Viajar en avión puede resultar un placer, o una pesadilla. Estamos a pocas jornadas de que comience un nuevo éxodo veraniego de miles y miles de personas que se trasladarán de un lado a otro en busca de su lugar favorito de descanso y vacaciones. Y muchas escogerán el avión para tal fin. Así las cosas, si realizáramos una encuesta entre usuarios de este medio de transporte en cualquier aeropuerto es probable que los resultados en torno a este dilema, placer/pesadilla, fueran bastante ajustados. No habría, casi con seguridad, una opción claramente ganadora. Lo que sí es bastante probable es que la mayoría de los entrevistados estarían de acuerdo en considerar que el avión es un medio seguro, muy seguro a la hora de viajar de un lugar a otro.

Con los datos en la mano es incuestionable que los índices de siniestralidad aérea son mínimos en comparación con los de otras maneras de desplazarse. Y para ello el mundo de la aeronáutica comercial se emplea muy a fondo en minimizar al máximo el riesgo de accidentes, cuidando el diseño íntegro de un avión hasta el más nímio detalle. Nada puede quedar al azar. Todo está estudiado concienzudamente para intentar garantizar la seguridad en el aire. Desde la forma cilíndrica de las cabinas, los materiales de construcción, la ubicación de asientos, los protocolos de emergencia… hasta las ventanillas. Sí, también las ventanillas.

En el blog ya explicamos en su momento el por qué de ese pequeño agujerito que todos podemos observar en la parte inferior de las ventanillas de los aviones. Pues bien. Además del diminuto orificio, las ventanillas y su forma inciden igualmente en la seguridad aérea.

En tiempos pretéritos las ventanillas de los aviones eran rectangulares. Así fue hasta que dos accidentes aéreos pusieron en alerta a los ingenieros. A mediados de la década de los años 50 del siglo pasado dos aviones que cubrían, uno la ruta Roma-Londres, y Londres-Johannesburgo el otro, se precipitaron al suelo. Las investigaciones posteriores revelaron que ambos siniestros estaban relacionados con la forma de las ventanillas. ¿Por qué?

Típicas ventanillas en aeronaves de mediados del siglo XX

Cuando un avión toma altura toda su estructura recibe un fuerte estrés debido al cambio de presión entre el interior y el exterior. Ese estrés se reparte de manera más o menos uniforme por toda la cabina debido a su diseño en forma de tubo cilíndrico, lo que ayuda a presurizar correctamente el interior de la cabina; sin embargo las ventanillas son zonas muy sensibles y siempre suponen un obstáculo en la segura presurización de todo el avión.

Si las ventanillas fueran rectangulares la presión podría concentrarse peligrosamente en sus esquinas con el consiguiente riesgo de rotura del vidrio. En cambio si éstas son redondeadas, la tensión a la que se ve sometida toda la cabina se suaviza y se equilibra cuando alcanza esa especie de ojos de buey por los que a casi todos -no lo neguemos- nos encanta mirar cuando viajamos en avión, minimizando así el peligro de rotura.

¿Placer o pesadilla? Volar puede suponer cualquiera de las dos sensaciones. Sin embargo cuando contemplemos un hermoso panorama a través de la ventanilla de nuestro avión, desde las alturas, pensad que esa misma ventanilla y su curiosa forma pueden ayudar, de manera definitiva, a inclinar la balanza hacia la primera de las opciones; la placentera.

Fotos vía portal Pixabay.com

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