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Esta mañana me he levantado, he abierto la ventana y me he encontrado con un panorama totalmente distinto al habitual. Primero porque hoy no me encuentro en mi casa de Madrid, y segundo porque ni siquiera estoy en España.

Esta mañana al levantarme y abrir la ventana, de un hotel para más señas,  tenía delante de mi la joven capital de Kazajistán: Astaná, “Астана en el endiablado alfabeto cirílico kazajo. La “ciudad capital”, como podríamos traducir del kazajo el nombre de Astaná, es el novísimo centro de poder político, financiero y cultural de esta exrepública soviética, una de las quince que hasta 1991-92 formó parte de la URSS, antes de su definitiva defunción.

dscn2396Love Astaná

Kazajistán es un país inmenso, unas cinco veces el tamaño de España y poblado solo por unos 18 millones de almas. Es además rico. Posee petróleo y recursos mineros para permitirse una capital como la que está tomando forma a ambas orillas del río que la atraviesa, el Ishim.

Es también un país sorprendente por la gran variedad de espacios naturales que cobija. Aunque la mayor parte de su territorio es una descomunal estepa semiárida, Kazajistán atrapa con sus sistemas montañosos de cumbres nevadas aptas para esquiar o practicar alpinismo, taigas, lagos, ríos, cañones y deltas.

kazajistanKazajistán

(Foto vía Pixabay)

Hasta 1997 la capital de este bello y duro país era Almatý, situada en la esquina sureste de su mapa. Sin embargo el padre de la república de Kazajistán, el omnipresente Nursultán Nazarbáyev  -rige los designios del país desde su independencia de la Unión Soviética-, tomó la sorprendente decisión de mover la capital hacia el centro norte del país.

Se argumentaron motivos económicos, geográficos y ecológicos para reemplazar a la vieja capital. Los índices de contaminación de Almatý, en aumento año tras año, y el alto riesgo sísmico latente en la zona sur del país, ayudaron a que el presidente se decantase por Akmola, como era conocida Astaná con anterioridad al estreno de su capitalidad.

Otras versiones oficiosas, sin embargo, van más allá y apuntan a cuestiones de tipo político. En el norte de Kazajistán hay una fuerte influencia de ciudades de Siberia occidental situadas al otro lado de la frontera, por tanto rusas. Ubicar la capital aquí, en esta zona rusófona, permite ejercer un control más efectivo sobre un territorio donde el gran oso ruso podría “acechar” peligrosamente. Precedentes en otras ex repúblicas soviéticas no faltan, léase Georgia, Ucrania…

dscn2398Río Ishim a su paso por la capital kazaja

Sean cuales sean las razones últimas para el relevo, lo cierto es que Astaná lleva desde finales del siglo pasado a sus espaldas la difícil tarea de representar a la joven república de Kazajistán. Mucho han cambiado las cosas desde que en 1830 se asentara aquí, a orillas del río Ishim, un grupo de aguerridos cosacos siberianos levantando una fortificación defensiva.

Al asentamiento le llamaron Akmoly y éste al crecer, y adquirir un par de años después el estatus de pequeña ciudad, lo rebautizaron como Akmolinsk. Más tarde, durante la era comunista de los soviets se la conocería como Tselinograd y tras la desintegración de la URSS, en 1992, Akmola. Y de aquí derivó en la actual Astaná.

dscn2511 dscn2527   Astaná de hoy

Astaná es, ante todo, el símbolo de la independencia e identidad de Kazajistán. Una ciudad que ha nacido para ser capital de un país, a semejanza de lo que aconteció en su momento con Brasilia para Brasil, Canberra para  Australia o la mismísima Washington para los Estados Unidos. Una metrópoli sorprendente, por las espectaculares edificaciones que se están levantando, en especial al sur del río, donde se combina el estilo tradicional islámico –Kazajistán es un país de mayoría musulmana- con lo más futurista de otras latitudes.

Y todo sale de la cabeza del personalísimo Nazarbáyev. Astaná es su criatura y los afamados estudios de arquitectura que trabajan para el presidente se encargan de hacer realidad su, digamos, desbordante imaginación.

dscn2384Museo del Primer Presidente de la República de Kazajistán

En la siguiente entrada conoceremos algunos de los ejemplos más interesantes que han tomado cuerpo a una orilla y otra del Ishim en esta urbe que la UNESCO declaró en 1999 “Ciudad del Mundo”. Aunque también ostenta otro título menos agradable, sobre todo para el visitante extranjero. Astaná es la segunda capital más fría del planeta, solo por detrás de Ulaanbaatar, su homónima en Mongolia. A pesar de todo, bienvenidos a Astaná. Bienvenidos a Asia Central.

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