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La Mochila de Marco Polo ha desembarcado, como he anunciado en anteriores entradas, en la región del Cáucaso sur, en esa difusa zona del mapa donde Europa cede el testigo a Asia, aunque también podría verse por el lado contrario e invertir los papeles, difuminándose de esta manera Asia en Europa. Aquí, en este lado del mundo, emerge la pequeña República de Georgia, y con ella su capital: Tiflis, o también Tbilisi, nombre transliterado del georgiano თბილისი, el endiablado idioma local que tiene su propio alfabeto, no tiene familia lingüistica conocida y es la lengua materna del 85% de la población total del país, según los últimos estudios. Según estos mismos estudios, un 55% de esa población habla y entiende ruso de manera altarnativa al georgiano, resultado de la política de imposición lingüistica que se produjo durante la etapa comunista.

Panorámica de Tiflis, la capital de Georgia

Las raíces primitivas de Tiflis se hunden en el siglo V cuando Vakhtang Gorgasali, un rey de la antigua Iberia caucásica, decide fundar en este lugar, a orillas del río Kurá y al amparo de las colinas que la rodean, esta hermosa ciudad que, con algunas abruptas interrupciones y hasta el día de hoy, es y ha sido la capital de Georgia.

Tiflis es una sabia combinación de antiguo y moderno; es decir, al recorrer su compleja orografía nos recreamos con una arquitectura civil y religiosa, procedente en buena medida del medievo, que marida con rabiosos y modernos edificios que nos señalan que aquí también ha llegado el siglo XXI.

Tiflis y su rabiante vanguardismo

Antiguamente esta ciudad desempeñó un papel clave en la Ruta de la Seda y en las relaciones entre imperios rivales, Tiflis servía siempre como moneda de cambio. Más adelante, en el primer tercio del siglo XX, la revolución bolchevique acabó con el sueño de una Georgia independiente para ser anexionada por una Unión Soviética que echaba a andar tras su propia revolución del proletariado.

Edificio del antiguo Parlamento de Georgia

Poco más de dos años, entre 1918 y 1921, fue todo lo que duraría una experiencia única que se había materializado en la llamada República Democrática de Georgia, donde el pequeño país estrenó una constitución avanzada para la época y celebró elecciones parlamentarias libres. De todo esto fue testigo la capital y hoy el viejo edificio del parlamento es un testigo viviente de aquella época inolvidable para quienes tienen ya una edad avanzada.

Plaza de la República en Tiflis

Tras la liquidación del estado soviético y con él la existencia de la República Socialista Soviética de Georgia, el país recuperó su soberanía en 1991. Y así hasta hoy. No sin sobresaltoss, como la llamada “Revolución de las Rosas” que tuvo lugar en el año 2003. Los alrededores de la Plaza de la Libertad y ésta misma, el auténtico corazón social y emocional de la capital, fueron testigo de un momento histórico que sirvió para derrocar de manera pacífica a un presidente, Eduard Shevardnadze, quien había puesto al país al borde del abismo con su política amparada en la corrupción y el consiguiente colapso de la economía nacional.

Avenida Rustaveli

Desde esta emblemática plaza parte la avenida Rustaveli, en honor al gran poeta nacional Shoata Rustaveli; la más conocida y transitada de la ciudad. Originalmente diseñada por el barón Hausmann en el siglo XIX, esta arteria -con su perfecta hilera de árboles- es todo un referente cultural y político de la capital georgiana. El Teatro de la Ópera y el Ballet, el Parlamento –actual y antiguo-, y la iglesia (ortodoxa) de Kashveti de San Jorge, construida a inicios del siglo pasado con el patrocinio de la nobleza y burguesía del país, son algunos de sus vecinos más ilustres.

Teatro de la Ópera y el Ballet Parlamento de Georgia Iglesia de Kashveti de San Jorge

Si abandonamos la Plaza de la Libertad por el lado opuesto al de la avenida Rustaveli entraremos en el barrio de Narikala, parte del cual trepa por la colina coronada por la Fortaleza de Narikala que fue fundada en el siglo IV y expandida después, en el s.VII, por los Omeyas y más tarde aún por el rey David IV de Georgia. Fueron los mongoles quienes bautizaron a la ciudadela como Narin Qala. De ahí deriva su nombre actual.

Vista al caer la noche sobre la Fortaleza y el distrito de Narikala

Al lado de la fortaleza se yergue la impresionante escultura de una mujer que ofrece vino con una mano al visitante amistoso, mientras con la otra mano empuña una espada para avisar a quien venga a la ciudad con pensamientos poco pacíficos. Toda una alegoría.

Las vistas desde la fortaleza sobre Tiflis, con el río partiendo en dos mitades a la ciudad, son impagables. Pagar sí que hay que pagar por subir hasta este punto en el teleférico que se toma en la plaza de Europa. Sin embargo yo recomiendo ascender a pie al caer la tarde. La subida no es agobiante a esas horas y, si se realiza sin prisas, el ascenso se irá compensando gratamente con el espectáculo visual que va “in crescendo” a medida que ganamos altura.

Tiflis desde la Fortaleza de Narikala

El distrito de Narikala es el corazón medieval de la capital georgiana. La mayor parte de las edificaciones son casitas balconadas –algunas no en muy buen estado- de los siglos XVI y XVII y se enclavan en un decorado de estrechas y laberínticas callecitas con pavimento de adoquines bastante incómodos, todo hay que decirlo. Pero es el precio que a veces hay que pagar por saborear el encanto de lo antiguo.

Típicas casas del barrio de Narikala

Narikala es también el hogar de la Catedral Sioni. Situada en la histórica calle Sioni del casco viejo de Tiflis, fue la catedral ortodoxa georgiana de la ciudad por derecho propio hasta la consagración de la actual Catedral de la Santísima Trinidad, en 2004.

Inicialmente la vieja catedral Sioni fue construida entre los siglos VI y VII pero el paso del tiempo se mostró especialmente duro con ella. Sucesivamente destruida por invasores y vuelta a reconstruir, la actual iglesia sobrevive desde el siglo XIII, con cambios entre el XVII y XIX. Su nombre deriva de la tradición medieval georgiana de bautizar iglesias con nombres procedentes de Tierra Santa. Siguiendo la tradición, Sioni deriva del monte Sion, en Jerusalén.

Catedral Sioni de Tiflis

Tradición y antigüedad es lo que predominan en la deliciosa basílica Anchiskhati de Santa María. Porque este pequeño templo con sus tres naves es el más antiguo que sobrevive en la ya de por sí antigua ciudad de Tiflis. Situada en la estrecha calle Shavteli del viejo Tiflis, la iglesia, que pertenece a la Iglesia Ortodoxa de Georgia, data del siglo VI y su visita es casi de obligado cumplimiento.

Basílica Anchiskhati de Santa María

Frente a Narikala, en la orilla opuesta del río Kurá, se levanta Metehki, otro encantador barrio histórico de Tiflis que aprovecha el espectacular acantilado sobre el río a modo de balcón natural. Fue una de las primeras áreas habitadas de la ciudad. La historia nos cuenta que el rey Vakhtang I Gorgasali mandó levantar en este lugar, durante el siglo V, una primitiva iglesia y una fortaleza que cumplía al tiempo el papel de residencia real. Durante el siglo XIII se construye la Iglesia de la Asunción de Metehki que, con daños y sucesivas restauraciones, nos ha llegado hasta hoy.

Los bolcheviques y sus purgas estuvieron a punto de terminar con la existencia de la iglesia. Sin embargo un grupo de intelectuales georgianos se opusieron de manera contumaz y lograron salvar al templo de su definitiva y trágica liquidación. Los soviéticos aceptaron la supervivencia del edificio religioso pero con otro papel diferente. Fue así como la vieja iglesia pasó a ser un teatro más de la ciudad. Con la salida de los comunistas en 1991, la Asunción de Metehki volvió a renacer para servir doctrinalmente a sus fieles devotos.

Colina de Metehki, con la iglesia y la estatua de Vakhtang I

Al lado de la iglesia, en 1961, se levantó la estatua ecuestre del rey Vakhtang I, mirando desafiante hacia el río y la fortaleza de Narikala. Ambos, iglesia y estatua, son en la actualidad un icono incontestable de la ciudad capital de Georgia.

Hemos hablado mucho de iglesias y catedrales. Y es que en Georgia la religión es sacrosanta. En este país la mayoría de la población, en torno a un nada desdeñable 85%, profesa el culto de la Iglesia Ortodoxa y Apostólica georgiana, una de las iglesias autocéfalas más antiguas de la Iglesia Ortodoxa. Es por ello que la Catedral de la Santísima Trinidad de Tiflis, comúnmente conocida como “Sameba”, simboliza de manera casi perfecta esta devoción por un credo religioso.

Catedral Sameba de Tiflis

Sameba se levanta sobre una colina que domina de forma innegable el horizonte hacia el oriente de la capital de Georgia. Su corta existencia, o lo que es lo mismo, su reciente finalización y consagración, que datan de 2004, ha permitido en su construcción aunar los diferentes estilos tradicionales que han predominado en la arquitectura religiosa georgiana a lo largo de los siglos y encajarlos en su diseño. Y además se le han añadido matices bizantinos. El remate sublime para un templo de hechura perfecta.

Puente de la Paz sobre el río Kurá

Tiflis, o Tbilisi, es tradición e innovación. Tradición que saboreamos en Narikala o Metekhi. Innovación que admiramos en su novísimas creaciones, como el Puente de la Paz sobre el río Kurá, una estructura de acero y cristal que conecta el casco antiguo de la capital con el llamado nuevo distrito. Sus fulgurantes luces LED nocturnas nos anuncian un progresivo viaje desde el pasado hacia el futuro. O también podría reflejar el metafórico rol de unión entre dos continentes que aquí, en Georgia y su capital, se dan la mano: Europa y Asia.

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