Etiquetas

,

A modo de guardian frente a las costas de Noruega, país al que pertenecen, y a un centenar de kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico, emergen del fondo marino las casi dos mil islas que conforman el archipiélago más bello y conocido al norte de Europa: las Lofoten.

Panorama de las islas Lofoten, Noruega

Un ensueño de la naturaleza cuyas montañas, llanuras costeras, profundos y estrechos fiordos –como el espectacular y algo angustiosoTrollfjord-, junto a coloridos pueblitos de pescadores, conforman un edén de aspecto casi virginal que no debe pasar por alto el viajero que se aventura por esas latitudes boreales de Escandinavia. Porque entre sus atractivos, las Lofoten ofrecen la posibilidad de extasiarse mirando al cielo y contemplar las siempre místicas y misteriosas auroras boreales, entre el mes de septiembre y mediados de abril; o el perpetuo y dorado sol de medianoche, durante unas pocas semanas entre finales de mayo y mediados de julio.

El MS Finnmarken navegando por el interior del Trollfjiord

(Foto vía Wikipedia Commons)

Una de las entradas a este paraiso ártico podría ser el precioso pueblo de Reine, en la isla Moskenesøya, al sur del archipiélago. Para ello, tal como hice yo, se puede tomar el ferry en Bodø, sobre suelo continental noruego.

Después de una tranquila travesía de algo más de tres horas arribamos a la terminal de Moskenes, ya en territorio insular, y desde allí un autobús nos dejará en pocos minutos en la cercana Reine, un maravilloso enclave habitado, con la imponente montaña Reinebringen que le sirve de inigualable decorado de fondo.

Reine, en la isla Moskenesøya

Otra forma de llegar desde el continente es hacerlo en avión, bus o ferry entre Bodø y Svolvaer, ésta última ubicada en la isla de Austvågøy; el mayor asentamiento urbano del archipiélago, con sus algo menos de cinco mil almas y siempre atractiva por el gancho de sus museos y galerias de arte.

Aquí, en Svolvaer, también tienen parada los emblemáticos y ya centenarios cruceros Hurtigruten, que van peinando toda la costa occidental de Noruega, entre Bergen y Kirkenes, a lo largo de una docena de días.

Svolvaer, en la isla Austvågøy

Pero estábamos en Reine. En esta villa, y alquilando un vehículo, podemos enfilar la carretera E-10, el cordón umbilical que conecta y recorre las siete principales islas -y únicas habitadas- del archipiélago, todas de nombres impronunciables, como todo lo que se ve escrito por aquí; eso sí, con la ayuda de impresionantes puentes y modernos túneles, alguno bajo el fondo del mar.

Una experiencia única al volante que debe, y recalco lo de “debe”, realizarse con la calma que requiere la ocasión. No todos los días uno se deja caer en semejante e idílico regalo de la naturaleza.

Espectaculares puentes para viajar en coche por las Lofoten

No se precisa venir a las Lofoten con una mochila repleta de ropas térmicas y de abrigo para resistir y aguantar gélidas temperaturas. Porque en estas latitudes tan nórdicas, y a pesar de lo que pudiera parecer, el clima suele ser bastante benigno.

Como cualquier paraíso que se precie, Lofoten se levanta en el punto perfecto. Y es que por aquí pasa la conocida “Corriente del Golfo” que dulcifica, y mucho, las temperaturas de la zona. Sin embargo, la típica rebequita no debe faltar en nuestro equipaje. Bueno, de acuerdo, tal vez algo más 🙂 Al fin y al cabo estamos en el Ártico, ¿no?

Auroras boreales en las Lofoten

Unas temperaturas que ayudan, sin duda, a capturar el principal tesoro que esconden las aguas del mar de Noruega por estos lares. Es el bacalao “skrei“, el más selecto y exquisito que se puede degustar, el que ofrece una carne de textura más fibrosa y con menos contenido de grasa. Los vikingos ya conocían en su tiempo las cualidades de este auténtico manjar marino y en la corte inglesa del siglo XI se servía en las mesas, cual delicatessen medieval, para inmensa fortuna del paladar de sus comensales.

El skrei -literalmente “nómada” en noruego- es una criatura fascinante. Cuando llega a la edad adulta (entre dos y seis años) regresa desde las frías profundidades del mar de Barents, a un millar de kilómetros al oeste de las costas de las Lofoten, en un tortuoso viaje no exento de riesgos y peligros por las traicioneras corrientes marinas. Exhausto, al llegar comienza a desovar para dar paso a la siguiente generación. Épico.

Henningsvaer, en la isla Austvågøy

Su pesca sostenida y la degustación en restaurantes de Reine, Svolvaer o Henningsvaer se concentran entre los meses de enero y abril, los únicos permitidos por la legislación noruega. De su captura -y la cría del salmón- viven buena parte de los 25 mil habitantes del archipiélago, quienes combinan este ancestral arte con otro, no tan arcaico, durante el resto del año, pero que ayuda al desarrollo de la economía local: el turismo vacacional.

Al fin y al cabo solo era cuestión de tiempo que estas afortunadas islas empezaran a recepcionar turistas y viajeros, atraidos por las bondades de su clima, las exquisiteces culinarias que ofrecen sus aguas y esa idílica naturaleza que sabe seducir, y de qué manera, a nuestro sentido de la vista.

Mas INFO en: visitnorway.es y rentacar-lofoten.com

Fotos vía Pixabay.com

Anuncios