Tomar un vuelo con destino hacia cualquier punto del planeta -casi- siempre supone un más que notable quebradero de cabeza para el viajero y todo un ejercicio de voluntarismo por su parte. Intentar embarcar y llegar a destino sin novedad se vuelve una tarea cada vez más ardua y -casi- utópica, por mucha fe que pongamos en la compañía aérea de turno. Y si esa compañía tiene su sede en Irlanda y se llama Ryanair, entonces nos ha tocado el premio gordo… de la mala suerte.

Tras un final de verano en Europa, continente donde Ryanair acumula el mayor número de sus operaciones, de auténtico caos, con cancelaciones masivas de vuelos por una “mala planificación de los turnos de vacaciones de sus pilotos”, según la versión dada por los responsables de la aerolínea, entramos ahora en un otoño e invierno que promete ser muy complicado para sus sufridos usuarios.

A partir del próximo 17 de noviembre Ryanair va a dejar en el dique seco unas veinticinco aeronaves de las cuatrocientas que componen su flota. Se trata así de cumplir con las exigencias de la Autoridad de Aviación de Irlanda relativas a la distribución de los descansos y periodos vacacionales de sus pilotos. Esto se traducirá de manera inmediata en la suspensión de 34 rutas durante este próximo invierno. En números redondos la low cost irlandesa cancelará unos 20 mil vuelos entre los meses de septiembre y marzo.

El previsible número de afectados, como puede colegirse, podría ser mayúsculo. La compañía, eso sí, ralativiza el problema aclarando que el 99% de sus casi 129 millones de usuarios no se verá afectado por las cancelaciones. No obstante, y por la misma lógica, el porcentaje restante supone una cantidad de suficiente entidad como para restarle importancia y desdeñarla. Cualquiera de los potenciales lectores de este modesto blog podría entrar en el bombo y tocarle la lotería de… no poder volar, si así lo tuviera previsto desde ahora y hasta mediados de marzo de 2018, con la popular aerolínea de bajo coste irlandesa.

¿Cómo se llega hasta este intrincado escenario? Pues sinceramente no lo sé. El mundo de la aviación comercial es tan complejo, está tan saturado y adolece de tantos problemas internos afectando a múltiples sectores, que intentar volar sin contratiempos con cualquier compañía aérea, al final termina convirtiéndose -casi- en un acto de fe.

Ryanair es un ejemplo de éxito empresarial. La compañía irlandesa nace en 1985 con pocos recursos y en pocos años nada en un mar de éxito. Pero a veces los pingües beneficios se logran a base de maniatar y maltratar -léase por favor en sentido figurado- al usuario final para reducir costes. Ryanair permite volar a precios muy bajos y tiene acérrimos defensores. Para mi, sin embargo, el catálogo de agravios e inconvenientes que provoca y arrastra la aerolínea es demasiado extenso como para convertirme en un fiel consumidor de esta low cost. Pero es solo el parecer de este humilde bloguero…

Foto vía Pixabay.com

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