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Es la perfecta e impactante tarjeta de presentación cuando llegas a la ciudad. Su amplia base y su cima a 5165 metros de altura en forma de blanco cono, con nieves perpetuas, recortan el horizonte de manera impecable convirtiéndola en una de las montañas más singulares de la Tierra. Si a esto unimos el hecho de que cristianismo, judaísmo e islam consideran a este monte como el lugar en el que según la tradición se posó el Arca de Noé tras el Diluvio Universal descrito en el Libro del Génesis, podemos colegir que estamos ante un lugar cargado de enorme magnetismo y simbología.

El bíblico Monte Ararat

El mítico Monte Ararat es la icónica tarjeta de presentación de Ereván, la capital de la actual República de Armenia, ciudad desde la que es ampliamente visible –con permiso siempre de las brumas suspendidas de forma pertinaz en el ambiente-. Todo lo cual no impide declarar que el Ararat en una montaña situada en territorio de la vecina y próxima Turquía tras la partición de fronteras pactada en 1923 entre la entonces Unión Soviética y Turquía; pero aun así se considera parte de la Armenia Histórica y es el indiscutible símbolo nacional de la pequeña nación caucásica.

Panorámica de Ereván con el Monte Ararat dibujándose al fondo

Con el seductor hechizo que siempre provoca en el viajero el legendario Ararat al encontrarse cara a cara con él por primera vez, el bloguero decide adentrarse y aventurarse en Ereván, la ciudad capital de Armenia anclada al final de una extensa llanura en el centro del país y a orillas del río Hrazdan.

Un país, Armenia, que tal como le sucede a Georgia, su vecino del norte, se encuentra en esa difusa zona del mapa donde dos continentes, Europa y Asia, se ven las caras y se se dan la mano. Con todo, ambos países se consideran cultural, histórica y políticamente parte integrante de Europa, si bien desde un punto de vista geográfico serían más asiáticos que europeos.

I LOVE EREVAN

Una ciudad, Ereván, antigua, muy antigua. Hay que remontarse hasta el lejano siglo VIII antes de Cristo para encontrar los primeros vestigios fundacionales en una fortaleza urartiana [Urartia, entre el mar Negro y el Caspio; el área donde estaría el origen del pueblo armenio y uno de sus primeros reinos], una fortificación bautizada con el nombre de Erebuní, nombre que evolucionaría hasta el actual Ereván.

Nombre que, por cierto, en idioma armenio se escribe Երևան o Երեւան y en ruso Ереван, del cual deriva Yereván, la otra manera común de nombrar a la capital armenia; un idioma, el armenio, tan enrevesado y complejo como el de su vecino georgiano al norte. Una lengua indoeuropea utilizada ya desde los albores del siglo V y cuyo alfabeto se compone de 36 letras, de las que veintiuna procederían del griego, once mostrarían un estilo griego y cuatro estarían inspiradas en el siríaco, cuya escritura –la de este último- procede del alfabeto arameo. No apto, como vemos, para aprender de manera urgente en cualquier academia de idiomas al uso.

Plano del centro de Ereván

Citaba antes que la historia de Ereván se hunde en el tiempo hasta muy atrás. Los urartianos serían los primeros de una larga lista de dominadores y conquistadores que vendrían después. Romanos, árabes, mongoles, persas, turcos… fueron asiduos de estas latitudes, pero no siempre con pacíficas intenciones. Significativo resulta el hecho de que persas y turcos intercambiaran dominio sobre la ciudad hasta catorce veces. Algo tendría Ereván para tan obstinada obsesión.

Obsesión que, por cierto, también invadió a los rusos hasta hacerse con ella en 1827. Tras el colapso del imperio de los Romanov en 1918 y el fin de la Primera Guerra Mundial, Ereván vive su pequeño e intenso sueño como capital de la independiente República Democrática de Armenia. Sueño, que como en el caso de la República Democrática de Georgia, apenas duraría un par de años tras los cuales sería absorbida, perdón, invadida, perdón, anexionada por los bolcheviques de la recién creada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS- como uno de sus quince miembros. Solo en 1991, con la liquidación del estado soviético fue como Armenia, al igual que ocurriera como vimos en la entrada anterior con la vecina Georgia y el resto de repúblicas de aquel conglomerado estalinista, recuperaría su plena soberanía e independencia.

Estatua de Alexander Myasnikyan, revolucionario bolchevique armenio, en Ereván

Pero volvamos atrás en el tiempo. Bajo la batuta de los comunistas, Ereván resurge, se transforma, se acicala; eso sí, con ese estilo tan espartano acorde a la época y que se extendería cuan mancha de aceite por toda la zona de influencia pro soviética. Con el “Plan General de Ereván”, de 1924, la pequeña urbe comienza su masiva reconstrucción, modernización y expansión para convertirse en todo un referente regional de la cultura, la ciencia, la industria y el comercio de productos agrícolas.

Las autoridades fomentan “ad hoc” abiertamente la llegada y asentamiento de personas en la ciudad procedentes de otras partes de la república socialista soviética. De esta manera se llegaría a superar en décadas posteriores el millón de habitantes y Ereván cumpliría así su anhelado sueño de tener metro. Y es que únicamente las ciudades que superaban esa mágica cifra dentro de la URSS podían acceder la financiación estatal de Moscú que permitiera costear la construcción de un suburbano.

Edificaciones de estética soviética en el centro de Ereván

De la mano del preminente arquitecto armenio Alexander Tamanián, Ereván se convertirá a partir de los años 30 del siglo pasado en la ciudad perfecta, con su visión neoclásica y megalómana de una metrópoli a base de amplias avenidas y grandes plazas que recordaran a Paris o Viena, salpicada al tiempo con maravillosos ejemplos arquitectónicos a gran escala de Modernismo y Post-Modernismo.

Un paseo por la calle Abovian, en las cercanías de la Ópera, nos deleitará con su aire Belle Époque, donde unas pocas, por desgracia, y encantadoras fachadas Art Noveau y de estilo renacimiento morisco que aún sobreviven harán las delicias de los amantes de la arquitectura en general.

Calle Abovian con algún ejemplo del periodo Belle Époque armenio

La nueva Ereván se diseñó en el primer tercio del siglo XX a partir de una malla circular y radial que se cerraba en su lado oriental con un enorme jardín en forma de media luna. Para ello hubo que demoler un número muy considerable de edificaciones antiguas que impedían crear ese nuevo pulmón verde que se llamaría, y continua llamándose, el Parque Circular.

El Parque Circular de Ereván

Esto no evitó que el exterior de ese gran anillo circular urbano se inundara de numerosos edificios grises e impersonales que deberían acoger a los cientos de miles de armenios llegados de otras partes de la república comunista; cuadro desangelado y desordenado que perdura a día de hoy.

A pesar de los cerca de dos billones de dólares que el gobierno armenio destinó a principios del nuevo milenio para modernizar y remozar la ciudad, muy poco de esta nada desdeñable partida presupuestaria ha llegado hasta estos barrios periféricos necesitados de una apremiante rehabilitación y rejuvenecimiento.

Histórico edificio Tufenkian en el centro de Ereván

El contrapunto cobra vida en el interior de ese gran anillo, presentándose en la actualidad como una auténtica joya de la temprana arquitectura soviética, un verdadero museo vintage comunista a cielo abierto que comparte espacio con modernos edificios que han brotado con el nuevo milenio.

Edificaciones donde la paleta de acuarelas ha dejado un cuadro muy sugerente y atractivo debido en gran medida a que la piedra más utilizada en la construcción local es el tufo (o toba), una piedra volcánica autóctona que nos regala una variada y sorprendente policromía de tonos y colores.

Avenida del Norte

Este bloguero se ha instalado en un cómodo hotel a escasos diez metros de la Avenida del Norte. Un eje peatonal, no demasiado largo, que conecta dos puntos esenciales del Ereván central: la Plaza de la República y la Plaza de la Libertad; esta última donde nuestro conocido Alexander Tamanián dejó su firma en uno de los edificios más representativos de la capital armenia, cual es el Teatro de la Ópera y el Ballet.

Un coqueto lago, plácidos jardines y varias esculturas que no pasan desapercibidas, como la del compositor y pianista armenio Arno Babajanyan, relevante figura pública durante la época soviética, es el escenario que rodea al gran teatro y abre la imaginación del visitante.

Teatro de la Ópera y Ballet de Everán, con la estatua de Aram Khachatryan, compositor y director armenioEstatua de Arno Babajanyan, compositor y pianista armenio

A partir de este animado eje peatonal que es la Avenida del Norte, donde abundan los restaurantes de moda, cafés lounge, tiendas de reconocidas firmas, algún hotel no apto para cualquier bolsillo y acontecen además eventos artísticos de interés, como el prestigioso “Yerevan Taraz Fest 2017″, con la presencia de acreditadas firmas locales de la moda, como Nikolyan o Shadoyan Fashion, este bloguero simplemente se deja llevar.

“Yerevan Taraz Fest 2017″ en la Avenida del Norte

Tras visitar la Plaza de la Libertad en la parte alta de la Avenida del Norte, ahora el bloguero se dirige hacia el el sur, hacia la Plaza de la República –antes Plaza de Lenin-, el genuino corazón político de la ciudad capital y, me atrevería a decir por extensión, de todo el país. La Galería Nacional, el Museo de Historia de Armenia, la sede del Gobierno, varios ministerios… ¿Es o no el centro del centro de la vida política armenia?

Plaza de la República en ErevánEdificio sede del Gobierno armenio en la Plaza de la República

Es hora de ganar altura. El bloguero se decanta esta vez por el mejor lugar posible en la ciudad: la Cascada. Una inmensa criatura con acento cultural que vio la luz en plena etapa de lucidez comunista durante los años setenta del siglo pasado y que va a rendir justo homenaje a nuestro arquitecto favorito nacional, Alexander Tamanián.

Abajo nos espera un pequeño ejército de esculturas donadas por artistas latinoamericanos -alguna lleva incluso la firma del maestro Botero- y numerosas fuentes; todo este cuadro es el preludio a una borrachera de peldaños que aguardan para conducirnos ascendiendo, no sin dificultad, hasta los casi 120 metros de una colina coronada por un enorme obelisco que recuerda a los caídos en la Gran Guerra Patria acaecida entre 1941 y 1945 contra las huestes fascistas hitlerianas.

La Cascada Botero en Ereván

El conjunto monumental, visto desde abajo, simula una enorme cascada de peldaños interrumpida por cinco plataformas a distintos niveles de altura con más esculturas y fuentes. Desde arriba las vistas sobre la capital y el monte Ararat, cuando las brumas no son tan obstinadas, difícilmente podrán superarse desde otro punto de la ciudad. Solo el vecino y siempre concurrido Parque de la Victoria, con su imponente monumento Mayr-Hayastán, la Madre Armenia, puede hacer una saludable y digna competencia al primero.

Avenida Mashtots con el monumento Mayr-Hayastán al fondo, en la cima del Parque de la Victoria

Es hora de alimentar el espíritu. El bloguero se inclina por el lugar más indicado para tal menester. Saliendo de la Plaza de la República por el sureste y caminando unos diez minutos por la avenida Tigran Mets, o bien tomando el metro para bajarse en la estación Zoravar Andranik –en honor al líder de la liberación armenia- de la única línea existente del suburbano -de estética naturalmente “soviet”-, alcanzaremos la gran Catedral de San Gregorio el Iluminador, el templo más grande del país perteneciente a la mayoritaria Iglesia Apostólica Armenia que, aunque ortodoxa, se diferencia de la ortodoxia de raíz griega.

Catedral de San Gregorio el Iluminador en Ereván

No está de más recordar al lector/a que Armenia fue la primera nación del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial allá por el lejano año de 301 de nuestra era, y a San Gregorio se le atribuye la responsabilidad de la conversión del país hacia el cristianismo desde el paganismo.

La catedral que lleva su nombre fue finalizada y consagrada en 2001, coincidiendo con el 1700 aniversario de esa proclamación oficial. En señal de respeto y reconocimiento, los restos del santo descansan en su interior “ad aeternum”.

Este bloguero camina, vive y explora durante un par de días, mezclándose entre la gente local, los lugares más significativos de esta moderna y vibrante urbe europea del Cáucaso sur. Una gente, un pueblo que, pese a todas las penurias y tragedias del pasado, incluido un brutal genocidio en el siglo XX aún no reconocido por los sucesores de sus responsables, mira hacia el futuro con humildad y optimismo. Y siempre sin perder la sonrisa, esa eterna sonrisa de Ereván.

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