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Gdańsk Główny

Para un amante del ferrocarril, como es el caso de este bloguero, estar ante una estación ferroviaria, admirar su fachada, perderse en su interior, llegar hasta los andenes y toparse con los trenes, siempre supone una experiencia única. Por elllo cuando uno se situa frente a la estación central de Gdańsk, en el norte de Polonia y a escasos metros del mar Báltico, pareciera que se encuentra frente a una catedral, ferroviaria, pero con todos los ingredientes intrínsecos de cualquier soberbio templo religioso incrustados en ella.

La “Gdańsk Główny“, nombre oficial de esta estación polaca, posee una maravillosa mezcla de componentes barrocos, renacentistas e incluso Art Nouveau. Su estructura revestida en ladrillo rojo y decorada profusamente con elementos de piedra arenisca la convierten en un sorprendente y espectacular ejemplo de arquitectura pensada para el ferrocarril.

La historia de nuestra protagonista de hoy es tan azarosa como apasionante. Arranca en el año 1900 cuando fue inaugurada, pero con el nombre germano de “Danzig Hauptbahnhof” -Estación Central de Dánzig-, ya que en aquel momento la ciudad, de nombre Dánzig, estaba bajo la soberanía del Imperio Alemán, el Deutsches Reich, nacido en 1871 y que se derrumbaría estrepitosamente en 1918 con el fin de la Primera Guerra Mundial.

Tras la contienda bélica Dánzig quedó bajo tutela de la Sociedad de Naciones y se convirtió en la “Ciudad Libre de Dánzig“, en la práctica un cuasi estado independiente, de mayoría alemana, sobre el que Polonia ejercía ciertos derechos diplomáticos y aduaneros, pero muy afecto al régimen que se estaba gestando al otro lado de la frontera bajo la batuta de un nefasto lider de bigotito y flequillo inconfundibles: Adolf Hitler. Nuestra estación de trenes, por su lado, seguía ahí y estaba al servicio de los polacos que la controlaban, así como el tráfico ferroviario que entraba y salía de ella.

Con posterioridad a la invasión nazi de Polonia en 1939, que daría inicio a la Segunda Guerra Mundial, la ciudad queda en manos del Führer y no la soltaría hasta que el Ejército Rojo Soviético entra en ella en 1945 arrasando todo a su paso, con la preciosa estación ferroviaria dentro del trágico paquete.

Después de esta infausta segunda contienda mundial, y con la cesión definitiva de la ciudad a los polacos, Dánzig cambió de nombre y se convirtió en la actual Gdańsk. La suntuosa estación de trenes, incendiada y destruida por los soviéticos, incluida su torre del reloj, hubo de ser reconstruida casi por completo para lucir el aspecto que hoy tiene y se aprecia en la foto de este Pic deLuxe.

Foto cortesía de María Belén Blanco

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