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Forman parte de nuestras vidas, de nuestro día a día. Mueven a millones y millones de fieles y creyentes en prácticamente todos los rincones del mundo. Conforman en buena medida la cultura, costumbres y tradiciones de los pueblos. Convivimos con ellas desde que el mundo es mundo…

Son las religiones. Y sin embargo tienen su propia piedra en el zapato. Sí, porque no siempre se amoldan al devenir de los tiempos. Se estancan, se anquilosan, se perpetúan. Vivimos en el siglo XXI y en ocasiones pareciera que nos movemos por los tortuosos y retrógrados caminos de la Edad Media cuando de religión, o religiones, se trata.

Vaya por delante mi absoluto respeto por todo lo que huela a fe, prédicas, versículos, cánones o mandamientos. Sin embargo, y en plena era de las tecnologías más avanzadas, todavía no puedo dejar de sorprenderme cuando veo escenas como desempolvadas de otros tiempos. Impacta, y mucho, observar cómo cualquier religión puede llegar a condicionar la vida de sus fieles. Incluso en algo tan cotidiano como la vestimenta.

La imagen de este post está capturada en Doha, la capital de Qatar. Estamos en el Golfo Pérsico, pero la foto podría estar tomada en casi cualquier otro punto del mundo islámico.

Foto cortesía de Mario P. Borruel

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