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Capital de la “república de Ayaria”, una región autónoma dentro de Georgia, Batumi es la segunda ciudad del pequeño estado caucásico. Se levanta sobre una bahía natural que forma el mar Negro en su costa oriental, rodeada por las montañas del vecino Parque Nacional de Mtirala y a muy pocos kilómetros de la frontera con Turquía. Esta proximidad a un país no culturalmente ruso y su clima subtropical convierten a la ciudad en un destino vacacional de primer orden para los georgianos. Pero no solo de turismo interior vive Batumi. Hasta aquí se acercan cada año miles de turistas de otras nacionalidades tan dispares como israelíes, turcos, ucranianos, bielorrusos, armenios, polacos o lituanos, por citar algunos ejemplos.

Batumi y su puerto, al amparo de una bahía natural en el Mar Negro

Georgia es en la actualidad una nación soberana pero no siempre fue así. Entre 1921 y 1991 perteneció a la Unión Soviética tras un corto periodo de independencia de apenas dos años. Durante la etapa comunista Batumi se convirtió en lugar predilecto para la élite del poder moscovita que veraneaba aquí, en el mar Negro. Esta circunstancia puso a la ciudad en el mapa y atrajo a su vez a hordas de ciudadanos del resto de la URSS que venían hasta este rincón del mapa bendecido por su clima y ambiente algo exclusivo.

El Singapur georgiano

La Batumi de hoy es un importante resort estival que incluye playas, balneario, casinos, hoteles de lujo, una base militar, estación de ferrocarril, puerto y aeropuerto. Todo esto se traduce en turismo y dinero que hacen de Batumi un enorme centro comercial y de ocio en el que se apoya buena parte de la economía del país. De ahí el sobrenombre con el que algunos han apodado a la pequeña ciudad caucásica: “Singapur georgiano”.

Sol y playa en el Mar Negro

A primera vista, y con todo lo dicho, podría parecer que Batumi no es un destino con el atractivo suficiente como para ser visitado por viajeros inquietos. Sin embargo no es así. Más allá de la playa, el clima dorado y su potente ambiente nocturno existe otro tipo de vida en la ciudad, interesante además. Iglesias, mezquitas, sinagogas, teatros y museos se encargan de dar otro toque menos mundano y más seductor para quien no solo desea tostarse al sol entre chapuzón y chapuzón.

Batumi y su arquitectura del siglo XIX

La Batumi que vemos en el presente se nos muestra como una ecléctica mezcla arquitectónica, donde encantadores edificios clásicos del siglo XIX comparten sitio con ultramodernos diseños en acero, como el de la Torre Alfabética, y con rascacielos que se prestan para servir como apartamentos de lujo y hoteles, sin olvidar los consabidos casinos. Aquí, en estas latitudes de aires subtropicales, el juego es un poderosísimo imán que seduce y atrae a buena parte de los visitantes que tiene la ciudad.

Plaza de Europa

La ciudad tiene un punto de encuentro en la céntrica Plaza de Europa, con su escultura dedicada a Medea sobre un descomunal pedestal y el precioso reloj astronómico, localizado en un edificio de arquitectura visual única. A partir de aquí podemos  acercarnos hasta la Catedral de la Santísima Virgen María, el templo más importante de la ciudad, si bien en su pasado soviético tuvo cometidos variopintos, como servir de archivo o ¡laboratorio de alto voltaje!. Tras esos años oscuros de férreo estalinismo volvió a manos de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, la mayoritaria en este país.

Catedral de la Santísima Virgen

La catedral está construida en ese estilo neogótico tan propio de fines del siglo XIX, con tres cúpulas y su piedra exterior tiene la curiosa propiedad de cambiar de color según el tiempo meteorológico que envuelve al edificio religioso.

No lejos está la preciosa iglesia de San Nicolás, también del decimonono. Un regalo que los griegos que vivían en Batumi por aquel entonces hicieron al sultán otomano con motivo de su jubileo ganando así su aprobación para la construcción del templo. Pero hubo una condición, digamos singular: que las campanas no repicaran nunca.

Iglesia de San Nicolás

La pequeña Iglesia Apostólica Armenia, a pocos metros de San Nicolás, también vio la luz en el siglo XIX para luego ser defenestrada en la etapa de pertenencia del país a la extinta Unión Soviética. Servir como planetarium la salvó de su quema definitiva durante esa época y en el año 1992, recuperada la independencia de Georgia, la iglesia retomó sus funciones pastorales.

Iglesia Apostólica de Armenia

Uno de los lugares donde hay que dejarse ver al atardecer es el Boulevard de la costa, una suerte de paseo marítimo de unos ocho kilómetros de longitud -casi finaliza en Turquía- que inició su construcción en 1881 y está envuelto en un jardín costero. En la actualidad sus bungalows, cafés y locales llenos de ambiente, bancos de diseño, esculturas, fuentes… son el principal reclamo para que lugareños y visitantes se apoderen de la zona al finalizar el día.

Boulevar de Batumi

Ayer por la mañana, minutos antes de las ocho, me dí un baño en las cálidas y apacibles aguas del Mar Negro. Hacía mucho tiempo que no me dejaba caer en una playa para zambullirme en el agua marina. Sin embargo ayer experimenté una extraña, pero al tiempo excitante sensación. No todos los días uno puede introducir su cuerpo serrano en un marco tan exótico y llamativo 🙂

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