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Salir de Tirana no es tarea complicada, pero tampoco un camino de rosas. Descartado el ferrocarril por escaso, lento y obsoleto, la opción más viable que nos queda es el bús interurbano. Sin embargo la capital no dispone de una estación central de autobuses al uso, como en muchas ciudades europeas. En Tirana el viajero tiene que acudir a distintos aparcamientos a cielo abierto situados en diferentes puntos de la geografía urbana, donde se arremolinan autobuses y pequeños furgones con un cartel de la ciudad de destino localizado en el parabrisas. Te subes, pagas en el interior y nos vamos en cuanto el conductor, más o menos, estima oportuno. Esto es Albania 🙂

Después de un par de horas de viaje se arriba a la pequeña y encantadora ciudad de Berat, en el centro sur del país, a orillas del río Osum. Estoy en una de las ciudades más antiguas y bellas de esta nación balcánica; constancia existe de que ya estaba habitada allá por el siglo IV a.C. Berat es reflejo de un rico pasado bizantino primero, y otomano después, a quienes antecedieron los sempiternos romanos con su imperio en plena expansión, y antes todavía los ilirios.

Panorámica de Berat

De su pasado bizantino quedan numerosas iglesias del siglo XIII y de la era otomana diferentes mezquitas datadas a partir del siglo XV. La ciudad tiene no uno, sino tres centros históricos diferentes, lo que convierte su visita en toda una experiencia.

Fortaleza de Kalaja

El primero de los barrios, conocido también como fortaleza de Kalaja, se sitúa en lo alto de una escarpada colina que preside el castillo de Berat. Su construcción es del siglo XIII, pero sus orígenes se remontan al siglo IV a.C. Dentro del recinto amurallado, entre estrechas calles empedradas y viviendas otomanas, residen todavía un centenar de personas.

Callejeando por el barrio de la fortaleza

La ciudadela acoge un museo iconográfico y un puñado de pequeñas iglesias bizantinas en diferentes estados de conservación aunque, al menos en apariencia, cerradas al público. También es el hogar de una de las mezquitas más antiguas de Albania, la mezquita Roja, s.XV, que cohabita con otra, la mezquita Blanca. En realidad lo que persiste tras el paso de los siglos son unas ruinas y su localización no es cosa fácil.

Iglesia bizantina de la Santísima Trinidad (s.XIII-XIV)

La idea es ascender a pie –no tenemos otra alternativa- desde el río al caer la tarde para alcanzar el barrio en el momento más idóneo del día. Especial cuidado hay que guardar con la interminable y empinada cuesta que nos conduce hasta allá arriba y su suelo adoquinado, muy erosionado y resbaladizo por el efecto del trascurso del tiempo sobre él.

Sin embargo el esfuerzo merece la pena ya que se verá recompensado con unas fabulosas vistas de los otros dos cascos históricos, el valle por donde discurre el río y las montañas al fondo, nevadas todavía a pesar de estar a comienzos de mayo. Si complicada es la subida, atención a la bajada. Los irregulares y deslizantes adoquines pueden jugar una mala pasada si no ponemos atención al suelo.

Vistas desde la torre sur de la fortaleza de Kalaja

La entrada a la ciudadela no es libre y gratuita. Hay que abonar en la Puerta de Kalaja, antes de pasar bajo el arco, un “peaje” de 100 lek, unos 75 céntimos de euro al cambio actual.

Barrio de Mangalem

Localizado a los pies de la colina del castillo, Mangalem es por lo general el primer lugar que el visitante pisará al llegar a Berat. Lo mejor y más interesante de la arquitectura tradicional otomana tapiza el suelo de este barrio eminentemente musulmán.

Sus callecitas intentando trepar la colina, entre gastadas piedras y escalones imposibles, forman una retorcida malla de tejados ocres y encaladas paredes. Y ventanas, cientos de ventanas mirando hacia el río. De ahí el sobrenombre que se ha ganado Berat, “la ciudad de las mil ventanas”. El conjunto, visto desde la orilla opuesta del río Osum, es sencillamente único.

Panorámica del barrio de Mangalem al anochecer

Fuera de la colina, pero todavía dentro de Mangalem, se encuentra el llamado centro medieval, un pequeño complejo social y religioso del siglo XV, compuesto por la mezquita del Rey, conocida anteriormente como del Sultán Bayazit; la librería Helvetie, con sus celosías en madera, de un estilo barroco adaptado al arte islámico, y finalmente la posada de los Dervishes.

Centro medieval (siglo XV)

Barrio de Gorica

Situado frente a Mangalem, en la margen contraria del río, se localiza el barrio cristiano de Berat: Gorica. Dos puentes aseguran su conexión con el resto de la ciudad otomana. Uno de 1777, destruido en 1880 por una riada y vuelto a reconstruir aunque sin seguir la estructura original, de nombre Gorica, igual que el barrio; y otro más reciente, más moderno, pero desprovisto del encanto del primero.

Barrio de Gorica

Gorica surgió para evitar problemas de convivencia. Los otomanos lo tenían muy claro y segregaron a la población cristiana de la musulmana enviándola al otro lado del Osum para que no hubiera enfrentamientos y conflictos entre ambas comunidades.

Hoy, paradojas de la historia, las dos confesiones viven compartiendo calles y tabiques. Paseando por Berat te puedes topar con una iglesia ortodoxa a escasos metros de una mezquita. Y es que la tolerancia religiosa y cultural, además de un mutuo respeto, son algo asentado plenamente en la sociedad civil albanesa contemporánea.

Puente de Gorica sobre el río Osum

Dimensionalmente Gorica es el más pequeño de los tres barrios, aunque no por ello pierde en interés y autenticidad. El monasterio de San Spiridon, del siglo XVIII, y la iglesia de Santo Tomás, del mismo siglo que el monasterio, son los dos principales tesoros que guarda el barrio. La iglesia fue destruida como parte de la purga a la que sometió el régimen comunista a todo lo que oliera a religión, pero fue devuelta de sus cenizas en la década de los noventa del siglo pasado con aportaciones de la comunidad cristiana de Gorica.

Bulevar Republika en Berat

Berat bien merece una visita cuando nos encontramos viajando por Albania. Su triple casco histórico, su valioso patrimonio labrado por siglos de dominaciones extranjeras, su espectacular ubicación geográfica y su ambiente, en especial el nocturno, convierten a esta antiquísima ciudad en un hermoso destino que no debemos pasar por alto. Por todo ello no ha de extrañar que la UNESCO la haya inscrito en la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad en 2008.

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