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El café es tan consustancial a la bellísima ciudad de Viena como lo son el vals y el mismísimo Danubio. Su consumo y manera de ser degustado en auténticos templos decimonónicos -algunos también de mediados del siglo XX- va integrado en los genes y la cultura de los moradores de la capital austriaca.

Desde que los turcos “olvidaran” en el siglo XVII unos sacos con granos de café antes de salir en retirada de la ciudad, el rictus de tomar esta popular bebida aromática se ha convertido en un imprescindible de la vida vienesa.

Viena, Austria

Viena, Austria

En Viena se puede saborear cualquier variedad de café, pero el que lleva el sello vienés por excelencia es el “wiener melange”. Se trata de un café moca torrefacto, coronado por una gruesa y esponjosa capa de espuma de leche y servido siempre acompañado de un vasito de agua del grifo. Tiene que ser así, del grifo, que es excelente por otra parte en esta ciudad. No se puede, ni se debe, abandonar la capital de Austria sin haber degustado antes un melange…

¿Y dónde hacerlo?

Existen cientos de Kaffeehäuser, Café-Konditoreien y Espresso-Bars repartidos por todos los distritos de Viena, pero para el visitante el interés se centra sobre todo en los viejos y tradicionales cafés vieneses. Aquí el cliente puede pasarse horas y horas leyendo la prensa local o internacional que hay a su disposición, o dar rienda suelta a una buena conversación con su acompañante, todo mientras se saborea un vaso o tacita de café. Entretanto el camarero rellenará el vasito de agua una y otra vez hasta que el cliente se vaya. Sin malas miradas. Y se agradece.

Café Landtmann

Café Landtmann

Los primeros cafés de Viena aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX, algunos incluso a fines del XVIII, y muchos se conservan hoy día prácticamente como cuando se inauguraron. Los más conocidos y visitados están en el distrito 1 y en la Ringstrasse, el gran bulevar vienés que en 2015 cumplió 150 espléndidos años desde que fuera inaugurado con toda la pompa por el emperador Francisco José.

En esa zona debemos dejarnos caer, sí o sí, por el mítico Café Landtmann, justo al lado del Burgtheater y frente al precioso edificio del ayuntamiento. Abierto en 1873 es lugar de reunión habitual de actores y periodistas. En su momento fue frecuentado por personajes de la talla de Sigmund Freud, Gustav Mahler o Marlene Dietrich. Una buena tarjeta de visita, sin duda.

Muy cerca está el Hofburg, el colosal y deslumbrante palacio imperial, y a tiro de piedra de éste -casi- nos encontramos el Café Bräunerhof. Desde sus ventanales del número 2 de la Stallburggasse podremos observar el ir y venir constante de turistas que pululan por esta zona del centro histórico de Viena donde abundan prohibitivas tiendas de ropa, antigüedades, joyerías y edificios con gran solera y elegancia. Además de degustar un delicioso café, en el Bräunerhof podremos escuchar –sobre todo en fines de semana- música de algún trío de violín, chelo y piano. Atractivo plan, ¿no?

Café Central

Café Central

Sin tener que caminar mucho desde el Braünerhof llegaremos al celebérrimo Café Central, dentro del Palacio Ferstel, en la noble esquina de Herrengasse con Staruchgasse. Tradicional lugar de encuentro de artistas, poetas y escritores, fue inaugurado en 1860. Algún escritor, como Peter Altenberg, utilizaba el Central para recoger aquí su correspondencia postal. Es el arquetipo de café vienés de la época dorada, un clásico de la Belle Époque y del Romanticismo que imperaban dentro de las fronteras del imperio austrohúngaro hacia fines del XIX y principios del XX.

Cuando el visitante se sienta en una de sus mesas y mira a su alrededor no puede evitar sentirse atrapado en el tiempo, y si se abstrae por unos instantes parecerá que aterriza en aquellos inolvidables años de la Viena imperial. Alguno de sus incondicionales fueron, por ejemplo, el gran arquitecto austriaco Adolf Loos o el mismísimo revolucionario ruso Leon Trotski.

 Interior del Café Central

Interior del Café Central

La atmósfera, la música de piano en vivo, la decoración, las suntuosas lámparas que se suspenden desde los abovedados techos, los cuadros de la realeza que cuelgan de sus centenarias paredes… todo evoca tiempos pasados llenos de gloria y grandeza. Y cuando se visita el Central no hay que olvidar que podremos acompañar nuestro café con alguna de las exquisiteces que en forma de dulces y pasteles, elaborados in situ, nos tentarán sin cuartel los cinco sentidos.

Hablamos de la mundialmente conocida tarta Sacher; el apfelstrudel de manzana y el topfenstrudel, parecido al anterior pero relleno de queso o nata; los populares krapfen, una especie de donuts sin agujero, muy esponjosos, con mermelada de albaricoque, frambuesa o crema pastelera en su interior y cubiertos de azúcar glacé; las kaiserschmarn o tortitas del emperador y el bizcocho Gugelhupf. Caprichos divinos todos.

Café Schwarzenberg

Café Schwarzenberg

Dejando los aledaños del Palacio Imperial podemos bajar hasta el 17 de Kärntner Ring, en el anillo de la Ringstrasse, ya que éste se subdivide en varios segmentos, cada uno con su nombre, para alcanzar el Café Schwarzenberg. Inaugurado en 1861 es el más antiguo del célebre bulevar de Viena y lugar habitual de encuentro de músicos y artistas.

El bello Musikverein, con su espléndida y exquisita Sala Dorada que acoge cada año el reputadísimo Neujahrskonzert, el Concierto de Año Nuevo, se encuentra a pocos metros y su halo se deja notar en el Schwarzenberg. Excelente cocina vienesa para degustar si el estómago nos pide un favor.

Café Prückel

Café Prückel

Saliendo del Schwarzenberg y caminando por la misma acera, a los pocos minutos descubriremos en el número 24 de Stubenring, siempre dentro de la Ringstrasse, la blanca y pulcra fachada del Café Prückel, toda una institución en Viena. Abierto coincidiendo con la caída de la monarquía, en los años 50 del siglo pasado se somete a un rediseño que le va a conferir un aire muy chic y cosmopolita vigente hasta hoy.

Muebles, mesas, lámparas, ornamentos, toda la decoración interior del Prückel es muy “fifty”. Tras una reciente restauración, el estilo Art Noveau se deja ver sobre todo en el elegante techo y en la parte trasera del café. El Prückel es así mismo famoso por sus pasteles y por la posibilidad que ofrece a los clientes de echar un ojo a la prensa extranjera mientras hacen un alto en el camino.

Café Sperl

Café Sperl

Terminamos nuestra peregrinación express por este reducido grupo de escogidos cafés vieneses haciendo una visita, obligada e indispensable, a uno de los Wiener Kaffeehaus más venerados y auténticos de Viena. Me refiero al Café Sperl. Situado en la Gumpendorfer Strasse 11, en el distrito 6, el Sperl es todo un superviviente de la Viena del último cuarto del siglo XIX.

El interior está igual, casi en su totalidad, que cuando se inauguró en aquel lejano 1880. Mesas de mármol, sillas estilo Michael Thonet, candelabros de la época, sofás de terciopelo rojo, mesas de billar sobre las que hay una gran cantidad de periódicos internacionales… todo el ambiente es decimonónico y por tanto mantiene una autenticidad y encanto difíciles de encontrar en otros locales de la ciudad.

 Interior del Café Sperl

Interior del Café Sperl

Una buena carta de cafés para elegir y excelente comida casera. Es el sello distintivo del Sperl que además está alejado de las hordas de turistas que habitualmente alternan los archiconocidos cafés situados en el distrito 1 y la Ringstrasse.

Esto lo hace aún más atractivo porque aquí compartiréis espacio con el vienés de a pie que considera al viejo Sperl como algo suyo, casi como una prolongación de su propio cuarto de estar. Y eso no tiene precio cuando suspiras por una buena taza de café…

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