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Hace unos días que regresé de mi periplo caucásico por dos países de aquella región del mapa: Georgia y Armenia. Podéis seguir las exploraciones de esta aventura pinchando aquí, aquí, aqy aquí, o linkando las etiquetas “Georgia” y “Armenia” del blog para tener acceso directo a todos las entradas relacionadas con este viaje.

Mi aventura caucásica finalizó sobre el terreno en una pequeña ciudad georgiana que en principio no atraería demasiado la atención del viajero si no fuera porque en ella vino al mundo uno de los personajes más oscuros y sanguinarios del siglo XX. Me estoy refiriendo a Iósif Stalin, y la ciudad en cuestión viene en llamarse Gori.

Iósif Stalin en 1945. Foto Wikipedia Commons

Gori está situada a unos ochenta kilómetros al oeste de Tiflis, la capital de Georgia, en la confluencia de los ríos Liakhvi y Kurá. Su población actual es de unos 50 mil habitantes y en el haber de su reciente historia consta que durante el breve conflicto armado de agosto de 2008, en el marco de la Guerra de Osetia del Sur, república separatista pro rusa del norte de Georgia, la ciudad fue ocupada, siempre según versiones confusas y contradictorias, por tropas de Rusia; las mismas que en la actualidad tratan de mantener y garantizar el statu quo de Osetia del Sur.

Pero volvamos al tema objeto de este post. En algún blog he leído que Gori es “perfectamente prescindible” durante un viaje por el interior de Georgia. No puedo estar más en desacuerdo con mi colega de pluma cibernética. Más allá del interés cultural o gastronómico que pueda encerrar la pequeña ciudad, su visita se hace imprescindible para sumergirse en el marco que vio nacer y crecer a uno de los personajes más siniestros del siglo pasado y que tanto influyó, no solo en la política interna del país que dirigió con mano de hierro, la Unión Soviética, sino también sobre el resto de Europa y por extensión, dentro del complejo escenario de Guerra Fría que se desató en los difíciles años de posguerra mundial, en todo el planeta.

Siempre he pensado que para captar la esencia de un lugar no está de más bucear en su historia. Este ejercicio de conocimiento nos permitirá una mejor aproximación, entendimiento y valoración de lo que estamos explorando. Un país, una ciudad es lo que es y representa en la actualidad porque hay una intrahistoria detrás que conviene conocer, aunque sea de modo sucinto. Por eso soy un apasionado de la Historia con mayúsculas y en este blog casi siempre, cuando la ocasión lo requiere, hay un hueco para ella.

Casa de Gori, Georgia, en la que vino al mundo Iósif Stalin

En Gori nació allá por el lejano diciembre de 1878 (1879 según diferentes versiones), y en el seno de una familia humilde, Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido en vida y después de ella como Iósif Stalin, o Josef Stalin. El apodo “Stalin” significa literalmente “hombre de hierro”, apodo que no pudo encajar mejor con su inflexible personalidad. En aquel momento Georgia era parte integrante, por ocupación, del Imperio Ruso y nuestro pequeño Iósif será el tercer hijo y único superviviente de cuatro hermanos, dentro de una familia donde los progenitores no van a representar para él un modelo a imitar precisamente.

El padre de Iósif era zapatero y regentaba un pequeño taller en el sótano de la casa donde residían. Su madre, hija de campesinos, severa y muy religiosa, sufrió la penitencia de las constantes habladurías sobre su supuesta promiscuidad en el seno del matrimonio. Esto provocó una cascada de rumores sobre la verdadera paternidad de Stalin, rumores que empujaron a su padre a la bebida. El problema se agravó con el paso del tiempo lo que comportó conductas cercanas a la paranoia en Vissarión, el padre de Iósif, llegando al maltrato físico sobre su mujer, Yekaterina, la madre del pequeño.

   Estatua de Iósif Stalin en Gori

Si la situación en el seno familiar no era la ideal para Stalin, tampoco lo era en el terreno de la salud. Nuestro protagonista ya había nacido con sindactilia, una rara patología que se tradujo en un par de dedos del pie unidos por una membrana. Con dos años padeció sarampión y escarlatina. Con seis no se libró de una epidemia de viruela que hizo estragos en su cara dejándole marcas en el rostro que arrastraría el resto de su vida.

En 1890, con doce años, fue atropellado por un faetón, una suerte de carruaje con cuatro ruedas que podía cubrirse con una capota. Las consecuencias del accidente afectarían de modo decisivo a su forma de andar mientras vivió. Como vemos la infancia y adolescencia de Iósif Stalin en Gori no fueron precisamente un camino de rosas, si bien su madre lo intentó sobreproteger a toda costa debido a esa salud tan frágil y quebradiza a la que era propenso. Con todo, las relaciones madre-hijo siempre transcurrieron en un ambiente difícil y tenso.

Las cosas sí le fueron, en cambio, algo mejor en el terreno educativo. A través de unas cuantas lecciones privadas, Iósif pudo aprender pronto el ruso. En 1888 la madre consiguió que el niño ingresara en el colegio de la iglesia local de Gori para realizar el programa educativo obligatorio de dos años que por aquel entonces se impartía en Georgia. Con su buen nivel adquirido de ruso lo finalizó en solo un año y pasó a la educación formal de cuatro años, donde destacó como estudiante y, atención, impresionó por su potente voz para el canto.

   Stalin a la edad de 15 años

(Foto Wikipedia Commons. Dominio público, con copyright en algunos países de Latinoamérica)

Gracias a los contactos que tenía su madre con la Iglesia Ortodoxa, además de sus desvelos, y pese a algún problema económico que impidió el pago de alguna matrícula y la consiguiente expulsión por impago, Iósif logró graduarse de forma brillante en la escuela teológica de Gori durante la primavera de 1894 con apenas quince años. Poco después, y gracias a una beca, comenzaría sus estudios de sacerdocio en el Seminario Teológico ortodoxo de Tiflis.

Ya dentro del seminario se incorporaría a una organización política secreta llamada “Tercer Grupo”, donde entró en contacto con las teorías de Karl Marx. Sería expulsado del seminario en 1899 por su labor de propaganda marxista entre los estudiantes. Una expulsión que le llevaría a la lucha clandestina dentro de las filas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia contra el régimen zarista. El pistoletazo de salida de todo lo que vendría después…

En la siguiente entrada conoceremos la actual Gori, una ciudad que como es fácil imaginar, se nos presenta hoy sustancialmente distinta a como era en la época en que Iósif Stalin pasó allí su niñez y adolescencia. Atent@s a vuestras pantallas…

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