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Dejo atrás Pogradec con el Orhid, el encantador lago compartido entre Albania y la República de Macedonia y pongo rumbo, esta vez, hacia el noroeste del pequeño país balcánico, casi en la frontera con otra de las exrepúblicas yugoslavas: Montenegro. Mi plan es alcanzar Shkodër, la principal ciudad del norte de Albania, muy cerca de su lago homónimo. Shkodër es para el viajero, además, la puerta que da acceso a los impresionantes Alpes Albanos o Montes Prokletije, una rama de los Alpes Dináricos que se extienden por la península de los Balcanes. Y por esta razón pongo la vista y el objetivo en esa abrupta y hermosa zona del país; y por esa razón me presto a una nueva y extenuante jornada de carretera a través de la geografía albanesa.

Cuando viajas por Albania entre dos puntos algo distantes, sí o sí, casi seguro, tendrás que pasar por la capital, Tirana, para cambiar de autobús, minibús o furgón en alguna de sus destartaladas terminales diseminadas por la ciudad y tomar nuevamente otro que te llevará a destino. Fue así como, tras el correspondiente trasbordo en Tirana, llegué a Shkodër seis horas después de la salida en Pogradec.

La envidiable posición geográfica de Shkodër convierte a la ciudad en el trampolín ideal para lanzarse a explorar el indómito y bellísimo norte de Albania. Existen agencias especializadas que facilitan la tarea de llevarte e introducirte en ese mundo algo salvaje y remoto que es la montaña albanesa más septentrional, con recorridos en barco por el espectacular lago Komani –apodado el fiordo de Albania-, para abrir boca, y adentrarse más tarde en territorio de los parques nacionales de Thethi y del Valle Valvona.

Mi idea era, a través de una agencia local de Shkodër, viajar hasta el pueblecito de Theth –en el primero de los parques-, pernoctar allí en pensión completa y aprovechar para conocer su austera pero cautivadora iglesia católica y la famosa cascada de Grunas, con su impresionante caída de agua precipitándose desde unos treinta metros de altura. Eso, y disfrutar de una naturaleza abrupta y sugerente.

Iglesia católica de Theth, en el Parque Nacional de Thethi. Foto vía Pixabay.com

Este era el plan de actuación previsto cuando me bajé del autobús alrededor de las tres de la tarde en Shkodër. Busqué a continuación un hotel asequible en el mismo centro urbano y lo encontré muy cerca del Teatro Migjeni. Una vez desprendido de la mochila, y tras una ducha reparadora, me dispuse a pasar la tarde visitando la ciudad.

Todo empezó a torcerse en medio de la noche cuando la lluvia me despertó golpeando con fuerza la ventana de mi habitación. No me lo podía creer. Alguna nube emborronaba, sin apariencia de amenaza, el cielo casi azul cuando arribé a la ciudad, pero el sol finalmente se había impuesto regalándome una placentera y luminosa tarde del mes de mayo.

De repente el tiempo había cambiado… para mal. Me levanté de la cama, encendí mi portátil y consulté en Internet la previsión meteorológica en el área del parque nacional. Para disgusto mío el pronóstico era bastante nefasto, con lluvia, descenso de temperatura y posibilidad de tormentas vespertinas en la zona de Theth durante, al menos, los dos días siguientes.

Mi sueño de visitar la montaña albanesa se ha evaporado. Con semejantes condiciones atmosféricas en verdad no merece la pena adentrarse en territorio montañoso. Por otro lado no dispongo de suficientes días para quedarme en la zona y esperar a que el tiempo cambie de cara. En ningún momento, lo reconozco, he tenido la precaución de informarme sobre la meteorología prevista en esa parte del país. Desde mi llegada a Albania el tiempo ha sido estable y cálido. Pero estamos en primavera y en esta época el clima es todo menos tranquilo.

Siempre que viajo existe un plan B. Y si no lo hay, lo improviso. En este caso hay que sustituir la montaña por otro lugar que me permita aprovechar los últimos días de mi estancia en Albania. Si la montaña ha fallado, entonces la costa mediterránea puede ser una buena opción.

Así, examinando el mapa del país, he caído en la cuenta de que en su extremo más meridional se sitúa la famosa Riviera Albanesa, con la ciudad de Sarandë como capital de la misma; y sobre todo las famosas ruinas arqueológicas de Butrinto, la en otro tiempo ciudad portuaria donde dejaron su huella diferentes culturas y civilizaciones. Situadas en el parque nacional del mismo nombre, Butrinto se localiza a pocos kilómetros al sur de Sarandë, casi en territorio heleno. Plan B en marcha…

Entre tanto, qué ver en Shkodër

Conocido como el Miguel Ángel albanés, la ciudad de Shkodër debe mucho a un gran artista polifacético de nombre Kolë Idromeno, nacido precisamente aquí, en Shkodër, en 1860. Diferentes edificaciones del siglo XIX en la ciudad llevan su firma. Tal es así que el barrio de Gjuhadol, incrustado en el distrito histórico, al norte de la ciudad, en conjunto tiene su sello.

Calle Kolë Idromena en Shkodër

En la actualidad la principal arteria del barrio se llama como él; un animado y coqueto bulevard peatonal donde los lugareños se dan cita al finalizar el día, paseando entre sus pequeñas galerías de arte, cafés, terrazas y tiendas de diseño.

Las villas residenciales del barrio se caracterizan por una larga sucesión de ventanas y contraventanas, grandes puertas y paredes altas, todos ellos elementos típicos de la arquitectura decimonónica local. Idromeno fallecería en 1939, en la capital, Tirana.

Típicas fachadas de las construcciones del s.XIX en el centro de Shkodër 

Reflejo de la diversidad y tolerancia religiosa del país y de la ciudad, mezquitas musulmanas conviven sin problema con iglesias ortodoxas y templos católicos. En 1995 se levantó la impresionante mezquita Ebu Bekir en el mismo lugar donde antes estuvo otra del siglo XIII y destruida durante el régimen comunista de Enver Hoxha. Más reciente es la mezquita Parrucë o El Zamil, de 2003, con la misma arquitectura de otra previa construida en 1943 y destruida en 1968, para mayor gloria del ateísmo imperante en la época de la dictadura del proletariado de Hoxha.

Mezquitas de Ebu Bekir (arriba) y Parrucë (abajo)

Los ortodoxos se dan cita principalmente en una imponente iglesia construida a comienzos de este milenio, en un terreno ocupado antes por otra iglesia de madera. Los católicos, por su lado, gozan de buena salud en esta parte del país y aquí, en Shkodër, disponen de un importante punto de encuentro, además de la catedral.

Se trata de la Iglesia Franciscana, levantada en 1890. Fue construida en estilo italiano y coronada con estatuas religiosas. Durante los oscuros años de recalcitrante comunismo se salvó de la quema para servir como centro cultural. La gran Franciscana, al menos, no corrió la misma funesta suerte de tantos y tantos centros religiosos, fuere cual fuere su credo. Se reabrió como templo para culto católico nuevamente en 1998.

Iglesia Ortodoxa Campanario de la iglesia Franciscana

Uno de los símbolos de Sarandë es la Torre del Reloj, o mejor, lo que queda de ella. Se le conoce popularmente como el “Reloj Inglés” debido a que fue construida por un misionero protestante evangélico británico, Lord Paget, para uso religioso. Después de su fallecimiento se convertiría en una torre de vigilancia contra incendios.

Torre del Reloj, a la izquierda, con los minaretes de Ebu Bekir, a la derecha

Dejamos Shkodër en el norte de Albania y nos vamos al extremo opuesto, en el sur. Dejamos la lluvia para ir en busca del sol. Estoy a punto de tomar de nuevo un autobús, o dos, o los que haga falta. Nos marchamos hasta la Riviera Albanesa. En la próxima entrada…

Dedicated to Ida. “Famelinderit” for your help and sympathy 🙂

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