico de embarcaciones de pasajeros, mercancías y hasta dos puertos deportivos en las zonas más pudientes de la Roca: Queensway Quay y el exclusivo Ocean Village. Y para que no falte de nada, la Royal Navy posee una importante base naval en la prolongación del puerto, que sirve como apoyo a la mismísima OTAN.

GIB-017Bastiones de Gibraltar

GIB-009Ocean Village

En la próxima entrada entraremos en Gibraltar y descubriremos algunos de sus atractivos para quienes recalan allí y se interesan en conocer este pedacito de tierra británica. Aquí turistas y viajeros se mezclan con los oriundos de la Roca, gibraltareños de origen y sus descendientes que constituyen dos tercios de la población.

El resto son expatriados y militares acompañados de familiares. Gibraltar es un buen ejemplo de convivencia mediterránea. La mayor parte de la población es de ascendencia genovesa, portuguesa y maltesa, además de británica. Árabes, judíos e hindúes, por su parte, comparten espacio en aparente buena armonía; armonía a la que nos uniremos en cuanto pongamos el pie en suelo del Peñón.

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