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Posiblemente sea el país que he visitado más veces en mi vida. De hecho fue el primero y sucedió cuando contaba con la tierna edad de nueve años. Hoy he vuelto una vez más a este país tan especial para mí, un país con el que los gallegos especialmente, y yo lo soy, siempre hemos mantenido una suerte de maridaje muy particular. Ese país es Portugal, nuestro vecino del oeste peninsular, y en esta ocasión he venido a conocer uno de sus parajes naturales más fascinantes y bonitos.

Hoy me encuentro en el corazón del “Parque Nacional Peneda-Gerês”, el único que de manera oficial tiene esta pequeña nación europea desde 1971, año en que fue creado por sus autoridades.

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Peneda-Gerês se sitúa al norte del país, justo por debajo de la frontera que lo separa de la provincia de Orense, en el sur de Galicia y por tanto de España. Sin embargo sus 70 mil hectáreas de extensión comparten espacio con otro parque, éste gallego; el “Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés”, y todo el área está declarada “Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés”.

dscn2860Parque Nacional Peneda-Gerês en el norte de Portugal

Entrar en este espacio único y altamente protegido de Portugal es como hacerlo en un gran teatro natural, con una fauna muy diversa que incluye caballos salvajes, jabalíes, lobos, corzos, tejones, nutrias e incluso la siempre esquiva y escasa águila real.

Peneda-Gerês es un paraíso agreste, con especies botánicas exclusivas que incluyen algunas plantas medicinales, además de tupidos bosques de pinos, tejos, castaños, robles y abedules. La masa arbórea del parque nacional es desbordante y mantiene un grado de pureza envidiable. Y ello a pesar de los daños que causan año tras año, por desgracia, los numerosos incendios forestales provocados por la mano del hombre. Una lacra en Portugal.

dscn2981Bucólicos senderos

Si algo no falta en este placentero paraje del norte de nuestro país vecino es el agua. La complicada orografía del parque, con montañas que superan los mil quinientos metros, enormes riscos y terreno muy accidentado, favorece que las nubes descarguen el líquido elemento que después fluye por doquier, alimentando riachuelos, pequeños arroyos, cascadas, ríos y embalses. De esta manera el escenario natural que resulta en su conjunto es como una perfecta tarjeta postal, pero una postal venida de otras latitudes.

dscn3005Río Gerês

Cuando nos asomamos a la ribera del embalse y la albufera de Caniçada pareciera que nos transportamos hasta un idílico rincón del norte italiano o del sur de Suiza. Pintorescos pueblitos, encantadoras casitas y villas que cuelgan literalmente sobre las aguas -apoyadas a veces en rocas imposibles-, arboledas que beben de las orillas, pequeñas embarcaciones de recreo amarradas en el centro náutico de la freguesía de Rio Caldo, en algún embarcadero privado o ancladas directamente al fondo del agua…

Pareciera que nos encontráramos en algún punto de otras latitudes europeas, más al centro, y sin embargo estamos en Portugal.

dscn2798Embarcaciones en la albufera de Caniçada

dscn2896Vilar da Veiga, a orillas del embalse de Caniçada

dscn2937Puente de Rio Caldo 

Los alicientes de Peneda-Gerês no terminan aquí. La pequeña población de Vila do Gerês es famosa por sus aguas termales bicarbonatadas y sódicas a 47 grados centígrados y un pH de 9,12.

Se tiene constancia, a través de restos arqueológicos descubiertos en 1896, que ya en época romana había exploraciones de aguas minerales en la zona, por tanto la cosa viene de lejos. De hecho en el parque nacional aún quedan vestigios de “Geira”, la antigua calzada romana que unía la ciudad lusa de Braga con la hispana de Astorga.

dscn3015Vila do Gerês

Escritos datados en el siglo XVII testimonian ya por entonces la existencia en esta villa termal de una roca con cinco betas de agua mineral. Posteriormente se transformarían en pozos -tanques de granito-, donde personas aquejadas de distintas dolencias tomaban baños reparadores.

El mismísimo rey D. Joao V promovería la protección de estos pozos con unas cubiertas cónicas que se mantendrían hasta su demolición finalizando ya el siglo XIX. Fue entonces cuando se tomó la decisión de levantar en este lugar un balneario, siguiendo las pautas de la típica arquitectura termal portuguesa del momento. Y así el balneario abrió definitivamente sus puertas en 1899.

dscn2957Praceta de Honório de Lima en las termas de Gerês

Una vez inaugurado el complejo medicinal, las clases pudientes y aristocráticas de la época, con la familia real a la cabeza, se convirtieron en asiduos del lugar, siguiendo la costumbre de sus coetáneos centroeuropeos.

El conjunto termal se completó al final de la avenida Manoel Francisco da Costa con la coqueta columnata Honório de Lima, en la “praceta” del mismo nombre; una serie de edificios para diversas funciones derivadas de las termas, unidos por una gran galería semicircular.

dscn3000Hotel Águas do Gerês

Y por supuesto no hay balneario que se precie sin un elegante hotel “ad hoc” que sirva de descanso para el cliente/paciente. En Vila do Gerês no podía ser menos y tenemos el centenario “Grande Hotel Maia“, hoy “Águas do Gerês“.

El actual hotel, donde estoy alojado,  mantiene la fachada del original y lleva impregnado el encanto de otra época, si bien todo el interior ha sido reformado para adaptarse a los tiempos modernos, preservando en cualquier caso su distinguido y refinado exterior. El valor cultural e histórico del edificio es innegable. Es un auténtico placer pernoctar entre sus paredes y empaparse de un ambiente que nos lleva a otros tiempos, sin el glamour de entonces, pero con el aroma suficiente como para sentirnos transportados al pasado.

dscn2824Santuario de São Bento da Porta Aberta

Salud para el cuerpo y salud también para el espíritu. Si hay un lugar de culto incontestable para la iglesia católica en Portugal, ése es Fátima, el venerado centro de peregrinación religiosa. Pero existen otros repartidos por la geografía portuguesa y en concreto uno lo tenemos aquí, enclavado de modo perfecto entre las montañas del parque nacional.

Es el magnífico santuario de São Bento da Porta Aberta, un templo en estilo neoclásico y neobarroco, construido y finalizado en 1895. Su origen está en una pequeña ermita que se levantó en el mismo lugar allá por 1615. Sus puertas siempre permanecían abiertas para servir de refugio a quien pasara por allí, de ahí “Porta Aberta”.

Los paneles de azulejos de la capilla mayor del actual santuario, representando la vida del santo, y la pequeña talla dorada de São Bentinho, en el altar mayor, son el reclamo perfecto para que cientos de miles de creyentes peregrinen en romería cada año hasta este lugar tan mágico y espiritual.

img_194Panorámica desde el mirador de Pedra Bela

El Parque Nacional Peneda-Gerês constituye uno de los espacios naturales más impresionantes del país vecino. Ideal para para realizar senderismo, deportes de aventura y riesgo, actividades acuáticas, equitación, relajarse en un spa… y de paso quedarnos extasiados desde alguno de sus imponentes miradores, como el de Pedra Bela, a más de ochocientos metros de altura.

Desde esa magnífica atalaya podremos contemplar un paisaje maravilloso que por un momento nos hará creer que estamos, de pronto, en un paraje más propio de otros lares. Por algo Peneda-Gerês lleva el sobrenombre de la “pequeña Suiza de Portugal”.

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