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La mañana había amanecido lluviosa, desapacible, en Shkodër, al norte de Albania. Tomada la decisión de no aventurarme en la cercana y sobrecogedora montaña de Thethi y Valvona debido al mal tiempo, puse rumbo hacia la punta sur del país, hacia Sarandë, en busca de la soleada Riviera Albanesa, frente a la isla griega de Corfú.

Próximo destino: la Riviera Albanesa

Ya lo he comentado en entradas anteriores. Moverse en Albania no es sencillo. Un manifiesto caos en el transporte interurbano por carretera provoca cierto desánimo en la primera toma de contacto con él. Sin embargo, con el transcurso de las jornadas se produce un curioso fenómeno de inmersión. Sin darte cuenta formas parte de ese fabuloso enredo pero al tiempo consigues salir del paso, porque al final autobuses, minibuses y cualquier vehículo con cuatro ruedas que transporte pasajeros -en algunos casos sentados incluso en taburetes en medio del pasillo- salen y llegan a destino. Puede que no a la hora prevista, pero llegan.

Terminal de autobuses Ndërqytetas en Tirana

Con este panorama abandoné Shkodër a las 7.45 de la mañana hacia Tirana, la capital albanesa. Una vez allí, algo más de dos horas después, me bajé en la siempre desconcertante y bulliciosa terminal de autobuses de Ndërqytetas, en la plaza del Águila. Es a mi juicio la principal de los varios intentos de estación de autobuses que existen en Tirana, aunque solo sea por la cantidad de ellos que operan desde allí. De esta manera no fue difícil localizar el furgón que en tan solo dos minutos salía hacia Sarandë, mi siguiente y último destino en Albania. Había llegado a tiempo.

El minibús en el que viajé hasta Sarandë

Tras un largo y fatigoso viaje de cinco horas y cuarto, el pequeño omnibús llega por fin al centro de Sarandë y desaloja a sus entumecidos pasajeros en plena calle, porque allí no hay algo que se asemeje a una terminal de autobuses. Sin embargo el panorama se presenta alentador. La tarde es radiante, la temperatura muy agradable, y el paseo marítimo está animado, lo mismo que las terrazas y cafés que se asoman a él. Y como deseo que la experiencia sea total, me busco alojamiento en el mismo bulevar Hasan Tahsini, a escasos metros del agua. No me cuesta encontrar algo de mi gusto y además por un buen precio: diecinueve euros la noche y vistas de película sobre el mar Jónico y la isla de Corfú, al fondo. Esto es Albania amig@s.

Vistas desde la terraza de la habitación de mi hotel en Sarandë

En esta época del año, en plena primavera, Sarandë, bautizada por este bloguero como la “Niza de la Riviera Albanesa”, disfruta de una plácida tranquilidad que a buen seguro los lugareños echarán en falta dentro de apenas mes y medio, en cuanto aterrice aquí la temporada estival. Será entonces cuando el sosiego y serenidad del que disfrutan ahora en la ciudad se evapore, para dar lugar a una efervescencia y bullicio que la envolverán en un ambiente solo apto para acérrimos del sol y playa. Es la quietud que precede a la tormenta.

Panorámica de Sarandë con sus terrazas en el pequeño puertoAnochece sobre el paseo marítimo de Sarandë

Mientras llega ese turbador momento estoy metido de lleno en la conocida como Riviera Albanesa, una porción de costa que se extiende por el litoral mediterráneo, desde el parque nacional de Llogara hasta la frontera con Grecia. Su animada vida nocturna, el ecoturismo, playas de agua color turquesa, solitarias caletas, cañones costeros, pequeños pueblos, iglesias ortodoxas y restos de castillos, son el reclamo principal para que la jet albanesa -y de otros países de la zona- haya puesto sus ojos en esta parte de Albania. Yo no soy tan pretencioso y me conformo con pasar un par de días en la zona, disfrutando de un buen clima, comida, ambiente y empaparme de algo de cultura.

Sol y playa en la Riviera Albanesa 

¿Cultura en un destino azul, de sol y playa? Pues sí. La misma ciudad de Sarandë atesora interesantes restos arqueológicos, herencia de épocas pasadas. De la orillas del mar, en la playa, emerge lo que queda de la antigua puerta de entrada a la fortaleza de Onhezmi, en el lado occidental de la misma. Y en la calle Abedin Dino, al lado del céntrico parque municipal Miqësia, nos sorprende un auténtico museo a cielo abierto, una construcción con raíces fechadas en el siglo IV/V a.C. El monumento alberga las ruinas de una sinagoga y una basílica que hubo allí. Se trataría de una basílica cristiana temprana que se transformó en sinagoga a principios del siglo XV.

Restos de la antigua puerta de Onhezmi en la playa de Sarandë

Pero lo que verdaderamente me había traído hasta esta esquina de Albania, además de su benigno clima, era conocer uno de los tesoros arqueológicos más notables que guarda el país. Para este ilustrado fin hay que trasladarse una veintena de kilómetros al sur de Sarandé, ya prácticamente en territorio griego. Allí, en una caprichosa y recogida península se mantiene vivo un fragmento de la historia del Mediterráneo: la antigua ciudad portuaria de Butrinto. He llegado hasta uno de los destinos culturales más visitados por turistas y viajeros en la península de los Balcanes; incrustado además en el pequeño parque nacional del mismo nombre y declarada ciudad Herencia de la Humanidad por la UNESCO en 1992.

Teatro Romano de Butrinto

Butrinto, la antigua Buthrotum que fundaran los exiliados de Troya tras la caída de la mítica ciudad anatolia -de ahí que también sea conocida como la “pequeña Troya”-, nos ofrece en la actualidad un apasionante viaje por distintas etapas de la historia de las civilizaciones y cuyos orígenes se remontan hasta al menos el siglo IV a.C. Griegos, romanos, bizantinos, venecianos y otomanos, todos, de uno en uno y sucesivamente a través de las centurias, han dejado una huella indeleble y atemporal de su paso por Butrinto.

Baptisterio en Butrinto Gran Basílica en Butrinto

Los muros, un teatro romano del siglo III, la villa o residencia privada, los baños y el ágora, todos romanos; el baptisterio con su suelo de mosaico, la gran basílica bizantina del s.VI, el castillo y la torre venecianas del s. XIV-XV… son solo unos ejemplos, a modo de provisional inventario, que nos esperan al entrar en la legendaria Butrinto…

A tener en cuenta

Para trasladarse desde Sarandë hasta el sitio de Butrinto existe un servicio regular de autobuses. Se puede tomar uno en la parada que hay frente a los restos de la basílica/sinagoga, en la calle Abedin Dino, y nos deja en la misma puerta de acceso al recinto de Butrinto. El primer autobús pasa a las 5.35 horas y el último a las 21.35 horas. La frecuencia de paso es de uno a la hora, justo en el minuto 35. El autobús de vuelta se toma en el mismo punto donde nos ha dejado a la ida. El precio por trayecto es de 100 lek, unos 70 céntimos de euro.

Entrada a Butrinto: 700 lek, algo más de cinco euros.

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