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Gibraltar, a pesar de su yermo aspecto, tiene encanto, atractivo para el viajero. La capital de este territorio británico de ultramar, para el Reino Unido, la última “colonia” en territorio europeo, para la administración española, es una mixtura de aires, estilos y ambientes.

De esta forma podemos rastrear desde la torre del Homenaje, lo que queda de un antiguo castillo árabe en la parte alta, hasta una moderna mezquita, Ibrahim-al-Ibrahim, en Punta Europa, en el extremo sur de la Roca; pasando por un par de catedrales, una católica -Santa María la Coronada-, otra anglicana -Santísima Trinidad-, otro par de sinagogas -la Gran Sinagoga y la Sinagoga Flamenca-, antiguas mezquitas reconvertidas en santuarios, como la de Nuestra Señora de Europa, estrechas callejuelas, plazas y edificios con encanto colonial. Atractivos, pues, no faltan.

GIB-012    Rumbo hacia la parte alta

Est inmensa plataforma rocosa que es Gibraltar, en el cruce de caminos entre el Atlántico y el Mediterráneo, ha sido codiciada por fenicios, griegos, romanos, vándalos, visigodos o musulmanes, para luego pasar a manos de sus católicas majestades Isabel y Fernando y llegar finalmente a sus actuales y británicos dueños. Todos han dejado huella, pátina y carácter. Eso ha enriquecido y dado forma al Gibraltar de hoy.

GIB-015Mezquita Ibrahim-al-Ibrahim

GIB-010Torre de Sta. María la Coronada

GIB-011Gran Sinagoga

Cruzando la frontera -popularmente conocida como “La Verja” en el lado español-, unos cientos de metros más allá atravesamos la única pista del pequeño pero moderno aeropuerto. A pie o en coche. Parece de locos, pero así es. Un semáforo y una barrera regulan el paso de todo tipo de vehículos y también de los peatones.

La vida parece detenerse cuando un avión se aproxima para aterrizar o bien otro pretende despegar al lado mismo de los edificios. Tras el excitante momento de cualquiera de ambas maniobras nos asalta de nuevo la estruendosa cacofonía de todo tipo de motores de vehículos que rugen y reinician su marcha para cruzar a pelo la pista. Y con ellos, nosotros, los viandantes. Experiencia total.

GIB-004Aeropuerto de Gibraltar

Una vez cruzamos la pista entramos al fin en la ciudad y alcanzamos Casamates Square, el epicentro de la vida social y comercial de Gibraltar. Luego, subiendo por Main Street, calle Real para los españoles, llegamos a otro epicentro, en este caso el de la vida política de la Roca. The Convent, el Convento, por su pasado franciscano, es la coqueta residencia oficial del Gobernador, el representante máximo de Su Graciosa Majestad en Gibraltar.

Y para que no falte nada en todo este ambiente “british” que el lugar y las circunstancias requieren, podemos asistir al popular, aunque algo sobrio, cambio de guardia frente al edificio de la residencia.

GIB-007Casamates Square

GIB-006Main Street

GIB-008The Convent

Abajo la ciudad, arriba la cresta del peñón a más de cuatrocientos metros de altura. Un teleférico ayuda a hacer cumbre de manera cómoda y rápida. Y bajo nuestros pies una masa de pura roca horadada de túneles y cuevas. Túneles que se excavaron en el Gran Asedio de 1779-1783 por ingenieros militares británicos para resistir el pertinaz cerco y embite español por intentar reconquistar Gibraltar. Fracaso total. Después vendrían más túneles. Sería en el escenario de la Segunda Guerra Mundial. Esta vez los enemigos serían otros, pero los fines idénticos: defenderse de una posible invasión.

GIB-019Catalan Bay y su recoleta playa

Y al otro lado de la Roca, el de oriente, se respira -solo en apariencia- un aire algo más sosegado, lejos del barullo turístico del lado de poniente. Pero que esta sensación no nos engañe. Es el lugar de encogidas calas, con playitas ganadas al mar y pequeñas urbanizaciones y pueblitos, como Sandy Bay, y sobre todo Catalan Bay, conocida en España como “La Caleta”, una encantadora y colorida villa de pescadores, en su mayoría de origen genovés, que en verano se ve asaltada por bañistas y curiosos.

Como curiosa es también la procedencia de su nombre que lo vincula con Cataluña, en el nordeste de la Península Ibérica, a bastantes kilómetros de esta diminuta bahía de pescadores. Sí, porque en 1704 un puñado de combatientes catalanes lucharon de la mano con soldados anglo-holandeses contra las huestes borbónicas, durante la Guerra de Sucesión Española, al final de la cual se firmaría el Tratado de Utrecht. Con su  rúbrica España perdería, entre otras posesiones, Gibraltar.

GIB-015Aire colonial en las fachadas gibraltareñas

Es posible que Gibraltar tenga cuerpo y corazón británicos, pero en su alma subyace un ADN hispano. No hay más que escuchar a un “llanito” hablar en español. Es puro acento y encanto andaluces, por tanto del sur de España.

Al fin y al cabo es una verja, una frontera político-administrativa, la que separa dos mundos tan cercanos, pero tan lejanos al tiempo. Porque la política, la misma que hace tres siglos produjo el divorcio, hoy se empecina en mantener la fractura.

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