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Constituye uno de los parajes naturales más bellos y espectaculares de la Península Ibérica, y sin embargo no es demasiado conocido; un espacio protegido bajo la atenta mirada de los dos países que lo comparten: España y Portugal. El causante de esta maravilla excavada en suelo peninsular es el Duero, el gran río ibérico que nace en las alturas españolas de los Picos de Urbión, en la provincia castellanoleonesa de Soria, y entrega sus aguas al Atlántico en la deliciosa ciudad de Oporto, sobre la costa atlántica portuguesa.

De sus casi novecientos kilómetros de longitud, algo más de un centenar de ellos discurren justo en la línea fronteriza que separa a España de Portugal y conocida popularmente como “La Raya“. Cien kilómetros asombrosos porque en ellos el río serpentea por el interior de un profundo cañón que el Duero ha ido modelando con paciencia a lo largo de los siglos. 

dscn2330Río Duero entre España (dcha) y Portugal (izda)

Todo el territorio a ambos lados de la frontera es un parque natural. De un lado, el portugués, se le conoce como “Douro Internacional“. Enfrente, en el lado español, su nombre es “Arribes del Duero“. Distintos nombres para referirse a un mismo espacio geológico y natural, entre enormes paredes graníticas que se precipitan desde casi cuatrocientos metros de altura en algunos tramos de esta raya fronteriza de aguas internacionales, formando unos acantilados con altísimo valor ecológico debido a la peculiar flora y fauna que habita estos inmaculados lares.

dscn2256Presa de Miranda. Arriba la ciudad portuguesa de Miranda do Douro

Hoy me encuentro en este bello escenario de documental sobre naturaleza que el río Duero ha horadado con tenacidad y mucho tesón. He salido en coche desde Madrid y he atravesado la penillanura mesetaria de la provincia de Zamora hasta encontrarme de bruces con ese profundo corte realizado sobre el duro y granítico suelo.

Sin dilaciones he descendido por este tajo desde territorio hispano hasta la presa de Miranda y lo he remontado desde la otra orilla hasta alcanzar ese balcón natural habitado sobre el río, ya en territorio luso, que se llama Miranda do Douro. Un lugar ideal para explorar un soberbio paraje transfronterizo que algunos han bautizado -con cierta ligereza- como el “Gran Cañón Europeo“. Más seriamente la Unesco declaró, en 2015, reserva de la biosfera transfronteriza a este parque natural compartido, bajo la denominación de “Meseta Ibérica“.

DSCN2274Embalse de Miranda

La presa del embalse de Miranda es solo una de la media docena que, a modo de tabiques artificiales, el hombre ha ido levantando en este tramo compartido de río para regular el cauce aguas abajo, ya en Portugal, y de paso ayudar a producir energía hidroeléctrica de la que ambos países se benefician. Aquí, en el embalse mirandés, un proyecto conjunto hispano-luso de cooperación, investigación y protección de este frágil y singular ecosistema ha tomado cuerpo bajo el nombre de Estación Biológica Internacional.

La estación tiene su propio embarcadero en la orilla portuguesa desde donde es posible subir a un moderno y panorámico buque hidrográfico, con capacidad para 120 pasajeros, y remontar el Duero en un Cruzeiro Ambiental guiado para tener así una visión única e irrepetible de cómo es desde dentro este cañón natural labrado por el río.

DSCN2272Embarcando en el “Cruzeiro Ambiental”

La experiencia no deja indiferente. En el interior del cañón el aire es puro, la contaminación acústica cero y no hay seres humanos habitando en sus orillas. Estamos solos. Bueno, no exactamente. Las inmensas paredes de granito dan cobijo a un variopinto vecindario de encinas, enebros, fresnos y el conocido como “Dragón de Arribes”, una planta endémica de estos acantilados. Junto a esta flora podemos avistar una peculiar y protegida fauna voladora. No en vano estamos en una Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA), donde buitres leonados, alimoches, cigüeñas negras, cernícalos, cormoranes y hasta alguna pareja de la siempre celosa y territorial águila real comparten espacio.

Eso por el aire. Bajo el agua siempre es posible, aunque complicado, descubrir alguna pareja de juguetonas y vivarachas nutrias nadando a sus anchas en las pozas de las escarpadas orillas. Amenazadas y casi desaparecidas de este entorno único, lentamente se va recuperando su población gracias a los buenos oficios de la estación biológica hispano-lusa.

DSCN2285Navegando por el río Duero entre España y Portugal

La exploración de este bello escenario se puede, y se debe completar con una visita a la fronteriza y medieval Miranda do Douro, que adquirió su condición de ciudad episcopal en 1545. Situada a modo de balcón natural sobre el profundo tajo del río, esta acogedora y apacible población portuguesa cuenta con atractivos suficientes como para pernoctar en ella al menos una noche.

dscn2264Panorámica de Miranda do Douro y una sección de su muralla

Un castillo en ruinas y unas murallas prerrománicas del siglo X abrazan su encantador centro histórico atravesado por la rúa Mouzinho do Alburquerque o de la Alfándega, en otro tiempo la arteria principal de la ciudad medieval. El castillo conoció momentos de gloria desde su construcción en el siglo XIII hasta que en 1762, durante la Guerra de los Siete Años, saltó por los aires en el asedio y asalto al que las huestes españolas sometieron a la pequeña ciudad lusa.

DSCN2322Antigua Hospedería del Zambeira, siglo XV-XVI

Aquí, en el casco antiguo de Miranda do Douro, también se conservan diversas casonas en granito y pizarra de la zona, con sabor y origen en el medioevo. Como la antigua Hospedería del Zambeira, en tiempos pretéritos la más importante de la recogida capital diocesana. Gozaba de buena reputación y hasta recibía a sus huéspedes con un vino caliente.

DSCN2302Plaza de D. Joao III con la Cámara Municipal de Miranda do Douro

Pero no solo de casas con solera se nutre el primitivo casco amurallado de la ciudad. Edificios civiles de talla se posicionan en el Largo de Dom Joao III, la plaza central, como el antiguo Palacio del Concejo (siglo XV), hoy Museo de la Tierra de Miranda, un edificio que en la Edad Media perteneció a una de las familias con más poder e influencia por estos lares: los Ordazes.

Frente al museo, la Cámara Municipal, actual ayuntamiento, del siglo XIX en estilo neoclásico tardío. Y en entre ambos, dos estatuas en bronce; un hombre y una mujer, ataviados con los característicos trajes regionales de la zona. La figura masculina impone de veras con su capote tradicional negro, conocido como la Capa D´Honra.

Tampoco faltan diversas iglesias al amparo de la plaza, entre ellas la de la Misericordia, originalmente del siglo XVI, de fachada rematada con elementos neoclásicos.

DSCN2311Antigua Sé de Miranda do Douro 

Pero la que verdaderamente recorta el cielo de Miranda do Douro es la Antigua Sé, la catedral del siglo XVI en estilo neoclásico. Sobria, recia, magnífica. Dentro alberga la encogida y venerada talla policromada del Menino Jesús da Cartolinha. La leyenda nos cuenta que fue este niño Jesús quien ayudó a los mirandeses a liberar la ciudad y expulsar a las tropas invasoras castellanas del rey borbón Carlos III, quienes habían ocupado en 1762 la ciudad y las tierras a este lado del Duero.

Porque Miranda de Douro, queridos lectores y lectoras, un día fue española. Hoy la hemos vuelto a invadir, pero por fortuna de forma pacífica, para admirar sus monumentos medievales y comprar en sus numerosas tiendas, siguiendo en las calles de la parte nueva la conocida como “ruta de la toalla”.

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