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He desembarcado hace un par de días en Astaná, la capital de este inmenso país centroasiático llamado Kazajistán. En la entrada anterior ya hicimos una aproximación a ambas, ciudad y nación. En el post de hoy conoceremos un poco más sobre esta urbe, auténtico centro político, financiero y cultural del estado kazajo.

dscn2582Mapa de Astaná

Lo primero una advertencia: Astaná desconcierta y desborda. Es enorme en extensión. Las distancias, a vista de plano, engañan absolutamente. Por tanto dos opciones para explorar la ciudad: o caminamos a buen paso o hacemos uso del, por el momento, único transporte público viable para el viajero, es decir, el autobús.

Para 2018 está prevista la entrada en servicio de una línea de metro ligero que complementará al autobús en la complicada tarea de desplazarse mejor por el dilatado callejero de la ciudad.

dscn2440Plaza central de Astaná, en la parte antigua de la ciudad

Astaná está atravesada por el río Ishim que en la práctica la divide casi en dos mitades. Por encima del río, y próximo a él,  tenemos la ciudad vieja, con una anodina plaza central rectangular, alrededor de la cual se articuló el nacimiento en el siglo XIX de Akmolinsk -el primigenio precedente de la actual Astaná- y su posterior crecimiento.

Sin embargo este centro urbano nada tiene que ver con el clásico casco histórico de las ciudades europeas. En la, digamos, parte antigua de Astaná se combinan algunos coquetos edificios de estilo neoclásico, modernas construcciones oficiales, inmuebles ataviados con elementos decorativos islámicos en sus fachadas y viviendas residenciales con nulo interés.

dscn2377“Look” soviético al norte del río 

Si nos alejamos hacia el norte, hacia la estación central de trenes, daremos de bruces con el grisáceo paraíso de la horrenda arquitectura estalinista, herencia de los pesados años de pertenencia a la extinta Unión Soviética.

Dado que este añejo estilo puede tener sus acérrimos incondicionales, aconsejo para ellos un tranquilo paseo por la parte alta de calles como Beiybitshilik y Zhenis. Entraremos en el túnel comunista del tiempo.

dscn2430Teatro Maxim Gorky

Paraísos con sabor soviético aparte, aquí, por encima del río, no debemos perdernos el bello y antiguo Teatro de Drama Ruso, renombrado como “Maxim Gorky”; el Museo del Primer Presidente de Kazajistán, con el impresionante conjunto de estatuas en actitud desafiante de los Khans Zhanibek y Kerei justo delante; y el Centro de Cultura Presidencial, al inicio de la avenida de la República, la arteria principal de la capital kazaja, casi tocando con el arco atirantado del puente que salva el río Ishim.

En realidad se trata de un museo que recorre la historia militar de las fuerzas armadas del país. Su llamativa cúpula en azul y el resto del blanco e impoluto monumento son un tributo a la arquitectura túrquica. Y es que los lazos entre turcos y kazajos vienen de lejos.

dscn2569Centro de Cultura Presidencial

dscn2585Avenida de la República en Astaná

Varios puentes sobre el río, alguno peatonal, nos permitirán acceder a la parte sur de la capital de Kazajistán; un área urbanizada que casi ha brotado espontánea y vertiginosa de la árida estepa a partir del momento en que Astaná fue declarada, en detrimento de la sureña y alejada Almatý, nueva capital del país en los últimos suspiros del siglo pasado.

Aquí se ha levantado –y continúa aún- el nuevo centro político y financiero de Astaná. Rompedoras construcciones que arquitectos europeos, como Norman Foster, y otros venidos de latitudes asiáticas, en especial de Japón, han ido diseñando para dotar a la capital del país de un soberbio y sorprendente escenario de desarrollo y prosperidad.

dscn2461El nuevo Astaná surgido al sur del río

Como dije en la entrada anterior, de la cabeza del primer mandatario del país, el presidente Nazarbáyev, ha salido la mayor parte de las ideas y sugerencias para conformar este novísimo y deslumbrante escaparate de modernidad.

De hecho su “vivienda habitual”, un palacio digno de reyes y emperadores, se lo hizo construir al lado del recién estrenado complejo gubernamental, muy cerca de la media curva que el río Ishim forma justo a su espalda.

dscn2453Palacio Presidencial

Largas y rectilíneas avenidas, anchos bulevares, como el Nurzhol, parques, edificios de cristal con formas desafiantes, sicodélicos centros comerciales y de ocio, como el Khan Shatyr, edificios con sabor helénico, como el Teatro de la Ópera y Ballet… todos dan forma y sentido a esa idea de vanguardismo y crecimiento.

dscn2523Teatro de la Ópera y Ballet

dscn2525Khan Shatyr Mall

Pero no son los únicos. A la larga lista hay que añadir impresionantes mezquitas que combinan a la perfección elementos islámicos y ornamentos en la más pura tradición kazaja. Hablamos en este caso de la mezquita “Hazret Sultan”, la más grande del país y la segunda de Asia Central. La primera está en GypjakTurkmenistán.

Los cuatro minaretes de la kazaja se elevan hasta los 77 metros; la cúpula, auténtica filigrana, también ostenta el honor de ser la más descomunal del país. “Hazret Sultan” se localiza al este del río, detrás del palacio presidencial, pero a distancia, y es capaz de albergar hasta diez mil fieles en días señalados.

Le sigue la mezquita central Nur Astaná”, otro imprescindible en esta zona rabiosamente nueva y flamante de la ciudad. Proporcionada, armónica, rebosante de elegancia. Su cúpula y minaretes rematados en aluminio dorado la realzan aún más. No hay que olvidar que el credo mayoritario en Kazajistán es musulmán.

dscn2472Mezquita “Hazret Sultan”

dscn2507Mezquita central “Nur Astaná”

Y así, caminando entre tanta modernidad y deslumbre, llegamos al auténtico símbolo de la nueva capital: la torre Báyterek. Idea y empeño personal del presidente del país, en el interior nos espera una impresión de la palma de su mano. Quien visita la torre puede formular un deseo colocando la mano encima de la huella presidencial. Un poco delirante pero, ¿por qué no tentar a la suerte?

Tan estilizado monumento es un tributo a la independencia y prosperidad de la nación kazaja. Simboliza el árbol de la vida, con raíces mitológicas, donde un pájaro mágico deposita en lo más alto un huevo portador de la felicidad. De ahí la esfera dorada que corona esta original estructura de cristal y hormigón.

dscn2491Torre Báyterek

Astaná es una urbe difícil, dura. Como dije al comienzo de esta entrada, su tamaño desborda lo imaginado a priori. El clima es extremo y helador buena parte del año. El alfabeto cirílico, tanto en versión kazaja como rusa, que para eso estamos en un país bilingüe, es persistente en todas las esquinas y carteles de la ciudad, como un auténtico jeroglífico sin resolver.

Pese a los esfuerzos de sus autoridades, todavía son pocos los occidentales que se aventuran por este rincón estepario y algo perdido del centro norte de Kazajistán. Y sin embargo yo me he sentido aquí en mi salsa, conociendo y explorando en solitario una urbe en buena parte de nuevo cuño, asombrosa y vanguardista aunque algo desangelada y hostil para el viajero. Creo que Astaná puede presumir de lo que literalmente significa su nombre en kazajo: la ciudad capital.

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