Etiquetas

, ,

Viena es un maravilloso escaparate de arquitectura, de arquitectura de diferentes épocas y estilos. La poderosa familia Habsburgo modeló durante siglos la capital de su imperio a voluntad y perpetuidad. En este blog ya hemos realizado una aproximación en distintas entradas -solo hay que pinchar en la etiqueta “Viena”- a esta bellísima y elegante ciudad que tanto fascina y atrae a quienes se acercan hasta ella. Incluido este bloguero, naturalmente.

Viena, siempre elegancia y distinción

Sin embargo un trágico hecho casi se lleva por delante buena parte de esa impresionante herencia monumental y arquitectónica dejada por la dinastía habsbúrgica. Con la Segunda Guerra Mundial Viena sufrió en sus carnes la violencia y atrocidad de un conflicto bélico que la dañó profundamente, dejando muy tocado el corazón de aquel grandioso legado otorgado por los Habsburgo.

En los años siguientes al final de la contienda mundial -1945- se intentó recuperar el esplendor perdido con un cuidadoso y detallado proceso de reconstrucción y rehabilitación de edificios, palacios, calles, plazas, jardines y todo lo que había sido pasto de la barbarie en el conflicto armado. Pero será a partir de los años 60 del siglo pasado cuando empezarán a surgir revolucionarios ejemplos de arquitectura moderna de posguerra, en clara contraposición a lo ya existente. Sirva como ejemplo la Donauturm -o torre del Danubio-, la audaz y ya vanguardista por entonces, en 1964 cuando se inauguró, torre de comunicaciones de la ciudad.

Donauturm de Viena

Esta Viena tan singular y sorprendente surgió del cerebro de auténticos visionarios que, con el tiempo, daría lugar a lo que se conoció como “fenómeno austriaco”. Este fue el punto de partida parafabricar una nueva Viena; el perfecto contrapunto a esa otra Viena dejada allí, a orillas del Danubio, por el augusto emperador Francisco José y sus regios antepasados. No sin fuerte controversia en algunos casos, como veremos.

Uno de los proyectos que agitaría mentes y conciencias  tomó forma en el mismísimo corazón de Viena, en la plaza de la catedral de San Esteban. En tan sacrosanto lugar un arquitecto, Hans Hollein, se atreve a levantar a mediados de la década de los años 80 del siglo XX un edificio absolutamente rompedor para un entorno tan tradicional: la Haas House.

El resultado fue una moderna casa con dos fachadas diferenciadas. Una de cristal, donde se refleja la catedral casi de forma mística, y la otra a base de ventanas cuadradas –casetones, en jerga arquitectónica- que le confiere al conjunto un aspecto similar al de un tablero de ajedrez.

Haas House, a la izquierda, frente a la catedral de San Esteban

La idea del autor era provocar un choque de épocas siguiendo un esquema cronológico: en este céntrico e histórico escenario las casas medievales habían sustituido a las primitivas viviendas romanas, y ahora la suya se levantaba sobre los restos de aquéllas. Hollein no solo causó así un choque de épocas; su provocación condujo a otro choque, esta vez en la calle, con el cruce de opiniones a favor y en contra de su especialísimo vástago.

La valentía y atrevimiento de Hollein derivaron de forma irremediable en un escándalo público en toda regla. Por fortuna hoy día, después de varias décadas, la “demoníaca” presencia del edificio en San Esteban ya ha sido asimilada por propios y extraños, pero sobre todo por los primeros.

En la siguiente entrada seguiremos sumergiéndonos un poquito más en esa otra Viena alternativa y transgresora que surgió a orillas de Danubio a partir de mediados del siglo XX, y que hoy se codea con lo más granado y selecto que dejaron sobre el mismo terreno los Habsburgo.

Anuncios