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En la entrada anterior hicimos una breve semblanza biográfica de los primeros años de vida de Iósif Stalin, uno de los personajes más controvertidos y oscuros del siglo pasado, en el marco de su ciudad natal, Gori. Allí, entre sus calles y plazas, creció y se formó durante su etapa de infancia y adolescencia. Gori era entonces, a finales del siglo XIX, una pequeña ciudad georgiana dentro del Imperio Ruso y en consecuencia mucho han cambiado las cosas sobre el terreno desde entonces.

¿Cómo es Gori a día de hoy? ¿Qué se encuentra el viajero cuando se baja del tren o autobús al llegar a ella? Es lo que vamos a tratar de responder en esta segunda entrada dedicada a Iósif Stalin y su ciudad natal.

Gori cuenta en la actualidad con una población en torno a los cincuenta mil habitantes que viven y se mueven dentro de una especie de burbuja temporal que rinde homenaje permanente a la figura de su hijo más célebre. Gori representa, a diferencia del resto de Georgia, el culto a la personalidad -casi sin fisuras- de Iósif Stalin.

Plaza de Stalin, en el centro de Gori, con el edificio del ayuntamiento

Políticamente hoy Georgia comulga sin ambigüedades con los valores de Occidente. Esto es más evidente aquí que en otras repúblicas que componían la antigua Unión Soviética. A pesar de iniciales titubeos pronto este pequeño país, tras su independencia sobrevenida con el colapso de la URSS a principios de los años noventa, se alineó con los intereses de la Unión Europea y los Estados Unidos; siempre dentro de ese complejo tablero que es la política exterior y las relaciones internacionales.

Sobre el terreno esto se traduce en un hecho diferencial. Aquí, en Georgia, hay muy poca nostalgia por los añejos tiempos del comunismo y la pequeña república padece una especie de alergia y fobia natural hacia lo que Rusia, como madre y garante de aquella mastodóntica maquinaria de represión que era la extinta Unión Soviética, significa y es en la actualidad. En un estadio más allá este hecho consuma otra certeza: Stalin no es persona grata en este país a pesar de haber nacido en él… salvo en Gori, su ciudad natal. Aquí sus habitantes continúan considerando a Iósif Stalin uno de los estadistas más grandes que dio el siglo XX y el georgiano más famoso del mundo. Su recuerdo flota en el aire de todas las esquinas de la ciudad y esta circunstancia no pasa, desde luego, desapercibida.

Típicos edificios de la era soviética en las calles de Gori

Es por esta razón que cuando el viajero aterriza en las calles de Gori cree estar en otro tiempo y lugar muy diferente al que ha contemplado en otras partes de Georgia. La nomenclatura de avenidas, plazas y parques está relacionada con el retoño más insigne que vino al mundo en estos lares allá por el lejano 1878, ó 1879 según las fuentes. Las mismas calles y plazas que parecen un calco de cualquier ciudad soviética de mediados del siglo XX, con ese estilo recio y espartano tan propio del estilo arquitectónico imperante en aquella época que, para cuadrar el círculo, se apodaba estalinista.

El punto de partida de esta auténtica “mostra” ideada y organizada para mayor gloria del dictador comunista más abyecto que lideró los designios de la extinta Unión Soviética entre 1924 y 1953, año de su muerte, está frente al impresionante edificio del ayuntamiento de Gori, en la plaza central llamada, claro, Plaza de Stalin. Allí se levantaba, desde 1952, una imponente estatua en bronce de seis metros de altura del dictador, obra del escultor Mikitidze Shota. En realidad, y tras el óbito del georgiano más famoso del planeta, su sucesor Nikita Jrushchov inició un masivo proceso de desestalinización que incluía, entre otras actuaciones, la retirada de las estatuas con la imagen de Iósif Stalin repartidas a lo largo y ancho del territorio de la URSS. La inmensa mayoría fueron desmanteladas, pero la de Gori se libró de la quema y permaneció erguida frente al ayuntamiento durante décadas.

Antigua estatua de Iósif Stalin frente al ayuntamiento de Gori

Foto Wikipedia Commons

El gobierno de la nueva e independiente República de Georgia surgida en 1991 de las cenizas de la Unión Soviética, nada proclive a santificar desde luego al georgiano más famoso del planeta, empezó a valorar el desalojo de la controvertida estatua de Stalin de la plaza del ayuntamiento. Tras la breve Guerra de Osetia del Sur de 2008 en la que la ciudad estuvo ocupada durante unos días por tropas de la Federación Rusa, que había acudido en ayuda de la población mayoritariamente rusófona de la pequeña y cercana república rebelde y secesionista, las autoridades georgianas -una vez traspasado y recuperado el control sobre la ciudad- comenzaron a planificar la retirada definitiva de la polémica estatua de su privilegiada ubicación.

Sin embargo la fuerte oposición popular pospuso los planes. Ya he referido que Gori es terreno pro Stalin y su figura apenas es cuestionada en la ciudad que le vió nacer. Más bien al contrario, es reverenciada. Finalmente con nocturnidad, y casi alevosía, el 24 de junio de 2010 una enorme grúa desmantelaba la estatua de la discordia y en pocas horas se consumaba la evacuación al no lejano Museo de… Stalin, otra vez Stalin.

Precisamente el Museo de Stalin sería la segunda parada de este nostálgico tour por las calles de Gori. Inaugurado en 1957, se ubica en el número 32 de la avenida… cómo no, de Stalin. Está incrustado en el interior de un triángulo invertido que forma una bifurcación de la propia avenida Stalin, en su extremo norte, con la calle Kutaisi. Este triángulo, además de de dar cobijo al museo, alberga un parque cuyo nombre, ¡cómo no!, de nuevo lleva el nombre de Stalin.

Avenida de Stalin en Gori Parque Stalin de Gori

El complejo museístico tiene tres secciones diferenciadas. En la primera podemos ver la casa natal del dirigente soviético, a pocos metros frente al edificio principal del museo. Algunos ponen en cuestión la autenticidad del que fuera hogar de Stalin, pero desde el blog vamos a darle crédito para no desvirtuar su pasado e importancia histórica.

La casa memorial está enjaulada dentro de una suerte de pabellón greco italiano, con sus neoclásicas columnas dóricas. La casa, más bien una cabaña, es la típica construcción local del siglo XIX levantada en madera y ladrillo georgiano, habitual en el entonces distrito ruso de la ciudad, cerca de donde se ubicaba el cuartel de las tropas imperiales. Tiene dos habitaciones en la planta baja, una de las cuales fue alquilada a un artesano osetio por el padre de Stalin, zapatero de oficio, quien habilitó el sótano como pequeño taller.

Pabellón reoclásico que guarda la casa natal de Stalin

Contrasta el esplendor del templete exterior con la humildad de la vivienda que parece custodiar. Un placa en el exterior reza en georgiano y ruso: “Aquí nació I.V. Stalin un 21 de Diciembre de 1879 y aquí pasó su niñez hasta 1883”.

Detrás de la casa encontramos el edificio principal que da cabida al museo propiamente dicho. Sería la segunda sección en nuestro recorrido. Un palacete en estilo gótico estalinista inaugurado en 1957, en principio como “Museo de la Historia del Socialismo”, pero que terminó derivando de forma descarada en un monumento dedicado a la memoria del eterno camarada Stalin, quien había dejado este mundo a causa de una hemorragia cerebral cuatro años antes de la puesta de largo del museo.

Antes de entrar en el museo podemos contemplar una de las estatuas de Stalin que aún sobrevive en su ciudad natal (otra la encontramos en la Universidad); una modesta réplica de la que se desmanteló frente al ayuntamiento, obra del escultor Silovan Kakabadze.

Edificio principal del Museo de Stalin en Gori

Ya en su interior experimentaremos un meticuloso viaje en el tiempo a través de seis salas que siguen un orden cronológico en la vida del dictador. Las cuidadas estancias rebosan de objetos personales y regalos que recibió en vida, además de fotografías, pinturas y artículos de prensa. Una de las estrellas de la visita es sin duda la máscara mortuoria de Stalin, una de las doce que se hicieron tras su muerte. Una frase lapidaria, no atribuible a este bloguero, podría resumir a la perfección la impresión que el visitante se lleva tras pasar por este perturbador lugar: un santuario dedicado a un santo laico.

La tercera sección del museo está en uno de sus laterales. Allí, en el exterior y sobre unos viejos raíles, descansa el vagón Pullman de color verde, con interior de madera en color rojo que se acondicionó a partir de 1941 para que Stalin se desplazara en sus viajes oficiales dentro y fuera de la Unión Soviética. El vagón disponía de cocina, baño, un compartimento personal y sala de reuniones. En él viajó, por ejemplo, a la Conferencia de Teherán de 1943 y a las históricas conferencias de Yalta y Potsdam de 1945. Una auténtica pieza de museo.

Vagón personal de Stalin en el museo de Gori que lleva su nombre

Foto Wikipedia Commons

Esta es la radiografía del Gori actual, vinculado a la controvertida figura de aquel lider bolchevique que le vio nacer y que cambiaría más tarde la faz de la feudal y atrasada Rusia zarista por otra revolucionaria, poderosa y pretendidamente más avanzada. Eso sí, a costa de enormes sacrificios y purgas entre la población. Sin embargo la pequeña ciudad georgiana ofrece otros puntos de interés fuera de esa “ruta estalinista” que hemos explorado hasta aquí.

Como por ejemplo la Catedral de la Natividad de la Virgen María, un templo originalmente de culto católico construido a comienzos del siglo XIX. Más tarde, durante la etapa de ocupación soviética, los comunistas decidieron darle otro uso distinto al pastoral y convirtieron la iglesia en escuela de música. Recuperada la soberanía del país en 1991, las nuevas autoridades georgianas entregaron el edificio a la Iglesia Ortodoxa.

Catedral de la Natividad de Gori Ruinas del Castillo de Gori, Goris Tsikhe

Pero sin duda el símbolo de Gori es su castillo, Goris Tsikhe, que corona una colina en pleno corazón de la ciudad y probable punto fundacional de la misma alrededor de los siglos XI-XII. Si bien registros del siglo VII mencionan ya una fortaleza en el lugar, estudios arqueológicos modernos apuntan a que en el siglo I a.C. los romanos conquistaron una fortificación existente aquí.

Las desarboladas ruinas actuales corresponderían a una ciudadela medieval levantada tras la invasión de los mongoles. La subida a la colina no es en exceso dura y la recompensa, como es habitual en estos casos, son las vistas, que desde este elevado promontorio natural se extienden sobre la ciudad y las circundantes y oscuras planicies de la región georgiana de Shida Kartli, que a su vez se adentran en la cercana y autoproclamada independiente República de Osetia del Sur; siempre con el escenario de fondo de las enigmáticas montañas del Cáucaso.

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